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Crónicas dominicales

Europa: debilidad, sálvese el que pueda, populismos

11 abr 2021 / 05:00 h - Actualizado: 11 abr 2021 / 05:00 h.
"Crónicas dominicales"
  • Miembros del Parlamento Europeo. / EFE
    Miembros del Parlamento Europeo. / EFE

Europa lleva toda la vida peleándose entre sí. Todo lo bueno y lo malo que existe en el planeta viene de Europa. Estados Unidos es hijo de Europa, toda América imita a Europa, los descendientes de nosotros, los europeos colonizadores y en especial los españoles, se convirtieron en segmento social dominante al que a su vez dominaron desde el segmento hegemónico de EEUU, ahí se formó una mezcolanza en la que los indígenas pintan poco y además se sienten atraídos por Occidente aunque “jueguen” a las identidades.

El indigenismo, desde Europa, es un factor romántico, sobre todo para la juventud, que enlaza con la filosofía falsa del buen salvaje. Por su parte, Japón se occidentalizó desde mediados del siglo XIX con la invasión occidental, sobre todo de EEUU e Inglaterra, y las dos bombas atómicas que sufrió giraron su actividad hacia la tecnología y hacia el gusto occidental. Los dibujos animados japoneses tienen los ojos redondos, todo un símbolo. Por supuesto que en todas partes hay peculiaridades, culturas, señas de identidad, pero a la hora de la verdad la cabra tira al monte y el monte se llama Europa donde una clase especial de personas a las que llamamos burgueses, desde la Baja Edad Media levantó un mundo hasta llegar a lo que es hoy.

Si Europa muriera, si Marx viviera...

Si Europa muriera, en realidad no moriría porque ahí quedaría su herencia que nos ha llegado desde Mesopotamia, Egipto, Grecia, Fenicia, Etruria, Roma, Cartago, Alejandría, los Otomanos... Somos los vencedores de la Historia pero ahora no sé lo que somos, estuve contra el Brexit y sin embargo siempre dije que Inglaterra saldría adelante, un país que levantó el imperio como el que construyó en el XIX, que en el siglo XVII, antes que Francia, ya se había librado de la monarquía absoluta, le cortó la cabeza a un rey y cuando repuso la monarquía aquella nueva corona era un mero decorado, un souvenir de su historia; un país que resistió a Hitler como lo hizo y que luego pone en pie el neoliberalismo por medio de una feminista llamada Margaret Thatcher a las que las feministas progres no quieren; un país que echa al ejército argentino de Las Malvinas en un paseo y que se permite el lujo de hospedar a Pinochet y negarle a un juez español como Baltasar Garzón su extradición a España para ser juzgado por genocidio; un país que aún es el foco de los jóvenes españoles y a cuyos habitantes esperan como agua de mayo en islas, costas y hoteles españoles..., ahora creo que ha hecho bien en decir más vale solo que mal acompañado por una Europa que no sabemos aún lo que es. El mundo es muy grande, sus mercados también lo son, empezando por la capitalista China.

Si Marx viviera, tal vez nos diría que la formación de la llamada Unión Europea es una demostración de su teoría del materialismo histórico. Desde el punto de vista histórico, el mundo funciona tal y como lo interpretó Marx. Su fallo fue creer en la bondad innata del humano, con ese proletariado redentor, aunque en cuestiones de estudios sobre evolucionismo humano, tal vez su amigo Engels le lleve la delantera, aunque se basara demasiado en los postulados del antropólogo Lewis Morgan. El caso es que la UE no se formó desde el consenso social, desde la democracia y la cultura común, desde esa especie de sueño de Carlomagno, de estacados europeístas de entreguerras, sino desde los intereses minoritarios de las multinacionales y de la banca.

Euro, el nuevo dios solar

En 2002 asistimos a esa representación teológica heliocéntrica del euro que parecía un monumento-templo al dios Atón colocado a la vista de todos. Al mismo tiempo, se formó una estructura bancaria en la que la banca pública europea se entendía con la banca privada de los países de la UE, no con los estados y por tanto no con los ciudadanos.

Europa: debilidad, sálvese el que pueda, populismos
La escultura del euro frente al Banco Central Europeo

Después, sobre esta estructura económico-financiera se alzó la superestructura política, tan lejana de los ciudadanos, tan rentable para los políticos. Los ciudadanos tenemos muy poca idea de cuáles son realmente los organismos que se supone que conducen la UE, oímos nombres, instituciones, cifras, pero nada de una visión total, sólida y cultural desde la niñez sobre en qué cultura común nos asentamos, qué significa realmente esa bandera azul con sus estrellas, cuáles son los puntos emocionales e históricos que nos pueden unir como europeos. Parece que Europa, la UE más en concreto, es solo un nombre que huele a decadencia evidente. ¿Por qué? Porque ha sido construida por mercaderes, por tenderos, por usureros sin sensibilidad espiritual, histórica, sólo mirando por la alcancía, en alianza con otras dos patas ajenas a Europa pero contaminadas de mercantilismo negativo: Estados Unidos y Japón.

Descomposición, populismos y Rusia

¿Cómo nos vamos a extrañar entonces de que surjan eso a lo que llaman populismos? La denominada democracia europea ahora mismo es sinónimo de debilidad, de desarticulación, de caos ideológico, de descomposición, inseguridad, de “sálvese el que pueda”, el simple ejemplo de las vacunas lo pone de relieve. Hace falta un golpe de timón serio, contundente en lo ideológico y en lo identitario, integrando a los ciudadanos en un proyecto común en el que entre Rusia, no se puede estar tan lejos de Rusia y tan cerca de Estados Unidos porque lo ordene Estados Unidos que surgió de nosotros.

