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«Cuando no hay familia, nos la inventamos»

El apoyo del entorno más próximo constituye una herramienta fundamental en la rehabilitación

24 jun 2016 / 21:35 h - Actualizado: 24 jun 2016 / 21:35 h.
"Drogas"
  • Sesión de terapia de grupo con adolescentes en la sede de Proyecto Hombre en Triana / Pepo Herrera
    Sesión de terapia de grupo con adolescentes en la sede de Proyecto Hombre en Triana / Pepo Herrera

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«Un chico solo no hace nunca el programa», asegura Francisco Herrera. El modelo a seguir para esos casos es, también en palabras del director general de Proyecto Hombre, «inventar la familia cuando no existe», integrando a los jóvenes en viviendas en las que hacen su vida con una familia integrada por voluntarios que simulan una situación de normalidad familiar. Y la importancia de la participación del entorno más próximo a la persona en rehabilitación radica, entre otros aspectos, en la necesidad de que conozca e identifique la verdadera esencia de esa persona en el momento del proceso en el que aparezca, para que todos los actores lo experimenten, sin necesidad de que nadie lo cuente.

Pero la familia también debe ir cambiando en los modelos de relación o en los roles que no son sanos, y también consigue experimentar un indudable aprendizaje. Muchos de los padres que han participado en un proceso de rehabilitación de un hijo permanecen vinculados al programa con posterioridad, y al descubrir el beneficio que para ellos mismos supone convertirse en peldaños en los que se escenifica el ascenso desde los abismos, se brindan para servir de refuerzo a otros chicos, e incluso a otras familias. «Vengo no por ayudar a nadie, sino porque me ayudo a mí mismo», es una de las frases más repetidas en las sesiones en las que las familias se reúnen para compartir experiencias.

Uno de los casos más llamativos que han pasado por el centro de Proyecto Hombre en Triana en los últimos tiempos es el de Carlos, un chico de 17 años que, después de un programa de once meses consiguió dar un giro radical a su vida. Fumaba cannabis junto con su propio padre, desde que contaba solo con 13 años. «Hay gente que puede hacerlo y llevar una vida perfectamente normal, pero yo no sabía y creo que ahora seguiría sin saber, así que decidí no fumar más», reconoce el chico, que ha recuperado una relación rota con su madre y que ha mejorado también la que tiene con su padre, igualmente deteriorada por el desorden estructural de la familia y de la propia vida, y cuando el verdadero problema es la existencia de dificultades para asumir responsabilidades o para conseguir entenderse a sí mismos. Carlos tuvo una experiencia previa de acercamiento al programa, pero no alcanzó la convicción ni el compromiso necesario para abordarlo y dejar atrás la problemática, lo que ocurre en muchos de los casos. «No era su momento», dicen ahora los terapeutas, que asumen la incidencia como parte de un proceso normal, de la misma manera que lo hacen con las frecuentes recaídas que tienen muchos de los participantes en el programa y que «contribuyen a que la rehabilitación sea definitiva».

«Los chicos dicen mucho», asegura Herrera, «que aunque el propósito sea el de salir del mundo de las drogas, a mucha gente le vendría estupendamente pasar por una comunidad terapéutica aunque nunca hayan tenido ese tipo de problemas». Se trata de abandonar primero el consumo y después analizar cuál es la causa que apuntó al propio consumo de drogas como solución a un supuesto problema de la persona.


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