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Cuando el conocimiento debe disminuir el riesgo

Identificar las formas y lugares en los que se manifiesta el peligro en el puesto de trabajo es fundamental para evitar desgracias

12 dic 2016 / 21:00 h - Actualizado: 13 dic 2016 / 00:21 h.
  • Los andamios son una de las herramientas de trabajo que requieren de vigilancia para evitar accidentes. / Pepo Herrera
    Los andamios son una de las herramientas de trabajo que requieren de vigilancia para evitar accidentes. / Pepo Herrera

Parece evidente pero ¿sabría decir cuántos riesgos existen para la salud derivados del trabajo? Y, yendo a lo más básico del asunto, ¿cuál es la definición de riesgo laboral? Habida cuenta de los más de 17.000 accidentes laborales –tanto en el propio desarrollo de la jornada como in itinere, es decir, en el camino de ida y vuelta al puesto de trabajo– que, según el Ministerio de Empleo y Seguridad Social, han tenido lugar en la provincia de Sevilla entre enero y septiembre del presente año, es una información que nadie debería desconocer, dado que solo siendo conscientes de qué formas y en qué lugares se manifiesta el peligro puede evitarse la desgracia.

Aunque no exista una definición unánime, casi todas las consultadas por este periódico coinciden en que un riesgo laboral es cualquier tipo de peligro existente en una profesión y tarea profesional concreta, así como en el entorno o lugar de trabajo, susceptibles de originar accidentes o cualquier tipo de siniestros que puedan provocar algún daño o problema de salud tanto físico como psicológico. De la misma forma, el riesgo puede ser considerado «grave o inminente» si se puede producir de forma inmediata y si esa exposición puede suponer un daño grave para la salud de los trabajadores, aunque el daño no se manifieste de forma inmediata, según el Instituto Sindical de Trabajo, Ambiente y Salud (Istas). En estos casos flagrantes, de hecho, el trabajador puede negarse a realizar su tarea.

No obstante, el Istas recalca en que en la prevención está la clave, de ahí que en una guía editada por esta institución se describan los principales riesgos a los que uno se expone mientras trabaja y la normativa al respecto, la cual debe ser cumplida a rajatabla por la empresa en cuestión.

El primer peligro aparece en los lugares de trabajo, donde entre los factores que condicionan la salud, la seguridad y el bienestar se encuentran el emplazamiento, el diseño, la estructura material y los elementos que componen los edificios, en los que pueden darse situaciones como incendios o explosiones ante las que hay que saber cómo actuar. Asimismo, la normativa determina que los equipos de trabajo como la maquinaria, la tecnología y las herramientas a usar diariamente no deben representar una amenaza para los trabajadores en forma de aplastamiento, cortes o caídas, ni tampoco deben provocar ruido o radiaciones, apunta la guía del Istas.

De igual forma, es necesario poner especial atención en aquellos puestos en los que es inevitable la manipulación de determinadas sustancias y materiales que pueden generar riesgo biológico, químico o el derivado del polvo o las nanopartículas, los cuales no solo ponen en peligro al trabajador, sino que también suponen un riesgo para el medio ambiente.

La ergonomía y organización del trabajo es otro de los apartados específicos que recoge la guía del Istas como punto a tener en cuenta en la prevención de riesgos laborales, ya que los esfuerzos físicos cansan, pero también pueden originar lesiones osteo musculares que se manifiestan en dolor, molestias, tensión o incluso incapacidad y son resultado de algún tipo de lesión en la estructura del cuerpo. Otra actividad que requiere mucho tiempo en la misma posición es el trabajo con pantallas de visualización de datos –ya sea un ordenador o vigilancia con pantallas–, el cual también requiere un control exhaustivo si se quiere evitar cualquier tipo de trastorno, al igual que los sobreesfuerzos en la voz, que pueden provocar patologías vocales ocupacionales.

Mención aparte merecen los riesgos psicosociales y de organización del trabajo, consecuencia, según el Istas, de unas «malas condiciones de trabajo derivadas de una deficiente gestión» y que pueden causar estrés, acoso y malestar físico y psíquico, entre otros. Los trabajos por turnos, por cierto, «exigen mantener al organismo activo en momentos en que necesita descanso, y a la inversa, colocando al trabajador fuera de las pautas de la vida familiar y social. Todo ello provoca un triple desajuste entre el tiempo de trabajo, el tiempo biológico y el tiempo social».

Y a pesar de que existe una extensa normativa gracias a la que podrían sortearse muchos de los peligros aquí descritos, el Istas considera que los accidentes se siguen produciendo por la «falta de aplicación de medidas preventivas, es decir, del incumplimiento de la normativa, por parte de los empresarios».


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