A Rusia le hemos dado el papel de maligna y nos estamos equivocando. Hay que aspirar a una entente con ella, hay que ser Europa, que nadie mande sobre Europa porque, si es así, mejor que cada cual se las arregle como pueda, a competir por ser los mejores y ganar dinero, en eso España no estaría mal situada si los españoles nos quisiéramos y nos uniéramos mucho más de lo que lo estamos. España no necesita enemigos, ella es su propio enemigo, de ahí que precise a alguien de quien depender como si fuera un territorio que, a pesar de su antigüedad, aún necesita una mamá y un papá que le inspiren autoridad porque no es capaz de volar por sí sola en el mundo, aprovechando además su brillante pasado histórico. España se parece a Europa en que se desmiembra, pero la mitifica por necesidad y por eso tiene a Europa como a la madre que evita que los hermanos españoles se peleen y se vaya cada cual por su sitio, en una dinámica de suicidio colectivo.

El trabajo por unir Europa

A juicio de la profesora de la Universidad Autónoma de Madrid, Pilar Folguera, el periodo de entreguerras será especialmente prolífico en nuevas ideas y nuevos defensores e impulsores de la idea de Europa frente al clima de preguerra que se mueve durante los años veinte. En 1918, Luigi Einaudi, político y economista italiano, afirmaba que una unión federal europea resultaría una alternativa viable y eficaz frente a la sociedad de naciones para asegurar la paz y la armonía en Europa. “El Manifiesto Paneuropeo de 1924, en el que se instaba a impulsar la unión de los pueblos de Europa dentro de una federación, claramente significaba la superación de los viejos estados nacionales y la posibilidad de que Europa tuviera un papel relevante en la comunidad internacional, comunidad en la que Estados Unidos de América o la Unión Soviética estaban comenzando a tomar el relevo de la hegemonía internacional”.

En 1930, Arístide de Briand, ministro de Asuntos Exteriores de Francia, defendía una unión moral de Europa. La muerte de Briand y la llegada del nacionalsocialismo al poder interrumpió estas aspiraciones. Sin embargo, Europa superó las tensiones propias de una guerra mundial y se estableció un llamado Triángulo Renano con Francia, Alemania y el Benelux para seguir avanzando en la unidad de Europa. Inglaterra era punto y aparte. Durante los años 30 y 40, se oponía a bloques regionales de intercambio; sus preferencias se orientaban hacia mantener relaciones económicas y comerciales como la Commonwealth y mantener sus lazos bilaterales con Estados Unidos. Suena un poco a Brexit, ¿verdad? Sin embargo, casi al mismo tiempo, la idea de unidad europea aparece en los escritos de Winston Churchill como algo recurrente. Surge en diferentes momentos de su extensa trayectoria política y en momentos concretos aparece como un aspecto muy relevante de su política internacional.

Para Churchill, la organización que pudiera surgir en Europa no debía plantearse como un rival de Naciones Unidas sino que debía estar dentro de ella, utilizando el término de United States of Europe, ya mencionado anteriormente por Aristide de Briand.

Por otra parte, la profesora Folguera nos informa de que el Congreso de La Haya tuvo la capacidad de establecer un programa de mínimos de la organización europea, de enunciar los objetivos generales y en algunas ocasiones de sugerir los medios para su realización. Efectivamente, las bases jurídicas, políticas y sociales de la futura Comunidad Europea las podemos encontrar en el congreso de mayo de 1948: las primeras instituciones europeas, parlamentarias, jurídicas, culturales, técnicas, los principios generales del mercado común, pero también encontramos en este congreso el rechazo de dotar a las instituciones de un poder de decisión político impuesto a partir del sufragio popular.

La España proeuropea y proespañola

A partir de estos hechos llegaron otros, todos mostraban interés por una Europa Unida. Mientras, en España, Joaquín Costa proponía la regeneración del país, ¿les suena de ahora mismo? Costa defenderá la reforma legislativa y social, esto es, capitalización del campo, política hidráulica y agraria que permitiera afrontar las necesidades de la población, educación, salud pública y seguridad social, vertebración social nacionalizadora. Propondrá la fusión entre tradición y modernidad, entre europeización y casticismo; éstos son los parámetros en los que Costa pretenderá armonizar la Europa de la ciencia y las viejas tradiciones jurídicas y sociales de España.

Otro referente intelectual sobre la urgente necesidad de europeizar a la ciudadanía española lo encontramos en Ortega y Gasset. Para Ortega, España debe situarse en una identidad dual que le permita recuperar su identidad como tal y su vinculación con Europa. Es preciso recuperar la historia de España, más allá del desastre y de la conciencia de fracaso. España constituye, no solamente un eje vertebrador del pasado de Europa sino también el futuro de la realidad europea. España en Europa y Europa en España: éste es el proyecto de integración que Ortega sueña para su país.

Por su parte, Salvador de Madariaga propugnará desde su perspectiva una revisión de la historia de Europa con el fin de constituir una genuina identidad europea que prescinda de los prejuicios nacionales históricos y favorezca la comprensión mutua.

¿Qué ha pasado?

Parece como si todos estos hitos históricos no hubieran existido. ¿Qué ha sucedido? Las crisis bancarias, la pandemia y el Brexit más los problemas de la migración han debilitado a Europa, da la impresión de que aquí no hay estado europeo, que esto puede desmoronarse como el Imperio Romano de Occidente tras la caída de Roma a manos de Odoacro en el año 476, lo cual abrió un enorme vacío y dio paso al feudalismo. No me cabe duda de que saldrá adelante porque será la Vieja Europa pero más sabe el demonio por viejo que por demonio. No va a ser fácil y en esta coyuntura los populismos van a tener un considerable protagonismo. Pero ellos no son los culpables sino los efectos del egoísmo autodestructivo humano, algo que no es totalmente nuevo en la Historia.


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