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Del hospital a casa, ¿y ahora qué?

Postratamiento. Asociaciones de enfermos crónicos, equipos médicos y voluntarios son figuras esenciales para que el alta médica no sea traumática y el paciente se sienta seguro

24 oct 2016 / 00:32 h - Actualizado: 24 oct 2016 / 00:47 h.
  • Un doctor atiende a una paciente en un centro médico público sevillano. / Antonio Acedo
    Un doctor atiende a una paciente en un centro médico público sevillano. / Antonio Acedo

Es mucho el tiempo que enfermos de corazón o tratados por un cáncer pasan en el hospital. Los centros se convierten en una extensión de su vivienda y el personal sanitario pasan a formar parte de ese grupo de personas esencial en la vida. Pero, ¿qué ocurre cuando les dan el alta? ¿Hacen punto y aparte? El no es rotundo.

Si hablamos de enfermos cardiovasculares, nos referimos a la fase tres, «la que es para toda la vida», explica el presidente de la Asociación Pacientes Coronarios Nazarena (Asancor), Doroteo García. A pesar de tener el alta, las personas con problemas de corazón necesitan tener un seguimiento riguroso y aprender unos hábitos de vida saludables. «Cuando sufres un infarto tu estilo de vida cambia al momento. Es un impacto emocional, pero una vez estabilizado y superado hay que mantener una calidad de vida», relata García. Es ahí donde entra Asancor, una asociación con más de 20 años de experiencia y que colabora mano a mano con el Hospital Universitario de Valme.

Esta asociación fomenta hábitos y conductas, ayuda a los enfermos cardiovaculares a llevar una alimentación saludable y celebra sesiones de ejercicio físico, «lo más similar posible al del hospital», con el objetivo de no interrumpir el proceso de rehabilitación.

El trabajo de asociaciones como Asancor es clave cuando una persona se enfrenta a una situación inesperada. García explica que el enfermo del corazón pasa por tres fases: la primera se produce cuando entra en el hospital y el paciente tiene que estabilizarse. Ya en ese momento estas organizaciones sin ánimo de lucro inician el acompañamiento. Es el punto de partida, cuando voluntarios con cardiopatía ayudan a perder el miedo a esta situación «para que el impacto emocional sea menor». «En ese momento la cabeza da muchas vueltas y nosotros le contamos nuestra propia experiencia, tanto a ellos como a la familia, que también se ve afectada», comenta.

Otras entidades como la asociación de diabéticos de Sevilla, Anadis, trabajan desde los hospitales universitarios Virgen Macarena y Virgen del Rocío. A pesar de que su enfermedad no requiere de largo ingreso hospitalario, su función es esencial para «escuchar» y acompañar en los primeros momentos de adaptación, explica la presidenta de la asociación, Ana María Álvarez. Anadis, gracias al trabajo conjunto con el hospital, ha conseguido además crear una consulta de nutrición infantil en el Macarena para ayudar en un aspecto clave para los diabéticos.

Sobra decir que la mano clínica es fundamental. Por ello, aprovechando las nuevas tecnologías, el Hospital San Juan de Dios ha lanzado este año un sistema de telemonitorización de pacientes crónicos en el domicilio como parte del Programa Comparte. A través de este proyecto, que está en fase de pilotaje, el paciente se mide diariamente cinco variables –tensión arterial, saturación de oxígeno, peso, frecuencia cardiaca y capacidad pulmonar–, una información que se transmite a través de un módem a una central. Allí, un enfermero recaba la información «y si detecta alguna anomalía se pone en contacto con el paciente de inmediato y da aviso a Salud Responde, que alertará al 061, y al médico del paciente», explica el jefe de servicio de Medicina Interna del hospital, Antonio Fernández Moyano.

Por el momento, once pacientes ya han probado este sistema, pero un total de 500 están dentro del Programa Comparte. En este sentido, el equipo intenta «instruir, acompañar y capacitar al paciente y la familia» sobre sus necesidades médicas una vez el paciente continúa el tratamiento en el domicilio, explica el coordinador de enfermería de Medicina Interna del Hospital San Juan de Dios, Roberto Lara.

