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«En ocasiones los MIR nos sentimos desvalidos a causa de la presión asistencial»

Entrevista a la MIR Alicia Rodríguez García, que está especializándose en Medicina de Familia y Comunitaria en el Área de Gestión Sanitaria de Osuna

01 sep 2019 / 13:50 h - Actualizado: 01 sep 2019 / 14:29 h.
  • «En ocasiones los MIR nos sentimos desvalidos a causa de la presión asistencial»

La mayoría de las personas que acudimos a los centros de salud desconocemos que con frecuencia nos atienden médicos internos residentes (MIR). Son gente joven, con gran vocación y ganas de trabajar en un sector conflictivo y de enorme responsabilidad, como es el de la salud, aunque también tiene sus satisfacciones. Son médicos que trabajan igual (o más) que los titulares, pero cobran mucho menos, sufren guardias leoninas, hacen rotaciones en su programa formativo y adquieren experiencia como especialistas. La médica Alicia Rodríguez García, de 27 años, es MIR, y lleva dos años y tres meses en el Área de Gestión Sanitaria de Osuna, a caballo entre el Hospital de La Merced de Osuna y el Centro de Salud de Estepa. Atiende diariamente a numerosos pacientes, de toda clase y condición. Tiene días agridulces, otros muy estresantes, pero también momentos de alegrías y experiencias enriquecedoras. Por si fuera poco, aún le queda tiempo para sus dos grandes pasiones: la música y la escritura.

P- Para ser médico hoy en día hay que ser un verdadero héroe o heroína, no sólo por la dureza de la carrera de Medicina, sino por el ejercicio profesional diario, cada vez con menos medios, más pacientes, falta de respeto al personal sanitario y mal pagado. ¿Es usted consciente del valor añadido tan importante que representan para la sociedad los médicos?

R- Considero que la sanidad es un pilar fundamental de la sociedad, junto a la educación. Tenemos uno de los mejores sistemas de salud del mundo, pero lo estamos descuidando. Muchas veces se despilfarran los recursos en banalidades, sin apreciar lo privilegiados que somos en comparación con otros países. La población en ocasiones no es consciente, por ejemplo, del coste que supone movilizar una UVI móvil (más de 700 €), la asistencia de un equipo de soporte vital básico (unos 300 €) o cuánto vale acudir a Urgencias en horario de atención continuada (unos 83 € por consulta). Por supuesto que en numerosas ocasiones está más que justificado, para eso estamos, para atender los problemas de salud de la población; pero otras veces piensas que algo está fallando en la concepción de lo “urgente” cuando el motivo de consulta es un prurito en el dedo del pie o la aparición de un grano en el pabellón auricular, casos reales todos ellos.

P- Una parte de la población le ha perdido el respeto a los médicos. Son frecuentes las agresiones y los actos de encaramiento contra el personal sanitario. Recientemente una médica del consultorio de El Garrobo ha sido ilegalmente retenida por un piquete de cien vecinos que le impidieron abandonar el centro de salud tras terminar su jornada, aduciendo que estaría allí hasta que el SAS les pusiera otro médico de guardia. ¿Es la medicina una profesión de alto riesgo?

R- Totalmente, y muchas veces no está pagada. A veces somos la diana contra la que arremeter ante una situación de descontento generalizado, especialmente en estas épocas estivales, cuando hay menos personal. Malas contestaciones, actitud hiperdemandante, desesperación y frustración (motivado por diversas situaciones, como que no haya cita en algunos centros de salud hasta dentro de varias semanas) o incluso temer por tu seguridad. Creo que lo del secuestro de la médica de El Garrobo sería impensable que le ocurriera a un abogado, a un jornalero, a un profesor o a otros trabajadores. El objetivo fundamental de los médicos es cuidar, acompañar, velar por la seguridad y la salud del paciente... pero no a toda costa. También somos personas: también tenemos familia a la que ver cuando finaliza nuestra jornada laboral, también comemos y también tenemos otras necesidades fisiológicas, sociales y personales.

P- ¿Cómo cree que ven los pacientes a los médicos, qué imagen transciende de ustedes?

R- Creo que para la gente desempeñamos una labor admirable. Pero como en todo sector de la sociedad prevalecen los prejuicios establecidos. Para un paciente, por norma general, no es lo mismo que le atienda un médico joven que uno mayor; los más jóvenes se suelen asociar con inexperiencia y generan menos confianza y autoridad, aunque no tiene por qué ser así, y por ello se rebaja el respeto. En Urgencias algunos pacientes, tanto hombres como mujeres, me han dicho "niña", "¡qué jovencita eres!" o me preguntan "¿cuántos años tienes?". Tampoco es lo mismo para los pacientes una médica que un médico, aunque por suerte se está poco a poco normalizando. Estas diferenciaciones las he percibido sobre todo en el ámbito rural, donde creo que influyen las reminiscencias machistas que imperaban hace décadas. Por ejemplo, algunos usuarios llaman al médico “Don Ángel”, por decir un nombre, pero se refieren a la médica por su nombre de pila o su apellido, "la Lola", "la Membiela"...

P- ¿Qué es lo peor que llevan los médicos MIR?

R- El contrato de los MIR es, a fin de cuentas, asistencial y formativo. Nos estamos formando a la vez que asistimos a enfermos por lo que recibimos una remuneración. Debemos estar tutorizados en todo momento. Conforme avanza nuestra formación, adquirimos más autonomía y desenvolvimiento, pero en ocasiones nos sentimos algo desvalidos a causa de la presión asistencial, que es la realidad de la sanidad pública de hoy en día. En mi hospital, que es comarcal, estamos respaldados por los adjuntos, que nos tutorizan la inmensa mayoría de las veces afortunadamente. En otros hospitales grandes me comentan compañeros que hay veces en las que sólo son los residentes mayores los encargados de supervisar a los pequeños.

