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La fuente de la memoria

El Museo de la Autonomía, enclavado en la frontera imaginaria entre Coria y La Puebla del Río, ofrece un recorrido didáctico que conserva el legado de Blas Infante

28 feb 2017 / 09:45 h - Actualizado: 28 feb 2017 / 10:15 h.
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Es día laborable y el cielo plomizo anuncia una tregua climatológica. El Museo de la Autonomía, en cuya finca se yergue el hogar del padre de la patria andaluza, Blas Infante, aparece en un paraje desde el que la tierra vigila la historia de Coria del Río y La Puebla del Río, el último terreno por el que caminó el notario e ideólogo de Casares antes de ser vilmente asesinado el 11 de agosto de 1936. El edificio permite a los visitantes completar un recorrido histórico-didáctico junto a los guías que ofrece el Centro de Estudios Andaluces y que se afanan para que los alumnos aprendan a interpretar el proceso autonomista y valoren la figura de su precursor.

Los didácticos paneles expositivos de la Sala 28F son los encargados de descifrar en claves el proceso histórico transcurrido desde el proyecto de constitución de Antequera de 1883, el germen del andalucismo como movimiento social e ideológico, hasta el referéndum sobre la iniciativa autonómica a través de la vía del artículo 151, una movilización sin precedentes que simboliza la mítica pizarra expuesta la noche del 28 de febrero de 1980 en el Casino de la Exposición de Sevilla. El Museo de la Autonomía, que congrega a más de 20.000 personas al año, fomenta el análisis instructivo de los acontecimientos históricos que se han sucedido en Andalucía durante décadas. La trayectoria del autonomismo andaluz aparece representada de forma magistral en la sala por un puzzle simbólico que exhibe la primitiva bandera preautonómica, el escudo o una emotiva silueta de Manuel José García Caparrós, el joven que fue abatido por un disparo en Málaga durante la multitudinaria manifestación del 4 de diciembre de 1977.

El famoso cartel de Manuel Gandul que reclamaba la movilización en el referéndum y la pizarra de los datos definitivos jalonan una sala interpretativa y didáctica que ensalza la figura del inmortal Federico García Lorca o el activista Hermenegildo Casas, activo colaborador de Blas Infante y uno de los padrinos del periódico El Regionalista Andaluz. El Museo de la Autonomía es un manantial de la memoria y una plácida invitación al aprendizaje del andalucismo en su versión más social y genuina. Una forma curricular de interpretar el porqué y de comprender el cómo. En una tierra en la que el 80% de la población reconoce haber leído al inmortal Federico García Lorca, un museo itinerante con las imágenes grabadas en súper 8 de la antigua Andalucía o un habitáculo expositivo del humor gráfico en las firmas de los mejores autores del Sur son una especie de reclamo a perpetuar la memoria gráfica de una tierra huérfana de héroes anónimos, aquellos que, lejos de los libros o los monográficos, aún no han logrado reposar en los anales de la historia y la realidad identitaria de su tierra.

AUSENCIAS

Del espacio museístico emanan un manantial de memoria histórica en la figura de Blas Infante, padre de la patria andaluza desde el 14 de abril de 1983 por una cuestión de justicia y unanimidad política, y una fuente de justicia con aquellos que entregaron su voz a la causa del proceso autonomista. Una legión de pintores, escultores, poetas, escritores, docentes y hasta funcionarios que se desvivieron por la causa y que de alguna forma reaparecen con vigor cuando los niños, los andaluces del futuro, recorren con su tierna inocencia el sendero que pisó por última vez Blas Infante, el padre de la patria andaluza y el protagonista de un espacio simbólico, didáctico e histórico que perpetua la memoria democrática del autonomismo.


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