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Álava quiere sevillanos

La Euskadi más inédita y que tiene sobrados activos para visitarla busca viajeros y turistas en la capital de la Giralda. La empatía es total. Álava y Sevilla son hermanas

Juan-Carlos Arias jcdetective /
12 may 2021 / 04:00 h - Actualizado: 11 may 2021 / 22:04 h.
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  • Foto de Andalucía Viva.
    Foto de Andalucía Viva.

La pandemia del Covid19, además de contagiados, víctimas y secuelas, sólo hizo estragos en que nos quedamos en casa, dejamos de abrazarnos y besarnos y nos aislamos por imperativo del gobierno. La desescalada ahorró dinero para hacer viajes y nos reencuentra con los afectos que no sabemos por qué estaban tan lejos.

El turismo tal y como lo conocíamos no será lo mismo. No aspiramos, hasta que el personal no se vacune, a viajar en avión para recorrer países y capitales donde nos e hablen otros idiomas. Esa maldita llegó pata fastidiarnos, pero también para crear oportunidades a los que saben dónde está el momento oportuno y la ocasión ideal. Eso mismo pensaron en la Diputación Foral de Álava con respecto a Sevilla.

Las empatías entre vascos y andaluces se consolidaron con la cinta Ocho apellidos Vascos. También con el magistral film de Víctor Erice El Sur. Sin rodeos. Sin preámbulos. Los sevillanos, los andaluces, amamos todo lo vasco. Y a los vascos les encanta lo andaluz, respetan lo sevillano. Dani Rovira ilustró cuánto le gusta Amaia (Clara Lago), su pareja de verdad.

La realidad no es menos cruda. Cristina González Calvar, diputada foral de turismo alavés, llegó a Sevilla con credenciales sobradas para impactar a los sevillanos de las excelencias de Araba, la tierra que le vió nacer. El desembarco alavés para promocionar tan entrañables tierras no tuvo mejor marco. El Restaurante Manolo León congregó en la calle Guadalquivir a ejecutivos y comerciales de agencias de viajes hispalenses, periodistas y expertos en turismo, gastronomía y enología. Oficiaba el evento un referente del turismo, RV Edipress.

El otro Euskadi

La leyenda y la realidad mezclan que cuando se debatía dónde ubicar la capital vasca los egos y celos vizcaínos y guipuzcoanos hicieron de las suyas. Vitoria-Gasteiz maridaba el objetivo de evitar el conflicto y Álava parecía hospitalaria para el Parlamento, Ajuria Enea, y una capital de consenso que de paso se pensaba sería menos castellana.

El tiempo pasó y Álava, Vitoria-Gasteiz y los 50 ayuntamientos alaveses dejaron claro que sui sello debía ser honrando señas de identidad. El orgullo alavés tiene mucho recorrido: un 66% de espacios protegidos, playas de interior, artesanía, gastronomía, 5 parques naturales, minas de sal, observatorios, festivales, eventos, sonrisas, trabajo, respeto medioambiental. El alma alavesa no pasa desapercibida para nadie. Y en esa Sevilla que emite viajeros cuenta.

Vitoria-Gasteiz es una capital que encanta. Concentras el 80% de la población alavesa. Y muchos más activos. Jon Lasa, Gerente de la Catedral de Santa María, explicó que el escritor galés Ken Follet (1949) se inspiró para escribir dos bestsellers sobre la magia de un monumento que impacta. Los pilares de la tierra y Un mundo sin fìn son sus dos libros sobre una pasión alavesa que le retornó una estatua muy fotografiada.

Lasa se decantó, en su pasión catedralicia, sobre los ancestros alaveses que reposan en su cripta. Hizo paralelismos sobre la catedral homónima hispalense que le honran. Incluimos que, en el Vaticano, una raya establece que es la segunda más grande del orbe cristiano. Ser creyente tiene esas cosas. Lo mejor de la Catedral vitoriana, además de sus entrañas, en su entorno. El casco viejo, las fiestas de la Virgen Blanca. Vaya, la Vitoria DTV, de toda la vida.

Pablo de Oraá, Director del Valle Salado de Añana, explicó una historia increíble pero cierta. En Álava hay salinas kilométricas que merecen visita y cuyos granos se los disputan los más reputados chefs, vascos por supuesto, para aderezar la buena mesa. Las Salinas de Añana tienen más de 7000 años de historia y 120.000 m2 de extensión. Es un primor saber que la sal no sólo se produce en el litoral marino, como ocurre en Salzburg, en Austria.

El lema foral de Álava para captar sevillanos es ‘date de un respiro’ y ‘ven a viajar’. Cuánta razón lleva. En Vitoria, además de ser una ciudad premiada y laureada por ser sostenible, verde, respetuosa con el medioambiente y apacible para vivir, es una capital viva.

Allí hemos conocido muchos antecedentes para recomendar visitar la metrópolis alavesa. Un Festival de jazz que este verano, en julio, se hará fuera de Mendizorrotza, donde juega el Alavés. El Jazz en Vitoria (Gasteizko Jazzaldia) es una fiesta que se disfruta por miles de españoles y foráneos. Desde 1977 trae a los mejores músicos y congrega a los más encendidos aficionados. La batuta de Iñaki Añúa obra el milagro, miles de personas acuden a esa peregrinación.

En Vitoria han hecho patria festivales de magia (Magialdia), Iron man, y las primicias de la televisión española. Todos los años las primeras figuras están allí, porque les espera una hospitalidad que no defrauda las mejores expectativas.

La embajada alavesa en Sevilla estaba, creemos, como en su casa. Decían que a la empatía no hay que invitarla, venía sola. Ofertar aquí atractivos del turismo alavés, vasco o vitoriano, tanto da, no es difícil. Es normal. Es captado a la primera. Y este verano y lo que te rondaré morena muchos sevillanos se darán una vuelta por esas tierras hermanas que sólo esperan abrazar lo que la pandemia nos alejó. Álava quiere sevillanos y seguro que no les defraudaremos.

Entre los numerosos invitados que vestían de largo el evento alavés en Sevilla encontramos al enólogo y escritor Javier Compás y a Chary Sánchez, coach del whatsapp, la plana mayor de RV Edipress (Manuel Campillo y Paloma López, entre otros), lo más selecto del turismo sevillano y agencias de viajes.


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