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El palacio de los niños en verano se llama Alcázar

Durante las mañanas del verano los más pequeños podrán descubrir la historia del recinto palaciego a la vez que se divierten con diferentes actividades guiadas

09 jul 2017 / 12:40 h - Actualizado: 07 jul 2017 / 14:13 h.
"Veraneando","Real Alcázar de Sevilla"
  • Este juego gira en torno a la figura de Felipe V. Los niños realizan actividades lúdicas creadas especialmente para fomentar su inquietud sobre el entorno que les rodea. / Manuel Gómez
    Este juego gira en torno a la figura de Felipe V. Los niños realizan actividades lúdicas creadas especialmente para fomentar su inquietud sobre el entorno que les rodea. / Manuel Gómez
  • Algunos de los niños prestando atención al monitor Rafa Díaz, en otra de las actividades programadas. / El Correo
    Algunos de los niños prestando atención al monitor Rafa Díaz, en otra de las actividades programadas. / El Correo

Por segundo año consecutivo, a través del programa infantil El Real Alcázar, mi palacio de verano, los niños vuelven a vivir como protagonistas una experiencia única en la que disfrutan y aprenden de un monumento catalogado como Patrimonio Mundial, que les pertenece y que cuenta con un incalculable valor histórico, arquitectónico y artístico.

Unos 600 pequeños de entre seis y 12 años, 100 más que el año pasado, se beneficiarán de forma totalmente gratuita de las actividades didácticas que el Real Alcázar ha puesto en marcha durante las mañanas de julio, agosto y septiembre. La iniciativa, desarrollada por la empresa Espiral, busca acercar el monumento a los niños sevillanos, cuyos padres podrán dejarlos en el recinto palaciego entre las 9.00 y 14.00 horas y, opcionalmente con aula matinal, desde las 8.00 hasta las 9.00 horas y desde las 14.00 hasta las 15.00 horas, de manera que sea más fácil conciliar la vida laboral con la familiar.

Entre fuentes que discretamente emanan agua para el palacio, árboles centenarios que dan sombra a los jardines, pavos reales y turistas impresionados por lo que ahora tienen a su alcance, se encuentran Rocío de Andrés, historiadora del arte; Julia Rozet, historiadora y el humanista Rafael Díaz, los monitores encargados de acompañar a los chicos en esta aventura.

«Cada día, los niños adoptan un rol y esto hace que se sientan importantes, que interactúen con la historia y que, finalmente, puedan aprender más de lo que se puede imaginar», afirma Rocío de Andrés. Al principio de cada jornada, a partir de una divertida masterclass, los chicos conocen al personaje protagonista y descubren cuál será su rol durante las actividades, puesto que tendrán que ayudarle en determinadas tareas para conseguir sus objetivos.

El primer día se desarrolla en el medievo islámico, para comprender el origen del actual Alcázar y su primera función defensora. El personaje elegido es el gobernador almorávide Abu Bakr, que necesita arquitectos. Durante los juegos, los pequeños ayudantes aprenden los principales métodos de construcción que utilizaron y los ponen en práctica con las pruebas que los monitores han programado. Cuando llegan al taller comienzan a elaborar una maqueta de lo que sería su Alcázar ideal, la cual irán completando a lo largo de los días.

La segunda jornada transcurre en la época medieval cristiana. Isabel la Católica, madre del príncipe Juan, será el personaje que explique sus exigencias para remodelar, una vez que los Reyes Católicos llegan a Sevilla en 1477, el Alcázar mudéjar. Los niños serán los artesanos que le ayuden a conseguir el palacio que desea. «Es difícil pensar qué es lo más divertido... pero una de las cosas que más nos ha gustado es hacer nuestros azulejos», comenta una niña, mientras todos los compañeros asienten felices y van a buscarlos a la mesa donde se están secando. Cuando ya calienta un poco más el sol, dejan los juegos en los jardines y acuden a otros espacios interiores o al taller donde realizan manualidades, una de las actividades que más gusta a los chiquillos. Entre ellas, el segundo día aprenden cómo es la azulejería característica de la etapa de los Reyes Católicos, su forma y diseño, para posteriormente, con arcilla y pintura, elaborar los suyos propios y tener un bonito recuerdo de sus primeros pasos por el Alcázar de su ciudad.

«El tercer día es uno de los más especiales porque, al ser el último, todos se conocen y no quieren acabar» comenta Maribel Rodríguez, directora de Espiral y profesora del máster de Arquitectura y Patrimonio Histórico de la US. Cuando todavía no hay nadie en el Alcázar y la sombra deja un respiro, los chicos realizan una sesión de yoga infantil para empezar una jornada que transcurrirá en la época moderna de los Austrias y los Borbones. El personaje elegido es Felipe V, que necesitará la ayuda de jardineros y miembros de su corte para acometer otras transformaciones, más a su gusto, del entorno palaciego. «Se dice que el Rey Felipe V fue un rey que trabajaba mucho y no paraba, por lo que cayó enfermo. Hoy vamos a trabajar con los cinco sentidos para ayudar a relajar al Rey», explica Julia Rozet, antes de salir corriendo para empezar una de las actividades de relajación en la que los chicos tienen que usar su imaginación, la vista, el oído o el olfato. Cuando vuelven al taller, los pequeños desayunan, se disfrazan como todos los días y se ponen manos a la obra con el objetivo de preparar y ultimar la maqueta que, unas horas más tarde, mostrarán a sus familiares cuando vengan a recogerlos.

Durante cuatro años consecutivos se llevan batiendo récords de visitas. «Este mes pasado acudieron 170.000 personas, aunque tristemente solo se registra un tres por ciento de sevillanos que nos visitan, a pesar de ser gratuito para ellos», explica Manolo Hurtado, el jefe de Actividades Culturales del Real Alcázar que, por este tipo de circunstancias, se le ocurrió poner en marcha una actividad orientada a acercar a los pequeños hispalenses a su patrimonio.


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