Cofradías

La Virgen de las Nieves: aire de nardo andaluz

El próximo 5 de agosto se celebra la festividad de una advocación secular que une Roma con los cuadros de Murillo que robó el mariscal Soult de la parroquia sevillana de Santa María la Blanca, bautizada como la mayor de Los Palacios y Villafranca, cuya patrona combate la canícula con una procesión multitudinaria

Álvaro Romero @aromerobernal1 /
02 ago 2022 / 18:52 h - Actualizado: 02 ago 2022 / 20:03 h.
"Cofradías"
  • Virgen de las Nieves de Sevilla.
    Virgen de las Nieves de Sevilla.

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En plena canícula de agosto, el día 5, un pueblo como Los Palacios y Villafranca, a la orilla de una marisma en pleno cambio climático, saca en procesión a su patrona, la Virgen de las Nieves -la misma de Benacazón, por ejemplo, y alcaldesa perpetua y honoraria de ambos pueblos-, perfumando de nardos lo que queda de pureza a la caída de la tarde, cuando incluso aquí se presiente la marea... Y mucha gente se sigue preguntando cómo es posible que se celebre esta advocación tan fría, de las Nieves, uno de los días más calurosos del año, con permiso del 10 de agosto, festividad de San Lorenzo, a quien quemaron en una parrilla...

La apasionante respuesta no solo nos obliga a remontarnos a Roma a mediados del siglo IV, sino a seguir indagando por los caminos inescrutables de una devoción que buscó en la blanca, pura e inmaculada concepción de la Virgen María uno de los férreos valores de la España imperial, empeñada en sobrevivir en un mundo que había cambiado tanto, y que iba a seguir cambiando no solo por las ansias tan expansionistas como fugaces de Napoleón, sino porque iba a encontrar en su propia historia del arte uno de los baluartes metafóricos de la eternidad.

La Virgen de las Nieves: aire de nardo andaluz
Virgen de las Nieves de Los Palacios.

Cuenta la tradición que, como en las historias bíblicas, vivía en la ciudad de Roma un matrimonio rico y piadoso formado por Juan Patricio y su esposa, de la que nunca trascendió el nombre, que iban a morirse con la pena de no tener un hijo. Aunque le habían rezado mucho, decidieron finalmente nombrar a la Virgen como heredera y siguieron suplicándole para que los guiara en la asignación de su herencia. De modo que la Virgen, agradecida, se le apareció a la pareja la noche del 4 de agosto y les pidió que construyeran una basílica en el monte Esquilino –una de las siete colinas romanas-, justo en el lugar que ella les iba a señalar con una nevada. La Virgen se le apareció al mismísimo papa, Liberio, con el mismo mensaje. Al día siguiente, 5 de agosto, con un sol brillante deslumbrante, toda la ciudad se sorprendió al ver un terreno cubierto de nieve, justo el solar sobre el que muy pronto se había de construir la Basílica de Santa María la Mayor.

Fue así como surgió la unión entre la Virgen María y la nieve en el ecuador del verano. Pero la historia es muchísimo más larga, no solo porque el propio Catolicismo estuviera todavía en ciernes en el Occidente por el que estaba llamado a extenderse, sino porque la misma idea de la nieve contenía el sustrato natural adecuado para relacionarla con la blanca pureza de la madre de Dios.

La devoción de los Duques de Arcos

Mil años después de aquel milagro de la nevada en pleno verano de Roma, la devoción por Santa María la Blanca –tan blanca y pura como la nieve- seguía tan intacta en todo Occidente que cuando el duque de Arcos, don Juan Ponce de León, mandó edificar un templo en la villa de Los Palacios en las primeras décadas del siglo XV, no dudó en bautizarlo. Aquella Parroquia Mayor de Santa María la Blanca no iba tardar en dar culto a una pequeña efigie gótica de talla que fue la primitiva Virgen de las Nieves.

