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Romero Murube y su pueblo, tan cercano

Los Palacios y Villafranca celebra el 50º aniversario de la muerte de su escritor más insigne, el polifacético Joaquín Romero Murube

Álvaro Romero @aromerobernal1 /
18 oct 2019 / 08:18 h - Actualizado: 18 oct 2019 / 08:23 h.
  • Romero Murube y su pueblo, tan cercano

Como dijo Andrés Trapiello, hubo ciertos escritores en la España de mediados del pasado siglo que, por no perder exactamente la Guerra Civil, perdieron los manuales de Literatura. Joaquín Romero Murube (Los Palacios y Villafranca, 1904 – Sevilla, 1969) fue uno de ellos.

A pesar de haber sido anfitrión e integrante de la Generación del 27 que se conforma en Sevilla, a la sombra del torero Sánchez Mejías, tan mecenas; del Ateneo que recibe a los -luego- grandes poetas de Madrid; de la revista Mediodía que les había publicado textos pioneros en los felices años veinte y de la que Joaquín era redactor jefe; a pesar de haber reivindicado la obra de Cernuda antes que nadie, y de haber ofrecido su propia casa para que Juan Ramón Jiménez regresara de su exilio antes y después del Nobel; a pesar de haber refugiado en el Alcázar al mismísimo Miguel Hernández mientras Franco celebraba por allí su victoria como no iba a hacerlo en ninguna otra ciudad de España; a pesar de haber publicado el único poemario dedicado a Lorca en plena Guerra Civil y desde la zona nacional (Siete romances, 1937); a pesar de ser el autor del mejor poemario clásico y popular de la inmediata posguerra a juicio de la crítica (Canción del amante andaluz, 1941), a pesar de todo eso y de más, lo cierto es que Romero Murube no aprobó aquel examen de la Transición para ser incluido en la nómina de ninguna generación recomendable, de modo que su obra quedó tan silenciada como tantos de sus alegatos a favor del patrimonio de Sevilla y su gracia, que no solo había defendido durante las largas décadas del Franquismo en todos los periódicos sevillanos, sino en algunos de sus mejores libros nunca lo suficientemente reeditados: Sevilla en los labios (1938), El discurso de la mentira (1943), Memoriales y divagaciones (1951), Lejos y en la mano (1959) o Los cielos que perdimos (1964).

El presagio de ser palaciego

Joaquín Romero Murube había nacido en una familia de terratenientes venidos a menos en Los Palacios y Villafranca, y allí, en una casa enorme de la calle Real, vivió su infancia hasta que sus padres se lo llevaron a Sevilla para que estudiara el Bachillerato, como habían hecho antes sus hermanos mayores. Sin embargo, nunca olvidó su pueblo natal ni dejó de usarlo como ejemplo y como fantasía en sus innumerables textos de la prensa y la literatura. De hecho, su obra más completa y autónoma, Pueblo lejano (1954), está inspirada precisamente en su patria chica, en aquel pueblecito blanco a la orilla de las inmensas marismas del Guadalquivir que hoy, medio siglo después de su muerte, es el sexto municipio por población de la provincia (38.300 habitantes) y cuyo Ayuntamiento presentó ayer el logotipo de esta efeméride redonda, obra del diseñador local Sergio Román y que servirá para reconciliar a los palaciegos de hoy con “las cosas de Joaquín”, como se decía en la Sevilla de los años 60 ante el empeño del poeta de luchar contra los molinos de viento que entonces podían ser, por ejemplo, la conservación del palacio del Marqués de Palomares o la casa regionalista de los Sánchez-Dalp, idea imposible por utópica cuando todos los poderes oficiales y oficialistas de la ciudad habían convenido ya que en aquellos solares se construyera El Corte Inglés de la Plaza del Duque.

