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Cuando sólo queda matar

La que, en tiempos, fue la mayor colonia del mundo de nóctulo mayor está desapareciendo del Parque de María Luisa debido a la presión de la cotorra de Kramer

Julio Mármol julmarand /
21 nov 2020 / 08:59 h - Actualizado: 21 nov 2020 / 09:06 h.
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  • Un nóctulo mayor es anillado por el personal de la Estación Biológica de Doñana
    Un nóctulo mayor es anillado por el personal de la Estación Biológica de Doñana

Quizás usted no sepa que hay murciélagos gigantes en el Parque de María Luisa. Que son la población más grande de su especie en el mundo. Que están muriéndose. Su nombre es el de nóctulo mayor y poseen una envergadura de medio metro. Aunque habitan en toda la costa mediterránea hasta los Balcanes, la especie se encuentra catalogada como vulnerable por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. Históricamente, la mayor colonia del mundo (unos quinientos individuos en origen) se localizaba en el Parque de María Luisa, en Sevilla. Pero esto está cambiando.

En la década de los noventa, un grupo de aves de color verde brillante echaron a volar, por primera vez, sobre Sevilla. “Aunque no tenemos la certeza total”, dice Dailos Hernández-Brito, científico de la Estación Biológica de Doñana, “se cree que fueron liberadas por la policía, que requisó un lote ilegal de estas aves en el antiguo mercadillo de animales de la Alfalfa”. Treinta años después, el terror verde y alado, como lo definió el New York Times, es legión en la ciudad: su número supera, ampliamente, los cinco mil individuos. Son las cotorras de Kramer.

“En 2003, se hizo un censo que registró lo siguiente”, informa Dailos Hernández. “En el parque de María Luisa había 12 parejas de cotorras de Kramer y 500 nóctulos mayores”. En un artículo científico que publicó en 2018, aparecía una gráfica en la que se mostraba la evolución ascendente de las cotorras: una línea que subía y subía, año tras años, de manera imparable. Y, junto a esta, otra línea descendente, también quizás imparable: la del nóctulo. “Si en 2003, se estimaba que los nóctulos contaban con 75 árboles en los que anidar; en 2017, este número había bajado hasta los 14”. Del Alcázar, desaparecieron en 2009. El último árbol en el que anidaban, un viejo platanero de sombra, tuvo que ser talado. “El árbol podía venirse abajo en cualquier momento. Se encontraba en una zona de paso”, precisa Dailos. Su futuro en el Parque de María Luisa no es mucho más halagüeño.

Cuando sólo queda matar

Un enemigo perfecto

La figura del villano, a lo largo de la historia, se ha construido en minuciosa oposición a la del héroe. Si este era valiente y atractivo; el villano era cobarde y horrendo. Si el uno estaba solo, al otro lo rodeaban multitudes. Y la naturaleza o el hombre, con cierto talento artístico, han arrojado sobre el Parque de María Luisa un animal que es, en casi todos sus rasgos, la antítesis del nóctulo. “El nóctulo es un mamífero al que le cuesta mucho adaptarse a los cambios”, cuenta Dailos Hernández. “Si le construyes un nido para que lo use, pueden pasar meses sin que lo toque, o puede no llegar a tocarlo nunca, porque le es muy difícil llegar a comprender que eso que tiene ante él es un nido”. La cotorra, por el contrario, cuenta con una portentosa capacidad de adaptación, y prueba de ello es el crecimiento de su población en apenas unas décadas. “Cuando se cuenta con una colonia tan reducida como la del nóctulo”, recuerda el científico, “esta es más proclive a desaparecer ante un cataclismo”. Una enfermedad, una tormenta o un árbol que se tala y cae para siempre, y que era su último refugio, puede expulsarlos del parque. Entre tanto, la cotorra de Kramer no tiene nada que temer. No tienen reparos en hacerse con los nidos del nóctulo, arrebatándoselos a la fuerza: No pocos cadáveres de murciélago, fruto de estos enfrentamientos, han sido recogidos de entre la hojarasca del parque. Y las hay a miles, distribuidas por toda la ciudad.

