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Estrés, ansiedad y enfermedades respiratorias

Salud al volante. Los expertos advierten de que los atascos afectan seriamente la salud física y mental de los conductores y apelan a los gobiernos a que «se lo tomen en serio» y busquen soluciones a las retenciones

Manuel J. Fernández M_J_Fernandez /
14 oct 2016 / 07:00 h - Actualizado: 14 oct 2016 / 08:40 h.
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  • Estrés, ansiedad y enfermedades respiratorias

Los atascos se han convertido en una imagen habitual de las grandes ciudades. También en Sevilla, donde sus habitantes pierden una media de 18 horas al año, según señala un estudio del medidor INRIX del Tráfico. Las calles propensas a padecer retenciones de tráfico son la avenida de las Ciencias, Diego Martínez Barrios, el Paseo Colón y la Ronda Norte, en el tramo Sur-Norte. Pero, ¿somos conscientes de los efectos nocivos que producen en la salud de las personas y en la biología urbana del entorno más próximo?

Un estudio de la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que en las ciudades españolas –también en Sevilla– se producen 20.000 muertes al año que se podrían evitar si se limpiara el aire. La OMS ha calculado que seis millones de personas fallecen al año en todo el mundo a consecuencia de las malas condiciones del aire, una tendencia, que, como indican investigadores y expertos, «va in crescendo» en los últimos años y que «en un 50 por ciento» se debe al aumento del tráfico rodado en las urbes y las habituales retenciones en las vías más saturadas de vehículos.

La circulación al ralentí deriva en situaciones que ponen en riesgo a las personas, más allá de los perjuicios en términos de tiempo y de productividad. Así está estudiado que en los ciclos de arranque y parada en marchas cortas de los atascos aumentan hasta un 50 por ciento el consumo energético. Ello genera que las emisiones de CO2 de un automóvil suban de una media cercana a los 120 gramos por kilómetro en velocidades medias de 60 a 80 km/h a los 180 gramos por kilómetro. «Se producen una serie de gases que ponen a disposición de las personas un amplio abanico de enfermedades respiratorias y cardiovasculares, que también pueden llegar a producir cáncer», detalla Enrique Figueroa, catedrático de Ecología de la Universidad de Sevilla y director de la Oficina de Sostenibilidad de la Universidad de Sevilla.

Figueroa advierte además del alto riesgo al que se exponen «colectivos concretos, como niños, embarazadas, personas mayores o enfermos cardiovasculares». Por este motivo, avisa de la necesidad de que los gobiernos de las ciudades «se tomen en serio» este asunto y realicen estudios «más serios» de los efectos que tienen los atascos en la salud de las personas, pues, como ha apuntado, actualmente hay «bastante desconocimiento». Como ejemplo ilustrativo, Figueroa recuerda que «muchos estudios miden las partículas PM10 pero no las PM 2,5, que son mucho más peligrosas, cancerígenas y que pueden llegar a producir enfermedades de pulmón». En este sentido, este experto universitario ha destacado la buena voluntad del actual gobierno socialista de Juan Espadas que se desprende de «gestos», como la creación de la delegación de Hábitat Urbano «con una proyección de velar por el hábitat más cercano y cuidarlo».

Y es que los atascos son una fuente de males para quienes lo padecen casi a diario. Distintas investigaciones universitarias han analizado las consecuencias físicas que reportan estas alteraciones del tráfico. En ellas se insiste en que el cuerpo humano no está diseñado para permanecer largas horas al volante en una misma posición con movilidad limitada. «Esta condición antinatural, asociada a la tensión y angustia derivados del retraso, la pérdida de tiempo y la impotencia por no lograr salir, produce efectos negativos que no se hacen esperar».

Entre ellos, se citan los problemas de dolores de cuello, articulaciones y lumbalgia derivados de «la mala postura que muchas veces se asume dentro del vehículo para intentar hacer un poco más cómodo el viaje pero a costa de ir sobrecargando la columna lumbar y sus músculos asociados». De igual manera, también genera edema o hinchazón en las piernas, al permanecer por un tiempo prologado sentados y sin capacidad de poder estirar adecuadamente las piernas; hipertensión arterial, prurito y sequedad ocular, e irritabilidad, estrés y la ansiedad en el plano psicológico. «Nos ponemos a pitar, nos desesperamos, bajamos la ventanilla y empezamos a lanzar improperios a diestro y siniestro. Todo ello nos produce un estado de histeria y mal estar general que, luego pagamos con el vecino o la propia familia al llegar a casa, o con el quiosquero del barrio o el primero que nos encontremos al bajar del coche», relata Figueroa, que realiza la afirmación categórica de que «el coche no es bueno» y que los atascos «terminan deteriorando las relaciones humanas de las personas que los padecen a diario».

