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«España no debe aspirar solo al retorno del talento emigrado, sino atraer al de cualquier país»

Rocío Gaudioso Pedraza. Presidenta de la Comunidad de Científicos Españoles en el Reino Unido. Esta investigadora sevillana, de 29 años, licenciada en Biotecnología por la Universidad Olavide, tiene su puesto de trabajo en el organismo británico que coordina las políticas científicas y, además, encabeza la labor asociativa en favor de la gran cantidad de españoles que se ganan la vida haciendo ciencia en un país donde sienten gran preocupación por las consecuencias negativas del 'brexit'.

Juan Luis Pavón juanluispavon1 /
11 ago 2019 / 10:13 h - Actualizado: 11 ago 2019 / 10:24 h.
  • Rocío Gaudioso, con el logotipo de Científicos Españoles en Reino Unido, asociación que preside desde el pasado mes de junio. Foto: El Correo.
    Rocío Gaudioso, con el logotipo de Científicos Españoles en Reino Unido, asociación que preside desde el pasado mes de junio. Foto: El Correo.

“Cuando nos vamos conociendo y nos preguntamos cuánto tiempo llevamos en el Reino Unido, casi todos decimos lo mismo: Vine para unos pocos meses y llevo ya un buen número de años. En mi caso, siete años”. Rocío Gaudioso Pedraza, 29 años, bióloga, sevillana del barrio de Sevilla Este, donde siguen residiendo sus padres, a finales de junio fue elegida presidenta de Científicos Españoles en el Reino Unido (CERU), la asociación sin ánimo de lucro que hace de red para vertebrar a esa amplia comunidad de investigadores y estudiantes. Ayudarse, compartir experiencias, organizar colaboraciones, tender puentes entre quienes están en el Reino Unido y en España, servir de mediadores entre las instituciones británicas y españoles, influir desde su conocimiento en las políticas científicas, y cerrar la brecha entre ciencia y sociedad. Ahora viven la cuenta atrás de una brecha de enorme calado: el 'brexit', si el 31 de octubre se consuma que el Reino Unido abandona la Unión Europea.

Rocío Gaudioso, que lleva cuatro años implicada en dicha asociación, tiene una perspectiva especialmente valiosa en la materia porque trabaja en el Consejo Británico de Investigaciones Biológicas y Biotecnológicas (BBSRC), organismo público para impulsar las estrategias y políticas científicas de dicho país, la asignación de fondos para los proyectos prioritarios, y las oportunidades de cooperación a nivel global.

¿Dónde estudió en Sevilla?

En las Escuelas Francesas, y en el Instituto Martínez Montañés hice el bachillerato internacional. Me marcó muy positivamente esa experiencia. En clase éramos solo 15 alumnos. En Química, solo dos. La relación entre profesores y compañeros es muy diferente a cuando el alumnado es el doble. Como siempre me había atraído la ciencia, porque el proceso científico me parece muy creativo, por eso me decanté para entrar en la universidad, y elegí hacer la carrera de Biotecnología en la Universidad Pablo de Olavide porque era una opción en la que tenía más peso la parte experimental y la aplicación práctica de la investigación en Biología.

¿En qué se especializó?

En biología molecular de plantas. Para hacer el doctorado, conseguí en 2014 una beca y me fui a la Universidad de Leeds. Había estado en ella haciendo unas prácticas en 2013, durante mi último año de carrera, y me gustó lo que vi: un magnífico grupo de investigación. Querían apoyar mi desarrollo profesional, me interesaba su temática, y acepté dar el paso. Fue la mejor decisión que he tomado. Y para emigrar me sentí también muy apoyada por mi familia y mis amigos.

¿A qué dedicó su investigación?

Trabajé con legumbres, sobre todo con una similar a la alfalfa que se llama medicago truncatula. Forma una relación simbiótica con bacterias que están en el suelo vegetal, y esa relación simbiótica ayuda a la planta a fijar nitrógeno en el suelo. Eso permite no tener que suplementar el terreno con abonos, que contaminan mucho. Investigué a nivel celular para saber las señales que permitían a la planta establecer esa relación simbiótica, cómo se transmitían a través de la planta. Cómo la hoja de la planta sabe que en la raíz se está generando esa relación simbiótica. Quien me supervisó este trabajo de doctorado fue la directora del grupo, Yoselin Benítez-Alfonso, de origen cubano, que en sus inicios hizo el doctorado en la Universidad de Córdoba.

