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Argumentos para un debate recurrente

Las coberturas vacunales rondan el 95% en España pese a la oposición de grupos. Cada vez que hay un brote grave vuelve la polémica

09 may 2017 / 14:58 h - Actualizado: 09 may 2017 / 19:16 h.
  • Los grupos antivacunas critican que se prioricen los intereses de las industrias farmacéuticas antes que los del ciudadano. / H. Villalobos (Efe)
    Los grupos antivacunas critican que se prioricen los intereses de las industrias farmacéuticas antes que los del ciudadano. / H. Villalobos (Efe)
  • Vacunas contra la varicela en un centro de salud de Sevilla. / Manuel Gómez
    Vacunas contra la varicela en un centro de salud de Sevilla. / Manuel Gómez

Un brote de sarampión en 2011 que hizo que se multiplicasen por cinco los casos detectados en nuestro país, el fallecimiento de un niño de Olot en 2015 a causa de la difteria, de la que no se conocían casos desde 1987... son algunos de los episodios que saltan a la palestra cada cierto tiempo recordando que enfermedades que creíamos erradicadas en nuestro entorno pueden reaparecer y causar estragos, por lo que conviene no bajar la guardia.

Y son episodios que avivan la polémica y reabren el debate entre defensores y detractores de las vacunas, si bien ante todo cabe señalar que las coberturas vacunales en España rondan el 95 por ciento gracias a las políticas de financiación pública de las vacunas y a la concienciación de un mayoritario sector de los médicos, pediatras y enfermeros. No en vano se las considera el segundo avance más importante de la historia en materia sanitaria después de la potabilización del agua, y salvan más de seis millones de muertes al año en todo el planeta.

Algunos de los argumentos que esgrimen y/o rebaten adalides y críticos de las vacunas son los siguientes:

PROVOCAN MÁS QUE EVITAN LA ENFERMEDAD

A menudo se escucha que «es mejor pasar la enfermedad que vacunarse» o que «la vacuna me produjo la enfermedad, me puse malísimo». Los médicos subrayan que la vacuna evita la enfermedad y, en caso de que se contraiga, hace que su efecto sea mucho más leve. Es lo que sucede en ciertos pacientes ante vacunas de microorganismos vivos atenuados, caso de la triple vírica, la varicela, la tuberculosis o el rotavirus; en el resto de vacunas, de microorganismos inactivados, es imposible que provoquen la enfermedad. Patologías antaño letales o que causaban daños irreversibles (paperas, tosferina o polio) hoy simplemente obligan a reposar por unos días si se está vacunado.

TIENEN PELIGROSOS EFECTOS SECUNDARIOS

Las vacunas, como todo medicamento, no están exentas de producir algún efecto secundario. Sin embargo, los expertos inciden en que su perfil de seguridad es muy superior al del resto de fármacos y las reacciones siempre serán leves: dolor e hinchazón en el lugar de la inyección, fiebre y malestar ocasional... Además, aseguran que está descartada con evidencias científicas la relación de la vacunación con enfermedades como el autismo –se la vinculaba a la triple vírica– o encefalopatías.

INMUNIDAD DE GRUPO

Hay quien piensa que no hace falta vacunar a su hijo porque el resto de su clase está vacunado y lo que se conoce como inmunidad de grupo protege igualmente al que no está inmunizado, pero los expertos recalcan que las vacunas no son efectivas en el 100% de los casos –hay niños que no realizan adecuadamente la seroconversión– y que, por otro lado, hay enfermedades como el tétanos en la que el microorganismo está en el ambiente y no se transmite de persona a persona, por lo que el no vacunado está expuesto.

SOBRE LA TOXICIDAD

Los grupos contrarios a las vacunas aducen que algunas de ellas contienen elementos tóxicos como el mercurio que pueden provocar afectaciones neurológicas severas. Aseguran también que los niveles de hidróxido de aluminio en algunas vacunas llegan a ser el triple de lo que indica el fabricante, por lo que la industria «engaña» a los ciudadanos.

LOS INTERESES DE LA INDUSTRIA FARMACÉUTICA

Por último, es frecuente oír que las vacunas son un gran negocio farmacéutico de millones de euros que beneficia a la industria y a los gobiernos. «Los laboratorios tienen todo el poder sobre la información de sus investigaciones y sólo sueltan la que les interesa, mientras las administraciones actúan de manera laxa», asevera el periodista especializado en vacunas Miguel Jara. Contra esto se argumenta que el verdadero negocio está en pasar una enfermedad que podría haberse prevenido, ya que conlleva el consumo de fármacos de modo intenso y, a veces, de por vida. Y eso sí que cuesta.

Así las cosas, más que al rechazo en bloque a la vacunación, cabe prestar atención a la labor de entidades que aglutinan a personas que han sufrido efectos adversos y que tratan de defender sus derechos, caso de Afectados por Vacunas: «No estamos en contra de las vacunaciones; lo que queremos es que se apliquen las vacunas que verdaderamente sean necesarias, efectivas y seguras», sostienen. Uno de sus objetivos es «que antes de cada acto vacunal el individuo sea analizado para detectar posibles alergias y prever daños. Y cuando estos se produzcan, que exista un sistema de compensación de los perjuicios causados, como lo hay en otros países».


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