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Llamaradas para la Navidad

Las tradicionales ‘hogueritas’ con motivo de la Inmaculada Concepción marcan el inicio de las fiestas navideñas en El Viso del Alcor

Alberto Guillén Aguillenito /
08 dic 2017 / 18:39 h - Actualizado: 08 dic 2017 / 18:40 h.
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  • Tras días acarreando leña y madera, un grupo de jóvenes y adolescentes disfrutan al ver las enormes dimensiones que alcanza su ‘hoguerita’. / A.G.
    Tras días acarreando leña y madera, un grupo de jóvenes y adolescentes disfrutan al ver las enormes dimensiones que alcanza su ‘hoguerita’. / A.G.
  • Los rescoldos de una de las ‘hogueritas’ encendidas en uno de los descampados de El Viso. / A.G.
    Los rescoldos de una de las ‘hogueritas’ encendidas en uno de los descampados de El Viso. / A.G.

Mientras en la vecina Mairena del Alcor, un coro de campanilleros entonaba sus villancicos en plena plaza Antonio Mairena, culminando el encendido del alumbrado navideño, apenas a escasos tres kilómetros, en el término de El Viso del Alcor, se enciende la gélida noche a llamarada pura en más de una treintena de hogueritas, que suponen el pistoletazo de salida a las fiestas navideñas en este rincón de Los Alcores.

Cada víspera de la Inmaculada Concepción, El Viso asiste puntual a la fiesta de las hogueritas, un centenario rito que reúne a familias y amigos en torno a la luz y el calor de la lumbre, cuyas llamas, aseguran, son purificadoras de almas. Son las generaciones más jóvenes quienes desde semanas antes de la celebración se afanan como hormigas en el acarreamiento de leña, para que toda la noche del 7 de diciembre, ante niños y adultos, una gran llama prenda hasta el cielo alcoreño y se oiga el son de los primeros villancicos.

El profesor e historiador local Marco Antonio Campillo, nos explica que el culto al fuego «se pierde en la noche de los tiempos» y se celebra en muchas partes de España, relacionado casi siempre con «el solsticio de invierno, en torno al 21 de diciembre, cuando se produce la noche más larga del año, y el momento en que la luz empieza a vencer sobre las tinieblas». En el caso concreto de las hogueritas de El Viso, el profesor Campillo lo vincula tradicionalmente al dogma oficial de la Inmaculada Concepción «que se aprobó el 8 de diciembre de 1854 con la bula Ineffabilis Deus». A falta de datos oficiales, este experto en la historiografía de Los Alcores cree que «con la aprobación de este dogma, la celebración bien pudiera haberse cambiado de fecha hasta la actual». No en vano, recuerda que la «Inmaculada Concepción siempre ha estado muy vinculada con El Viso. Tuvo un altar en la iglesia parroquial, cuya imagen se conserva en la capilla de la Virgen del Rosario». Además, precisa, «se celebró el centenario del dogma, en 1954, con la instalación en el antiguo Ayuntamiento de un retablo con su imagen».

Tal importancia llegó a adquirir la celebración, que el Ayuntamiento, ya en época democrática, decidió instaurar un concurso oficial de hogueritas como respaldo institucional a la fiesta, y que cada año reparte premios entre las inscritas. El jurado de esta edición ha estado compuesto por el propio Marco Antonio Campillo, autor de un breve estudio sobre esta tradición, el edil de Fiestas, Juventud y Deportes, Enrique Silva; Juan Jiménez, delegado de Cultura y Medio Ambiente; y Ricardo Guerra, representante de IU. Juntos partieron de la puerta de la casa consistorial al caer la noche para visitar a los participantes.

Pese al crecimiento urbanístico, que influye negativamente en el acarreamiento de leña, cada barrio encuentra el descampado propicio donde se alzan majestuosas las llamas. El jurado empieza su visita en plenas lindes con la vecina Mairena, en el polígono Fuentesol, donde medio centenar de niños y adultos los agasajan a su llegada. «Nos fijamos en el tamaño de la hoguerita», explica Jiménez, «pero también en el ambiente y en que se cumplan requisitos de seguridad». Por su parte, Silva rememora sus particulares vivencias en torno a esta tradición «que recuerdo desde que tengo memoria». Para él, esta noche es «de las más entrañables» del calendario visueño y aclara que «lo importante no son solo las hogueritas, sino el ambiente en torno a ellas».

La comitiva parte a la calle Guadalquivir, donde dos hogueras sin prender los aguardan. A su llegada encienden la primera, en la que una muchedumbre de niños y adolescentes cantan y brincan en torno a las llamas que enseguida alcanzan más de cinco metros. A escasos cien metros, en un descampado tras una nave vieja, se prende la otra. Los padres avisan del mérito: «se la quemaron ayer, han tenido que empezar los pobres desde cero y llevan desde las ocho de la mañana buscando leña». Es otro clásico, recuerda Guerra: «la rivalidad a veces llega a tanto que se boicotea a otras hogueritas». Pasan también cerca del cementerio, donde los esperan guitarra en mano, y al llegar al cerro del Tío de las Barbas, el jurado encuentra hasta tres candelas distintas, aunque solo una de ellas está inscrita en el concurso.

Tras las pertinentes visitas, bien entrada la noche, el jurado se vuelve a su punto de partida, donde deliberan y contrastan pareceres. Para saber la hoguerita vencedora en esta edición de 2017 habrá que esperar al 21 de diciembre, cuando se darán a conocer los ganadores en una gala en el Ayuntamiento.


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