¿Hay mucha diferencia entre las universidades británicas que encabezan el 'ranking', como Oxford y Cambridge, y las demás?

No. Cuando buscas hacer carrera, mi consejo siempre es: “Piensa qué quieres y busca quién lo hace mejor. Y que te dé igual dónde esté. No te obsesiones con entrar en una famosa”. Porque cualquier universidad está conformada por facultades, por departamentos y por grupos de investigación, y no existe en el mundo la que tenga el mismo nivel en todos. Puede que en una especialidad has de intentar entrar en Cambridge, pero para otra sea mejor Glasgow. La fama de la universidad no es lo importante. Y en el Reino Unido todas apoyan a su personal investigador.

Desde hace dos años trabaja en el Consejo Británico de Investigaciones Biológicas y Biotecnológicas (BBSRC). ¿Qué organismo es su equivalente en España?

Con sus diferencias, sería la Agencia Estatal de Investigación. En el BBSRC trabajo en el equipo de estudio, diseño y desarrollo de planes estratégicos para apoyar los proyectos y la financiación pública de la comunidad científica solo del área de biología y biotecnología. Porque, si sumamos a todos los equipos similares en cada área de conocimiento, en los Consejos que se dedican a ingenierías, a medicina, a ciencias sociales, etc., somos un total de 7.000 personas dando soporte a la gestión de la comunidad científica en el Reino Unido. Y si hay tantas es porque resulta necesario para que este país tenga un nivel científico tan potente.

¿Cómo la seleccionaron?

En sus convocatorias de empleo, buscan a personas que sean investigadores con experiencia científica, que tengan pasión por la ciencia en general, capaces de relacionarse de modo eficiente con muchos científicos, de entender lo que hacen, y sus necesidades. Que no es únicamente dinero para sus proyectos, también les ayudamos a orientar sus estrategias. Un sistema de I+D+i maduro y competitivo lo es no solo por dinero sino por multitud de detalles.

Tiene su sede en la ciudad de Swindon. ¿Ahí reside?

Sí. Está entre Londres y Bristol, a una hora de camino de ambas ciudades. Swindon no está mal, pero es un poco aburrida. Sobre todo para alguien que es de Sevilla.

¿Ha de viajar mucho por Reino Unido?

Además de estar al tanto desde la oficina de todo lo que se hace en este campo, lo mejor de mi trabajo es acudir a numerosas conferencias, visitar a bastantes científicos, conocer directamente lo que están haciendo, que me lo expliquen. Me da la oportunidad de estar muy informada sobre lo que se investiga, y me encanta dialogar sobre ciencia. También realizo presentaciones en universidades para informar sobre las líneas marcadas desde el BBSRC.

¿La adulan mucho para que en sus informes ayude a seleccionarlos?

No participo en las decisiones para repartir los fondos, ni decido qué proyectos se apoyan. Nuestro papel es facilitar que la comunidad de cada área se reúna y decida qué merece la pena financiarse o no desde la inversión pública, evaluándose entre ellos como pares y estableciendo las prioridades. Hay algunos académicos que se confunden y piensan que mi trabajo va a decidir su futuro laboral, pero no es así.

¿Constata que, en comparación con España, la británica es una sociedad más conocedora de la importancia de la ciencia para su propio desarrollo?

Sí, por eso tiene organizado un sistema que favorece la donación de dinero a la ciencia. Es enorme la cantidad de personas que hace aportaciones, así como el gran número de fundaciones que existen para ese fin. Por eso la financiación está tan diversificada, no solo depende de la Administración Pública, muchísimo dinero privado permite llevar a cabo investigación. Y es mucho más fuerte la sinergia entre empresas, universidades y centros científicos.

¿En la comunidad de científicos españoles la han elegido para encabezar su representación, además de por sus cualidades personales, por estar trabajando en un organismo importante de la política científica británica, y tener más conocimiento sobre líneas de cooperación?