La Virgen de las Nieves: aire de nardo andaluz
Parroquia de Santa María la Blanca de Sevilla.

Siglo y pico después, en pleno Barroco de nuestra propia decadencia imperial, la monarquía española pugnó porque el mismísimo Papa definiera el dogma concepcionista de la Inmaculada, y la Casa de Arcos no dudó en renovar su adhesión a la defensa de la pureza Inmaculada de María. En el mismo año en que el jesuita Juan Antonio Velázquez publicó en Madrid Vox Hac nuncit omnes. Maria Inmaculata Concepta, 1653, todas las parroquias dependientes del ducado de Arcos, desde la propia Marchena hasta Los Palacios, celebraron con todo el boato posible Eucaristías en honor de la blanca, nívea, inmaculada Concepción, que era la forma que tenían los duques de Arcos de brindarle su apoyo institucional a la monarquía hispánica. En Los Palacios, todavía tan lejos de unirse institucionalmente con Villafranca (de la Marisma), el propio Concejo municipal acordó invocar como patrona a “la gloriosa Virgen, Santa María de las Nieves”, según descubrió no hace mucho el historiador palaciego Julio Mayo, a la sazón archivero municipal.

La Virgen de las Nieves: aire de nardo andaluz


Blanca, también en Sevilla

Mucho antes de que el Ducado de Arcos asentara su devoción por la Virgen de las Nieves, la mezquita que se había transformado en sinagoga judía en el sevillano barrio de Santa Cruz se había convertido a su vez en iglesia cristiana tras las revueltas antijudías. Corría el año del Señor de 1391. La parroquia –ya católica, apostólica, romana y sevillanísima- se consagró, cómo no, a Santa María la Blanca. En pleno siglo XVII, muy poco después de aquella petición de los reyes españoles al papa de Roma para que definiera el dogma de la Inmaculada Concepción, el Cabildo catedralicio de Sevilla y el canónigo Justino de Neve (nieve en italiano) patrocinaron la construcción del templo actual de Santa María la Blanca, caracterizado por las yeserías de sus techos y, sobre todo, por cinco pinturas encargadas a Bartolomé Esteban Murillo. Dos de los cuadros, de 1665, eran El sueño del patricio Juan y su esposa, situado en el lado del evangelio; y El patricio revela su sueño al papa Liberio, en el lado de la epístola. En ambos se representa la aparición de la Virgen a aquella pareja romana del siglo IV para informarles de dónde iba a señalarles con nieve dónde quería una basílica y al mismísimo papa para ponerlo al corriente del milagro programado. El matrimonio romano viste a la manera contemporánea, pues Murillo no pretendió situar la historia en la Roma antigua, sino que en su cometido estaba actualizar el milagro. La composición se basa en una potente diagonal que se hunde en la oscuridad de la estancia: a la derecha, el patricio Juan está iluminado, pero su mujer, en el centro y más atrás, está en penumbra. Desde lo alto, en un rompimiento de luz dorada, los contemplan con benevolencia la Virgen y el Niño...

Murillo y el robo francés

Sería ya en el siglo XVIII cuando se fundó en la parroquia del barrio de Santa Cruz la Hermandad del Rosario de María Santísima, Nuestra Señora de las Nieves. Por entonces, coincidiendo con la guerra de la independencia, sería Nicolás Jean de Dieu Soult, más conocido como el mariscal Soult y general en jefe del ejército de Napoleón en Andalucía, el gran artífice de una rapiña que los expertos cifran en más de 180 obras de maestros de la pintura sevillana de los Siglos de Oro. Es sabido que el mariscal tenía especial predilección por Murillo, aunque también hizo acopio de lienzos de Zurbarán, Alonso Cano, Valdés Leal, Juan de Roelas o Herrara el Viejo, entre otros.