Lamentablemente, en estos casos, los médicos coinciden en que la prevención «es casi imposible», ya que «no depende de un individuo por lo que resta estar al tanto de las consecuencias deletéreas del tráfico en el organismo para tratar de mitigarlas con actividades que tiendan a contrarrestar estos efectos». Según apuntan además investigadores y estudiosos de la movilidad en las ciudades, sortear las consecuencias que conlleva a la salud de los conductores «no es tarea fácil».

Los atascos también revierten en la contaminación acústica. Hay estudios que afirman que debido al ruido excesivo de las calles saturadas una persona puede llegar a perder una media de 8,2 meses de vida. El gerente de la Asociación Española para la Calidad Acústica (Aecor), Felipe Merino, ha explicado un poco más de este daño directo: «Con el paso del tiempo, el no disfrutar de un buen descanso provoca estrés prolongado y fatiga. Además, al final surgen problemas de insomnio, taquicardia, e incluso la sangre se puede espesar, dificultándose su circulación por el cuerpo». Una teoría que recoge en su blog la plataforma Run Sevilla, una agrupación vecinal creada en contra del ruido y la polución generados por el tráfico rodado en Sevilla, especialmente en la Ronda Norte de la ciudad. Precisamente, los vecinos de la Ronda Norte han alertado a la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA) del «ruido excesivo» que se cuela a diario en sus hogares.

Los atascos se han convertido en una imagen habitual de las grandes ciudades. También en Sevilla, donde sus habitantes pierden una media de 18 horas al año, según señala un estudio del medidor INRIX del Tráfico. Las calles propensas a padecer retenciones de tráfico son la avenida de las Ciencias, Diego Martínez Barrios, el Paseo Colón y la Ronda Norte, en el tramo Sur-Norte. Pero, ¿somos conscientes de los efectos nocivos que producen en la salud de las personas y en la biología urbana del entorno más próximo?

Un estudio de la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que en las ciudades españolas –también en Sevilla– se producen 20.000 muertes al año que se podrían evitar si se limpiara el aire. La OMS ha calculado que seis millones de personas fallecen al año en todo el mundo a consecuencia de las malas condiciones del aire, una tendencia, que, como indican investigadores y expertos, «va in crescendo» en los últimos años y que «en un 50 por ciento» se debe al aumento del tráfico rodado en las urbes y las habituales retenciones en las vías más saturadas de vehículos.

La circulación al ralentí deriva en situaciones que ponen en riesgo a las personas, más allá de los perjuicios en términos de tiempo y de productividad. Así está estudiado que en los ciclos de arranque y parada en marchas cortas de los atascos aumentan hasta un 50 por ciento el consumo energético. Ello genera que las emisiones de CO2 de un automóvil suban de una media cercana a los 120 gramos por kilómetro en velocidades medias de 60 a 80 km/h a los 180 gramos por kilómetro. «Se producen una serie de gases que ponen a disposición de las personas un amplio abanico de enfermedades respiratorias y cardiovasculares, que también pueden llegar a producir cáncer», detalla Enrique Figueroa, catedrático de Ecología de la Universidad de Sevilla y director de la Oficina de Sostenibilidad de la Universidad de Sevilla.

Figueroa advierte además del alto riesgo al que se exponen «colectivos concretos, como niños, embarazadas, personas mayores o enfermos cardiovasculares». Por este motivo, avisa de la necesidad de que los gobiernos de las ciudades «se tomen en serio» este asunto y realicen estudios «más serios» de los efectos que tienen los atascos en la salud de las personas, pues, como ha apuntado, actualmente hay «bastante desconocimiento». Como ejemplo ilustrativo, Figueroa recuerda que «muchos estudios miden las partículas PM10 pero no las PM 2,5, que son mucho más peligrosas, cancerígenas y que pueden llegar a producir enfermedades de pulmón». En este sentido, este experto universitario ha destacado la buena voluntad del actual gobierno socialista de Juan Espadas que se desprende de «gestos», como la creación de la delegación de Hábitat Urbano «con una proyección de velar por el hábitat más cercano y cuidarlo».

Y es que los atascos son una fuente de males para quienes lo padecen casi a diario. Distintas investigaciones universitarias han analizado las consecuencias físicas que reportan estas alteraciones del tráfico. En ellas se insiste en que el cuerpo humano no está diseñado para permanecer largas horas al volante en una misma posición con movilidad limitada. «Esta condición antinatural, asociada a la tensión y angustia derivados del retraso, la pérdida de tiempo y la impotencia por no lograr salir, produce efectos negativos que no se hacen esperar».