Llevo cuatro años vinculada al CERU, donde la labor es totalmente de voluntariado. Y se retroalimenta mucho con mi trabajo. Lo que aprendo en contacto con los científicos británicos me beneficia para mi labor en el CERU, y viceversa. Coloquialmente, a uno lo llamo mi trabajo de día y al otro mi trabajo de noche, porque, cuando llego a casa desde la oficina, es el momento de otras llamadas, de otros correos electrónicos, etc. Como estamos repartidos por todo el país, videohablamos mucho por Skype, en persona estamos juntos una o dos veces al año. Aprendo también muchísimo de mis compañeros españoles, hay un equipo increíble, con unas ganas enormes de trabajar y de mejorar todo lo que se pueda cambiar.

¿Por ejemplo?

He aprendido a gestionar mejor el tiempo, a coordinar personas, a conducir reuniones, a organizar eventos... Es una oportunidad de desarrollo profesional.

¿Cuántos investigadores españoles trabajan actualmente en Reino Unido?

Estimamos que hay entre 3.000 y 4.000. Asociados en CERU hay 700.

¿Qué vertebran desde la asociación?

Los objetivos fundacionales son estrechar lazos entre ambos países y favorecer el intercambio de conocimiento y la movilidad internacional de los investigadores. Para ser socio se paga una cuota anual muy pequeña, en función del nivel salarial en el que esté cada persona. La mínima es de 10 libras, es la que abonan los estudiantes, y la máxima es 40 libras, para quien es catedrático. A todos damos acceso a cursos de desarrollo profesional, organizamos seminarios y encuentros, ofrecemos becas de movilidad para estudiantes, ayudas para asistir a congresos en el extranjero. Y estamos muy contentos por el programa bilateral de movilidad que hemos articulado.

¿En qué consiste?

Estancias, entre tres y seis meses, para españoles que están en España con el fin de que investiguen en el Reino Unido, o para los que están en centros británicos y quieran participar en España con grupos de investigación. Firmamos un convenio con el Consejo Rector de las Universidades Españoles (CRUE) y estamos muy satisfechos de cómo se está materializando en sucesivas convocatorias.

¿Qué le motiva más?

Estamos cubriendo desde la sociedad civil que se conozca y valore el trabajo de los científicos e investigadores españoles en Reino Unido. Y somos 15 las asociaciones españolas de este tipo alrededor del mundo. Es importante contribuir a la transferencia de conocimiento sobre cómo se hace ciencia en Japón, en Alemania, en Estados Unidos,... Hacemos mucho hincapié en comunicar sobre ciencia, y los resultados refuerzan nuestra motivación.

Quienes salieron de España pensando que eso fortalecía su nivel para tener más opciones de hacer carrera científica en España, y, año tras año, no encuentran oportunidades de trabajo para retornar a su país, ¿cómo evitan sentirse frustrados?

En nuestra comunidad hay de todo. La movilidad es consustancial a la carrera de investigador. El problema surge cuando moverte o no moverte es por impedimentos y no por tu decisión. En CERU hay quienes desean regresar a España, quienes quieren ir del Reino Unido a otro país y quienes desean continuar indefinidamente en territorio británico. Confluyen decisiones personales y profesionales. El gran cambio por el que nosotros abogamos no es limitarse a retornar talento emigrado, sino que España desarrolle un sistema atractivo para atraer y retener talento, sea de la nacionalidad que sea y esté donde esté.

¿Cómo?

El sistema científico español tiene que articularse a partir de un plan estratégico con objetivos a diez años vista, y a la vez funcionar con criterios de estabilidad y certidumbre. Por ejemplo, en algo tan básico como las convocatorias nacionales. No puede ser que cada año sea una incógnita si salen o no salen, ni cuál puede ser la fecha de publicación o de resolución, ni si hay o no horizonte de continuidad cuando se hace un buen trabajo. Con tanto cortoplacismo y tanta precariedad no se consigue configurar un entorno atractivo para que, por ejemplo, cualquier investigador británico, sueco o alemán se plantee aspirar a integrarse en universidades y centros científicos de ciudades como Sevilla.