De la iglesia de Santa María la Blanca precisamente, Soult se llevó los dos cuadros de Murillo que hacían referencia al milagro níveo en el que se vieron envueltos aquel matrimonio romano y el mismísimo papa. Muchos años después, los dos cuadros (El sueño del Patricio Juan y El patricio revelando su sueño al papa Liberio) volvieron de París a Madrid en un trueque por dos obras de Velázquez, pero se quedaron en el Museo del Prado y actualmente los dos cuadros idénticos que pueden contemplarse en el templo del barrio de Santa Cruz son copias.

Dos Vírgenes, de padre e hijo

Sería ya en 1832 cuando Juan de Astorga terminase la factura de una Virgen de las Nieves, titular de la Hermandad de Gloria, para el templo sevillano de Santa María la Blanca. Aunque durante muchísimos años se estuvo pensando en Los Palacios y Villafranca que la talla de su Virgen de las Nieves era de tiempo inmemorial, fue Julio Mayo quien descubrió antes de dar su Pregón de la Patrona precisamente, hace menos de una década, que la factura de la Virgen no era tan antigua como se había pensado hasta entonces -pues de hecho se celebraron unos fastos en 1996 por el presunto 200º aniversario de la llegada de la Virgen al municipio-, sino que era de Gabriel de Astorga –hijo de Juan- y del año 1864 –el mismo año, por cierto, que la Virgen de su padre llegó a la parroquia de Sevilla capital-, pues cuando le llevaron desde Los Palacios y Villafranca la antigua talla para que la restaurara, ni corto ni perezoso se decidió a hacer una nueva, que es la que actualmente procesiona cada 5 de agosto, antes en torno a la feria de farolillos del pueblo y, desde hace dos décadas, por sí misma, sin más festejo que su propia velada, que este año, por cierto, se celebra a partir de mañana en el porche de la capilla de la Aurora.

La Hermandad de Sevilla celebra las vísperas cada 4 de agosto, al margen de una misa solemne el mismo día 5, si bien el triduo, la función principal de instituto y la procesión se celebran en octubre desde que, allá por la década de los 70, hubieran de cambiarse los fastos en torno a la Virgen de las Nieves porque el sevillano medio empezó a preferir, en pleno agosto, el blancor almidonado de la espuma del mar. En Los Palacios todavía se mantienen ahora los cultos religiosos y la procesión, este próximo vienes. Canal Sur Televisión retransmitió en directo la función solemne de pasado día 31 para toda Andalucía desde Los Palacios y Villafranca, que ya vive impaciente la procesión de su Patrona, que, como en el caso de Sevilla, también pasó por una travesía del desierto –sin apenas hermanos y sin interés popular alguno- antes de que su día se convirtiera en una de las jornadas festivas más grandes del municipio, al margen de la feria, ya desacralizada para siempre.

Una Virgen coronada

En este sentido, después de solo tres meses de recogida de firmas, y con el apoyo de más de un centenar de instituciones de toda la provincia, la Hermandad Sacramental palaciega anunció el mes pasado que ya hay fecha para la Coronación de su Virgen: el 12 de octubre de 2023. Por supuesto, está previsto que la ceremonia la presida el Arzobispo de Sevilla, José Ángel Saiz Meneses.

No deja de ser significativo, hablando de padres e hijos, que el pregón de la Patrona de este año lo diera, hace solo diez días, el hijo del trovador de Los Palacios y Villafranca por antonomasia, Luis Miguel Murube Begines, fallecido solo unos días antes. El palaciego Luis Miguel Murube Díaz, que es el hijo del Pepón, como era popularmente conocido el mejor imitador del Pali, es, por si se quedara corto el cúmulo de casualidades, el secretario de la Hermandad de las Nieves de Sevilla. Con lo cual, podría decirse que en su persona se cierra el círculo de significaciones históricas que entre las Nieves de Sevilla y las Nieves de Los Palacios –Nieves se llamó la madre de Joaquín Romero Murube-, una sola advocación verdadera y vírgenes diversas desde aquella que señaló en Roma, hace tantos años, dónde iba a nevar exactamente en plena canícula de agosto.


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