Romero Murube y su pueblo, tan cercano

Para entonces, el palaciego, nombrado interinamente conservador de los Reales Alcázares en plena II República (en 1934) y hecho fijo después (en 1943), había sido ya concejal de Fiestas del Ayuntamiento hispalense (él programó el traslado de la feria desde el Prado a Los Remedios), había pregonado la Semana Santa sevillana en 1944 y, como comisario de Defensa del Patrimonio Nacional en Andalucía occidental, había recuperado decenas de obras de arte desaparecidas no desde la Guerra Civil, sino desde que las tropas napoleónicas habían hecho de las suyas.

Sin embargo, ni siquiera en su pueblo natal era bien visto por los poderes oficiales, pues, como le ocurría en Sevilla, era demasiado liberal para las derechas y demasiado conservador para las izquierdas. El año pasado, sin ir más lejos, el grupo municipal de IU en el Consistorio de la capital quiso, infructuosamente, quitarle su nombre a la calle lateral del Alcázar. En su puesto de alcaide de este palacio milenario, tuvo que recibir a mandatarios de media Europa y a personalidades de todos los ámbitos. En Los Palacios y Villafranca no fue bien recibida una joya literaria como Pueblo lejano porque se entendió como una crítica social en vez de como lo que era: una autoelegía a la altura del Ocnos de Cernuda por un tiempo irrecuperable al que él, en todo caso, había intentado asirse comprándole a sus hermanas la Huerta de la Noria, a la entrada del pueblo y hoy en estado de descomposición, aunque el Ayuntamiento palaciego no descarta intentar recuperarla después de haber rebotado de manos privadas a manos bancarias.

Efeméride reconciliadora

Aunque en Sevilla hilvanan ya muchos actos en torno al 50º aniversario de la repentina muerte de Romero Murube, ocurrida el 15 de noviembre de 1969, es en su pueblo natal donde han preparado un año de actos en torno a su figura y a su obra. Tras la presentación del logo ayer en el Ayuntamiento, gobernado con mayoría absoluta por Juan Manuel Valle (IU), la inminente Feria del Libro de la localidad se dedica en buena parte al autor. La conferencia ilustrada Joaquín Romero Murube, cantor del aire andaluz, con el cante de Anabel de Vico y la guitarra de El Niño del Fraile, servirá el sábado 26 para abrir boca. Al día siguiente, la editorial sevillana Athenaica presentará una reedición de Pueblo lejano, con prólogo del poeta Felipe Benítez Reyes.

El regidor palaciego recordó ayer que las actividades preparadas por una comisión al efecto “revalorizarán la figura de uno de los autores que los actuales repertorios de crítica literaria incluyen ya entre la nómina de los escritores de la Generación del 27”. “Hace unos meses”, insistió Valle, “inaugurábamos la nueva Biblioteca con este nombre, en la que se ha instalado una monumental galería gráfica con sus principales componentes, entre quienes ocupa un lugar preferente, Joaquín Romero Murube, junto a Federico García Lorca, con quien estrechó una enorme amistad”.

El próximo 15 de noviembre se inaugurará en el antiguo Bar Valencia (hoy cafetería Miratta) el azulejo cerámico perteneciente al itinerario cultural Paseo literario. Asimismo, se organizará una mesa redonda sobre la estrecha relación del autor con su localidad natal, que emitirá la televisión municipal el mismo 15 de noviembre.

Entre los meses de febrero y abril de 2020 se organizarán otras actividades, como la inauguración del busto en bronce de Joaquín Romero Murube que lleva años en el teatro municipal y que ahora se reubicará en el patio de la nueva Biblioteca Municipal Generación del 27. También tendrán lugar recitales de lectura sobre la obra del autor, una exposición documental y gráfica en la Casa de la Cultura, la reedición de distintos libros del autor y un concierto homenaje dedicado Joaquín Romero Murube. Desde los distintos centros educativos del municipio, se celebrarán diversas actividades docentes que tendrán el foco en Joaquín Romero Murube, entre las que destaca una conferencia coral que llevarán a cabo alumnos de todas las edades del IES Almudeyne.


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