Entre ellos, se citan los problemas de dolores de cuello, articulaciones y lumbalgia derivados de «la mala postura que muchas veces se asume dentro del vehículo para intentar hacer un poco más cómodo el viaje pero a costa de ir sobrecargando la columna lumbar y sus músculos asociados». De igual manera, también genera edema o hinchazón en las piernas, al permanecer por un tiempo prologado sentados y sin capacidad de poder estirar adecuadamente las piernas; hipertensión arterial, prurito y sequedad ocular, e irritabilidad, estrés y la ansiedad en el plano psicológico. «Nos ponemos a pitar, nos desesperamos, bajamos la ventanilla y empezamos a lanzar improperios a diestro y siniestro. Todo ello nos produce un estado de histeria y mal estar general que, luego pagamos con el vecino o la propia familia al llegar a casa, o con el quiosquero del barrio o el primero que nos encontremos al bajar del coche», relata Figueroa, que realiza la afirmación categórica de que «el coche no es bueno» y que los atascos «terminan deteriorando las relaciones humanas de las personas que los padecen a diario».

Lamentablemente, en estos casos, los médicos coinciden en que la prevención «es casi imposible», ya que «no depende de un individuo por lo que resta estar al tanto de las consecuencias deletéreas del tráfico en el organismo para tratar de mitigarlas con actividades que tiendan a contrarrestar estos efectos». Según apuntan además investigadores y estudiosos de la movilidad en las ciudades, sortear las consecuencias que conlleva a la salud de los conductores «no es tarea fácil».

Los atascos también revierten en la contaminación acústica. Hay estudios que afirman que debido al ruido excesivo de las calles saturadas una persona puede llegar a perder una media de 8,2 meses de vida. El gerente de la Asociación Española para la Calidad Acústica (Aecor), Felipe Merino, ha explicado un poco más de este daño directo: «Con el paso del tiempo, el no disfrutar de un buen descanso provoca estrés prolongado y fatiga. Además, al final surgen problemas de insomnio, taquicardia, e incluso la sangre se puede espesar, dificultándose su circulación por el cuerpo». Una teoría que recoge en su blog la plataforma Run Sevilla, una agrupación vecinal creada en contra del ruido y la polución generados por el tráfico rodado en Sevilla, especialmente en la Ronda Norte de la ciudad. Precisamente, los vecinos de la Ronda Norte han alertado a la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA) del «ruido excesivo» que se cuela a diario en sus hogares.

EL RUIDO TAMBIÉN AFECTA AL CANTO DE LAS AVES

Las especies animales que viven en áreas urbanas son otras víctimas de las condiciones ambientales alteradas a consecuencia de los problemas de tráfico. Dos de las modificaciones antrópicas más importantes son la luz artificial y el ruido del tráfico, que afectan potencialmente a la vida animal en las ciudades. «Hasta el momento se habían hecho estudios sobre cómo repercute la luz artificial al canto de las aves, pero en nuestro estudio analizamos por primera vez cómo lo hace el ruido. Observamos que aves como el estornino negro (Sturnus unicolor) y el gorrión doméstico (Passer domesticus) adelantan su canto a horas más tempranas por este motivo», ha explicado Aída Arroyo, de la Universidad de Sevilla.

Los investigadores han hecho un experimento en las calles de Sevilla sobre los cambios en el ruido del tráfico durante la mañana en los hábitats ocupados por aves, para comprobar los niveles de las actividades humanas y las alteraciones en el tiempo de actividad del canto aviar. «Fuimos unas tres horas antes del amanecer a estas calles, donde previamente habíamos grabado el ruido del tráfico de hora punta, y las expusimos a estas grabaciones mediante unos altavoces, con los que aumentamos el ruido ambiental a unos 65 decibelios aproximadamente. Así pudimos comprobar el efecto en el despertar de las aves, y lo comparamos con la hora de inicio habitual», ha detallado la investigadora implicada en este proyecto.

En este contexto, se estudió la evolución del ruido del tráfico en un total de 12 calles de la capital andaluza, desde el amanecer hasta hora punta. En aquellas relativamente ruidosas –con niveles sonoros de alta amplitud basal desde horas tempranas– se produjo un adelanto temporal del ruido, con tráfico más continuo. «En las aves que cantaban en momentos más precisos al amanecer, como el gorrión entre una y dos horas antes, y el estornino, una hora antes del amanecer hemos detectado ese adelanto. Las demás tienen un inicio más variable y más amplio», concluye Arroyo. Entre 20 minutos y media hora es lo que se adelantó el canto de estas aves.

El estudio describe que en las calles más silenciosas a primeras horas del día, que se combinan con picos de ruido de breve duración –producido por un flujo de tráfico discontinuo– seguidos por un fuerte aumento en los niveles de ruido a lo largo de la mañana, también se observó este adelanto, «lo que parece poner de manifiesto la alta receptividad a fluctuaciones en los factores ambientales antropogénicos, en este caso el ruido, de especies tan adaptadas a las ciudades como el gorrión».


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