Donar tiempo

Si alguna vez se cruzan en los hospitales Virgen del Rocío o Virgen Macarena a una persona con bata blanca y un gran punto verde, no lo confunda con un médico, se trata de un voluntario, aquellas personas esenciales en hacer más llevaderos largos ingresos gracias a la donación de su tiempo, resume la coordinadora de Participación Ciudadana del Hospital Virgen Macarena, Mercedes Gálvez. Voluntarios que se convierten «en un compañero más del personal sanitario».

Es mucho el tiempo que enfermos de corazón o tratados por un cáncer pasan en el hospital. Los centros se convierten en una extensión de su vivienda y el personal sanitario pasan a formar parte de ese grupo de personas esencial en la vida. Pero, ¿qué ocurre cuando les dan el alta? ¿Hacen punto y aparte? El no es rotundo.

Si hablamos de enfermos cardiovasculares, nos referimos a la fase tres, «la que es para toda la vida», explica el presidente de la Asociación Pacientes Coronarios Nazarena (Asancor), Doroteo García. A pesar de tener el alta, las personas con problemas de corazón necesitan tener un seguimiento riguroso y aprender unos hábitos de vida saludables. «Cuando sufres un infarto tu estilo de vida cambia al momento. Es un impacto emocional, pero una vez estabilizado y superado hay que mantener una calidad de vida», relata García. Es ahí donde entra Asancor, una asociación con más de 20 años de experiencia y que colabora mano a mano con el Hospital Universitario de Valme.

Esta asociación fomenta hábitos y conductas, ayuda a los enfermos cardiovaculares a llevar una alimentación saludable y celebra sesiones de ejercicio físico, «lo más similar posible al del hospital», con el objetivo de no interrumpir el proceso de rehabilitación.

El trabajo de asociaciones como Asancor es clave cuando una persona se enfrenta a una situación inesperada. García explica que el enfermo del corazón pasa por tres fases: la primera se produce cuando entra en el hospital y el paciente tiene que estabilizarse. Ya en ese momento estas organizaciones sin ánimo de lucro inician el acompañamiento. Es el punto de partida, cuando voluntarios con cardiopatía ayudan a perder el miedo a esta situación «para que el impacto emocional sea menor». «En ese momento la cabeza da muchas vueltas y nosotros le contamos nuestra propia experiencia, tanto a ellos como a la familia, que también se ve afectada», comenta.

Otras entidades como la asociación de diabéticos de Sevilla, Anadis, trabajan desde los hospitales universitarios Virgen Macarena y Virgen del Rocío. A pesar de que su enfermedad no requiere de largo ingreso hospitalario, su función es esencial para «escuchar» y acompañar en los primeros momentos de adaptación, explica la presidenta de la asociación, Ana María Álvarez. Anadis, gracias al trabajo conjunto con el hospital, ha conseguido además crear una consulta de nutrición infantil en el Macarena para ayudar en un aspecto clave para los diabéticos.

Sobra decir que la mano clínica es fundamental. Por ello, aprovechando las nuevas tecnologías, el Hospital San Juan de Dios ha lanzado este año un sistema de telemonitorización de pacientes crónicos en el domicilio como parte del Programa Comparte. A través de este proyecto, que está en fase de pilotaje, el paciente se mide diariamente cinco variables –tensión arterial, saturación de oxígeno, peso, frecuencia cardiaca y capacidad pulmonar–, una información que se transmite a través de un módem a una central. Allí, un enfermero recaba la información «y si detecta alguna anomalía se pone en contacto con el paciente de inmediato y da aviso a Salud Responde, que alertará al 061, y al médico del paciente», explica el jefe de servicio de Medicina Interna del hospital, Antonio Fernández Moyano.

Por el momento, once pacientes ya han probado este sistema, pero un total de 500 están dentro del Programa Comparte. En este sentido, el equipo intenta «instruir, acompañar y capacitar al paciente y la familia» sobre sus necesidades médicas una vez el paciente continúa el tratamiento en el domicilio, explica el coordinador de enfermería de Medicina Interna del Hospital San Juan de Dios, Roberto Lara.

Donar tiempo

Si alguna vez se cruzan en los hospitales Virgen del Rocío o Virgen Macarena a una persona con bata blanca y un gran punto verde, no lo confunda con un médico, se trata de un voluntario, aquellas personas esenciales en hacer más llevaderos largos ingresos gracias a la donación de su tiempo, resume la coordinadora de Participación Ciudadana del Hospital Virgen Macarena, Mercedes Gálvez. Voluntarios que se convierten «en un compañero más del personal sanitario».


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