Sevilla es, de hecho, la población española con más cotorras de Kramer. Y, como todas las ciudades del país, ha puesto en marcha un plan para controlar su número. Este comenzó el año pasado y volverá a reanudarse en invierno. Mediante la sustitución de huevos o la captura, se pretende reducir la población de cotorras. Pero, ¿es esto suficiente? A la comunidad científica le parece que no. “Así sólo perdemos dinero y tiempo”, se queja Dailos Hernández. “Para que esto surtiese efecto, habría que intervenir, al menos, un 90% de los nidos. Y es imposible”. En la fase inicial del denominado “Plan de choque contra la cotorra de Kramer” se eliminaron 210 ejemplares. Esto, según declaró Antonio Sánchez Tosina, director general de Salud Pública y Protección Animal, al Diario de Sevilla, habría “servido para que la población de cotorra de Kramer se haya estancado en esta anualidad entre 1700 o 1800 ejemplares”. “Me preocupan esos datos”, comenta Dailos Hernández, “porque están muy lejos de la realidad. Si sólo se refiere al Parque de María Luisa, son pésimos. Si habla de toda Sevilla, son erróneos, por no decir algo peor. En la ciudad hay más del doble de cotorras”. Desde la Estación Biológica de Doñana, han intentado contactar hace meses con la Delegación de Sevilla para consensuar esas cifras, pero aún no han obtenido respuesta.

Cuando se le pregunta qué cantidad de ejemplares tendría una población viable de cotorra de Kramer en Sevilla, Dailos duda. “Hay una equivocación, y es pensar que hay una población viable de una especie invasora”. Después, se produce una pausa tras la que afirma, tajante: “La única solución, en estos casos, es la erradicación total”.

Matar o no matar

Hay un principio básico en la política: Ningún gobernante quiere matar loros. Especialmente, cotorras verdes y brillantes. Especialmente, si su eliminación se debe a que hay una población amenazada de murciélagos gigantes. “Yo entiendo”, concede Dailos, “que la cotorra es un ave muy carismática, y que este problema no se plantearía si hablásemos del mejillón cebra. Porque a la sociedad, el mejillón cebra le da igual”. “Hay un movimiento muy grande del sector animalista”, añade, “que entiende que las especies invasoras, al ser animales, no se pueden erradicar, a pesar de no pertenecer a este entorno y constituir un impacto sanitario, ecológico o económico”. Porque las consecuencias de que sobre Sevilla revoloteen cientos de bandadas de cotorra no recaen, sólo, sobre el nóctulo: “En sus países de origen”, explica Dailos, “la cotorra de Kramer es considerada una peste agrícola”.

En Israel, donde también son una especie invasora, las cotorras han devastado los campos de girasol. Los únicas cosechas que quedan de esta planta, de hecho, sirven para desviar la atención de las aves de los campos de almendros. Contra ellas, se ha llegado a probar el uso de drones con forma de halcón peregrino, que las persiguen con ánimo de espantarlas. “Pero no sirven”, se lamenta Dailos. “En seguida, las cotorras aprenden que son inofensivos. O se marchan a otros campos. Es postergar el problema”.

El que la sociedad entienda que la cotorra, por muy hermosa que sea, ha de ser eliminada a tiros es una de las cuestiones más importantes de la ecología. “Queda mucho trabajo de divulgación por delante”, confiesa Dailos. “Es un animal muy bello, pero yo también veo belleza en un murciélago”.

Cruzar Europa para ver murciélagos

A pesar de que la mayor parte de los sevillanos ignoran que, en pleno centro de Sevilla, vive el nóctulo, Dailos Hernández cuenta que muchas personas, “especialmente de fuera de España y sobre todo, de Centroeuropa”, lo han llamado para que, cuando lleguen a la ciudad, les enseñe dónde anida el nóctulo. Es sabido en las serranías de Zamora que el turismo que mueve el lobo da más ganancias que su eliminación pero ¿ocurriría lo mismo con el nóctulo? Quizá, para comprobarlo, baste poner, en uno sólo de los 400000 metros cuadrados que ocupa el parque, un cartel que indique que allí, en los viejos árboles, se cobija un animal único, el murciélago más grande de Europa, y que se llama nóctulo. Esa sería una forma de empezar.


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