¿Cómo puede afectar el 'brexit' a quienes se dedican en Reino Unido a la investigación y ciencia?

Muchísimo. Desde la época del referéndum, hubo unanimidad entre todas las sociedades científicas y todas las universidades. Llevan años alzando la voz diciendo que el 'brexit' va a ser muy perjudicial y limitará la captación internacional de talento, que es la clave por la que el Reino Unido tiene ciencia puntera en el mundo. El 20% de la comunidad científica son personas nacidas en otros países. La concentración de talento le permite ser beneficiario neto en fondos europeos de financiación para I+D+i, recibe más de lo que aporta en la Comisión Europea. Es el país donde más proyectos son elegidos para las ayudas del Consejo Europeo de Investigación, compitiendo con los demás. También pierde eso.

¿Lo compensarán con presupuestos nacionales?

Están estudiando cómo hacerlo, pero es muy difícil reemplazar desde el interior de un país esa capacidad de canalizar sinergias y colaboraciones que te aporta formar parte de una organización de 28 países.

Está probado que en el referéndum hubo manipulaciones, como la empresa Cambridge Analytica sobre millones de usuarios de Facebook; los principales políticos pro 'brexit' han admitido que mintieron durante la campaña, y en el Parlamento no son capaces de acordar cómo se organiza la salida de la Unión Europea. ¿Por qué la sociedad británica es rehén de aquella cuestionada votación?

El referéndum ha supuesto en este país abrir la caja de Pandora. En lugar de zanjar el debate sobre la soberanía nacional en relación con Europa, se ha acentuado la polarización. Muchas investigaciones rigurosas realizadas durante los tres años posteriores al referéndum indican que muy poca gente ha cambiado de opinión. En general, quienes votaron quedarse en la Unión Europea están ahora más convencidos, y quienes votaron marcharse se reafirman aún más. Ha habido grandes movilizaciones para que se realice un segundo referéndum. Si eso ocurriera, no las tengo todas conmigo de que ganaría la rectificación.

¿En la comunidad de investigadores españoles, qué se comenta si se impone un 'brexit' a las bravas?

Hemos consultado a todos los asociados para conocer y entender sus preocupaciones. Y son muchos los que, por el 'brexit', se están replanteando su situación profesional y personal, y sopesando si se van o no a otros países. Casi todos tememos que el sistema científico británico va a ser menos atractivo. Es un ámbito tan internacionalizado, tan pro Unión Europea, que tememos el factor emocional de pasar a vivir la incertidumbre de no saber cuál será tu situación legal, cuántos meses se tardará en tramitar un visado, etc.. Piense que si hace siete años hubiéramos estado así, es casi seguro que, en lugar de salir de Sevilla a la Universidad de Leeds, yo hubiera optado por una universidad de Alemania, para evitarme esperar tres meses a que me concedan un visado.

¿Cuántas veces está en Sevilla cada año?

Tres o cuatro. La estancia más reciente fue el pasado mes de julio, participando en el congreso anual de la Sociedad Internacional de Biología Experimental, en el Palacio de Congresos. Me sentía muy orgullosa hablándoles de mi ciudad, y enseñándosela, a personas de todo el mundo.

En sus idas y venidas, ¿cuál es su visión sobre la evolución de la sociedad sevillana?

Cada vez que regreso, se refuerza mi orgullo por todo lo bueno que tienen Sevilla y Andalucía como sociedad. No es perfecta, pero yo me volvía mañana. Percibo, y así me lo comentan familiares y amigos, que hay zonas de la ciudad que se están destinado sobre todo solo a turistas. Y una ciudad no solo es para visitarla. En Sevilla siempre será bienvenido cualquier turista, pero es fundamental que sea habitada por vecindario residente. También considero que los habitantes de todos los barrios deben tener igualdad de oportunidades y los mismos equipamientos y servicios sociales. Los recursos municipales deben repartirse de manera justa y con criterio social. Donde viven casi todos los sevillanos es en barrios como el mío, Sevilla Este, y no en calles del centro como Sierpes.


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