San Diego devuelve la fe y la ilusión a la Sierra Morena

Fue la última procesión antes de la pandemia y la primera tras el levantamiento de las restricciones. La Banda de Música de Alanís acompañó un año más a la imagen.

14 nov 2021 / 10:37 h - Actualizado: 14 nov 2021 / 12:26 h.
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Fue la última y, como no, también la primera. Cuando aquel 13 de noviembre de 2019, tras la pertinente y característica puja de sus palos, San Diego se despedía de sus paisanos al son del himno nacional, poco podíamos imaginar que pasaría dos años hasta que volviéramos a ver, ya no solo al patrón de San Nicolás del Puerto y de la Sierra Morena de Sevilla, sino también una sola procesión en la calle.

En marzo de 2020 la pandemia de COVID-19 irrumpía con fuerza en prácticamente todo el mundo y una de las primeras cosas que se llevaba por delante era la Semana Santa, junto a ello, romerías, procesiones extraordinarias y citas insalvables como la que cada noviembre tiene toda una comarca con su patrón. 2021 también nos privó de ver nuestras sagradas imágenes en la calle, aunque algo empezó a cambiar. Un halo de esperanza se abrió con el buen ritmo de vacunación y en septiembre, con el levantamiento de medidas, en el horizonte se dibujó esa nueva esperanza que este sábado se ha encargado de certificar San Diego.

San Diego devuelve la fe y la ilusión a la Sierra Morena

Devoción por el patrón

Poco antes de las cuatro de la tarde la Banda de Música de Alanís enfilaba en pasacalles la Calle Real para desembocar en la Parroquia de San Sebastián, donde ya esperaba San Nicolás el reencuentro con San Diego, y San Diego el suyo propio con San Nicolás y con la devoción de tantos y tantos llegados desde Alanís, Cazalla de la Sierra o Guadalcanal entre otros pueblos vecinos. No hay que olvidar que, como ya mencionamos, es el Patrón de la Sierra Morena de Sevilla.

Para este esperado reencuentro, quiso la divina providencia regalar un día espléndido. Un día que en el mes de noviembre se agradece, pues los hay frío de principio a fin, pero este quiso serlo cálido mientras el sol estuvo presente. Cálido por el astro rey, pero también por esa marea humana que quiso estar en todo momento junto a la procesión. En sus aceras y tras la imagen de San Diego. En cada balcón y sosteniendo sobre sus hombros al patrón. Había ganas de volver a ver un paso en la calle, pero sobre todo, había ganas de recuperar parte de lo perdido en estos dos años y de constatar que, verdaderamente, volvemos a la normalidad.

San Diego devuelve la fe y la ilusión a la Sierra Morena

Sensaciones cofrades

Y al fin el momento tan deseado llegó, cuando San Diego salió del pórtico de la iglesia. Cuando el himno español le dio la bienvenida, y cuando una ristra de cohetes inundó el cielo de sonido y alegría. Y después vino una primera chicotá, con Virgen de los Negritos como marcha para el reencuentro, a la que seguiría Madre Hiniesta de Marvizón. Dos marchas que traían de nuevo a la calle ese trocito cofrade que nunca debió perderse. Una sensación que a su vez evoca buenas sensaciones para el futuro a fin de recuperar también en el próximo mes de abril nuestra añorada Semana Santa.

San Diego devuelve la fe y la ilusión a la Sierra Morena

Pero mientras llega abril, y mientras se prende el incienso de la pasión, este sábado nos regaló estampas inmortales que alegraron nuestras retinas. Imágenes que no teníamos olvidadas, aunque el cristal del tiempo no nos dejaba vislumbrarlas como es debido. Imágenes de San Diego llegando allá donde llegan las casas de sus vecinos. Regresando de nuevo y adentrándose por la calle Cruz. Descendiendo hasta dibujar otra bonita postal a su paso por el puente romano, joya histórica y arquitectónica de la localidad, y fundiéndose con el río Galindón cuando ya la noche quiere cambiarse por el día. Imágenes que volvieron a dotar de alegría a un pueblo y a una comarca cuando subió una vez más por una calle Real engalanada para la ocasión. Ya entonces se aceleraba el corazón, aunque apenas se distinguía de los latidos del resto de paisanos que se agolpaban en la plaza. Y es que allí, cuando la comitiva buscaba la calle San Diego volvió a llover pétalos del cielo. Una lluvia infinita que hizo olvidar cualquier pena y trance pasado.

San Diego devuelve la fe y la ilusión a la Sierra Morena

Momento emotivo

Finalmente llegó el momento más íntimo de toda la tarde-noche. De nuevo la oscuridad más absoluta se hizo allá en su calle y un solo cañón de luz dibujó la silueta de San Diego en la casa que lo viera nacer un 14 de noviembre del año 1400. De nuevo la respiración se contuvo y una vez más las emociones se dibujaron a flor de piel, mientras la Banda de Música de Alanís interpretaba la marcha Mi Amargura.

Tras tan emotivo momento, el paso encaró ya su último tramo, volviendo a desembocar en las inmediaciones de la parroquia tras casi cinco horas de procesión. Cinco horas agradecidas por volver a tener una imagen en la calle, con su recorrido habitual y con una banda detrás recordando que tal vez pasaran dos años, pero que nunca cayó en el olvido. Una vez más la puja, una tradición tan arraigada que ni el tiempo puede con ella sirvió de despedida a un día grande en San Nicolás y en la Sierra Morena sevillana. Un día que nos recordó que la vida que aparcamos hace dos años está de vuelta y que con fe, ilusión y esperanza, todo volverá, como volvió San Diego otro trece de noviembre.


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