P- Tengo entendido que en su trabajo, especialmente en los meses de verano, se suceden turnos inhumanos, cadencias de guardias imposibles e incluso verdaderas explotaciones en consultas externas saturadas. Ante estos incidentes, ¿ha dado con profesionales dispuestos a contribuir a su formación, pese a la situación?

R- Sí, siempre hay médicos dispuestos a contribuir a nuestra formación con una actitud docente impecable, especialmente si el residente muestra interés.

P- Cuando regrese de su merecido mes de descanso, ¿dónde le tocará rotar en los próximos meses?

R- Finalizo mi periodo de rotación por las distintas especialidades en Pediatría los próximos dos meses. A partir de diciembre vuelvo a las consultas de Atención Primaria, a mi centro de salud.

P- Usted es médica de Familia y me imagino que las causas por las que acuden los pacientes a la consulta son muy diversas. ¿Prevalece alguna sintomatología sobre las demás?

R- Sí, con el envejecimiento de la población, el ritmo de vida y los malos hábitos hay una prevalencia de patologías crónicas, como insuficiencias cardiacas, EPOC (Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica, relacionada con el consumo de tabaco), obesidad, diabetes... Y quizás también percibo, con el auge de los avances tecnológicos, que se diagnostican más casos de cáncer que antes.

P- Los MIR, junto al ejercicio profesional, deben estar en permanente formación, ¿cómo compatibilizan ambas tareas?

R- Pues, aparte de ser constantes en el estudio en casa, contamos desde nuestra unidad docente con una formación periódica, acceso a talleres, participación en sesiones clínicas, etcétera. Aquí nuestros tutores suponen un aliciente fundamental.

P- ¿Cuál es su relación con la figura del tutor o facultativo responsable de su evaluación?

R- Mi tutor es el ecijano Salvador Jiménez y es una inspiración para mí. Es pionero en el uso de la ecografía en consulta, lo que ayuda mucho al diagnóstico de determinadas patologías. Además, realiza psicoterapia básica, cuenta con un dominio envidiable de la emergencia y de los recursos de DCCU, y es muy buena persona.

P- En general y hasta la fecha, ¿cómo es su balance?

R- Mi balance es muy positivo. Como residente he tenido la oportunidad de rotar por muchos servicios diferentes, codo con codo con los distintos especialistas, adquiriendo novedades técnicas y experiencias para aplicarlas en la consulta de Atención Primaria. He podido acercarme al sufrimiento ajeno, de escuchar, de empatizar, de contactar con la muerte y emocionarme con la vida. Sólo así se sale uno del tiempo, dice la escritora Rosa Montero, con la muerte y los nacimientos: “se parte el presente por la mitad y se deja atisbar por un instante la grieta de lo verdadero”. En definitiva, la Medicina de Familia tiene algo muy positivo y es que ves al paciente de forma longitudinal a lo largo del tiempo: cómo evoluciona, cómo va superando la enfermedad, y si no es posible superarla, cómo darle las herramientas necesarias para que lleve una calidad de vida lo mejor posible. Se aprende muchísimo de la gente.

P- ¿Podría contar algún ejemplo profesional y humano que le haya causado admiración?

R- Hace algunos meses en Urgencias acudió una paciente joven por cefalea, de meses de evolución, pero hacía unos pocos días empezó a asociar alteraciones de la visión, y sensación de pesadez al andar. Le habían cambiado recientemente el tratamiento antidepresivo y lo achacaba a las nuevas pastillas; realmente venía para ver si podía cambiárselas por otras nuevas. Al explorarla, se veía cómo arrastraba un poco uno de los pies al andar, y decía no darse cuenta. Le pedimos un TAC de cráneo, y se vio una lesión ocupante de espacio considerable, que desviaba la línea media. Esa paciente fue derivada al hospital de referencia, tras explicarle los hallazgos de las pruebas, para que quedase a cargo de Neurocirugía. Fue todo un reto para mí al tener que comunicar malas noticias, al tratar de tranquilizar a la familia, al gestionar el traslado y al llegar al diagnóstico. Pues bien, esa misma mujer coincidió conmigo como acompañante hace poco en las consultas de Urología, ¡y se acordaba de mí!. Al final resultó ser una tumoración benigna, ya está operada y con su vida totalmente normalizada. La mujer me cogió la mano antes de irse, me sonrió y me dio las gracias. El ejemplo profesional que me causó admiración fue mi adjunta, Blanca, que estuvo siguiendo el caso muy de cerca y me ayudó a llegar al diagnóstico. El ejemplo humano de toda esta historia es la paciente: primero, porque superó la enfermedad con una entereza impresionante; y segundo, porque sus palabras de gratitud supusieron un impulso brutal para que yo fuera consciente de que sí merece la pena. Pese a que la medicina es una profesión de alto riesgo, pese a que en ocasiones nos sentimos desvalidos a causa de la presión asistencial, pese a las horas y horas sin dormir: merece la pena.

P- Tengo entendido que, junto a la Medicina, sus grandes pasiones son la música y la escritura.

R- Sí, sí, así es. Estoy cursando tercero de grado superior en Sevilla, en la especialidad de violín, y además adoro escribir. Escribo reflexiones a diario, algunas historias cortas que se me ocurren o, sencillamente, cosas que me pasan en mi día a día. Considero que soy una persona muy expresiva, que siente en voz alta, y por ello necesito plasmar todo lo que vivo. Como una vez dijo Fernando Pessoa: “la literatura, como el arte en general, es la demostración de que la vida no basta”.


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