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El Toro Nagashi en Coria del Río, una ceremonia japonesa a orillas del Guadalquivir

El próximo 15 de agosto, la localidad sevillana revivirá una experiencia que sólo se puede vivir en este pueblo fuera de Japón

09 ago 2019 / 14:07 h - Actualizado: 09 ago 2019 / 14:10 h.
"Arte","Las Aguas","El tiempo","Vela","Tradiciones"
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Allá por 1614, la embajada japonesa Keicho, liderada por el samurái Hasekura Tsunenaga, emprendió una expedición con destino Madrid-Roma. Cuando surcaba las aguas del Guadalquivir, se topó con Coria del Río. Esta localidad enamoró a parte de la tripulación, hasta el punto de que algunos de los japoneses que viajaban a bordo decidieron establecerse para siempre en el municipio sevillano.

Coria del Río ha mantenido un vínculo especial con el país nipón desde que aconteciera este hito. Se calcula que aproximadamente 400 corianos descienden de aquella colonia japonesa y el apellido Japón esté extendido en todo el municipio. Desde entonces, Coria del Río se ha esmerado en recordar y reforzar los lazos con Japón, abrazando su arte y tradición, y celebrando numerosos eventos en torno a la cultura japonesa.

Prueba de ello es la celebración en Coria del Río de la ceremonia japonesa ‘Toro Nagashi’. Un rito emotivo y espiritual que se celebra en numerosos pueblos de Japón y, desde hace tres años, también en el municipio sevillano. Coria del Río se ha convertido así en el único lugar que celebra esta tradición japonesa fuera del país oriental.

Su finalidad es flotar

Para entender mejor en qué consiste la ceremonia nipona, conviene detenerse en el significado de las palabras que le dan nombre. Porque no, no está relacionado con un “toro” tal y como lo entendemos en España. La palabra japonesa “tôrô” alude a una linterna o farolillo de papel con una vela encendida en su interior (proviene de la unión de los caracteres “to”, luz, y “ro”, canasta). Su finalidad es flotar, fluir (“nagashi”) en el río. Ahora sí es posible imaginar en qué consiste esta fiesta popular: en lanzar farolillos de papel iluminados por velas (toro) al río.

La ceremonia del Toro Nagashi forma parte de las celebraciones del Obón en honor a los difuntos. Durante estas fiestas, según la creencia popular japonesa, el espíritu de los antepasados regresa a sus hogares. De ahí que los japoneses den la bienvenida a sus almas con ofrendas y visitas a sus tumbas. Al término de estas fiestas, los farolillos del Toro Nagashi sirven para guiar a los espíritus de vuelta al más allá, como agradecimiento de las familias a sus antepasados por visitarlas y protegerlas. Así, navegarán durante siete días por el río hasta regresar a su lugar de descanso.

Coria del Río es la única localidad europea que celebra esta tradición nipona, que solo puede llevarse a cabo con una persona japonesa como testigo. La comarca sevillana cuenta con el artista japonés Kiyoshi Yamaoka como anfitrión del ritual. La primera vez que se celebró la ceremonia en Coria del Río fue en 2017, con motivo de la inauguración del monumento ‘Yashiro en Orilla’ (Templo de las almas) en el Parque Carlos de Mesa de la localidad, a orillas del Guadalquivir. Abiertas las puertas del Yashiro, el autor del monumento, Yamaoka, inició el ritual al que acudieron 50 personas.

Farolillos flotando

La imagen de las luces de los farolillos flotando sobre el río en plena noche evocaba una atmósfera mágica y espiritual. Así pues, no es de extrañar que al año siguiente más de mil personas se congregaran junto al Templo de las almas para presenciar semejante espectáculo.

El Toro Nagashi se está convirtiendo también en tradición en el municipio sevillano, que por tercer año consecutivo celebrará este ritual el 15 de agosto junto al Yashiro en Orilla, en el Paseo Carlos de Mesa. Aquellos que deseen participar en la ceremonia están convocados a las 20:30. Allí mismo se les hará entrega de linternas de papel biodegradables y, conforme vaya cayendo la noche, los asistentes podrán lanzarlas al Guadalquivir en señal de paz y respeto. En esta ocasión, el ritual estará acompañado por la melodía de la guitarra española del coriano Manuel Ángel Rojas y el japonés Hiroyoshi Suzuki.

Desde que se inauguró el Templo de las almas, el monumento se tradujo en un símbolo de la unión entre el pueblo sevillano y el país oriental. Pero los lazos entre ambas culturas se siguen fortaleciendo y estrechando gracias a tradiciones como esta, señal de que no importa la distancia ni el tiempo: mientras haya memoria, los corianos seguirán acogiendo la cultura japonesa como en el pasado lo hicieron con los japoneses que quedaron maravillados ante la belleza del pueblo sevillano.


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