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Gordafobia: «Te contratan si hace falta una negra gorda, no cuando necesitan una bailarina»

Charlamos con la bailarina María Rodríguez, una sevillana que nos explica desde su experiencia cómo la sociedad ha configurado a la gordura como lo contrario a un cuerpo válido

Verónica Ojeda verojeper /
15 ago 2021 / 04:00 h - Actualizado: 15 ago 2021 / 09:16 h.
"Series","Moda","Entrevista","Belleza","Musical"
  • María Rodríguez./ Fotografía de Valentín Ángel Limón Sarabia.
    María Rodríguez./ Fotografía de Valentín Ángel Limón Sarabia.

«Hubo una época en la que me quedé muy delgada por malos medios, porque no fue de una forma sana, y conseguí pesar 70 kilos. Fue ahí cuando me sentí preparada para empezar a formarme en el baile y, aun con ese cuerpo, que es el mejor que he tenido hasta ahora, me sentí desplazada. No veía referentes con mi cuerpo en el baile y pensaba: “¿Cómo me voy a dedicar yo a eso si lo que veo con mi tipo de cuerpo es un 1 por ciento?”. Eso no me frenaba a dejar de hacerlo, pero sí sentía mucho miedo, un sentimiento que a lo mejor si pesase menos no hubiese tenido». Así se expresa María Rodríguez al comienzo de la entrevista con El Correo de Andalucía, que podéis verla al completo en el siguiente enlace. Una sevillana que quiere ser bailarina profesional desde que era pequeña, pero que se ha tenido que enfrentar a muchos prejuicios por ser gorda y además mujer. Ahora está completamente comprometida con el body positive -un movimiento que pone en valor todos los cuerpos-, y la defensa de los cuerpos de las mujeres. «Los hombres no tienen la presión que tenemos las mujeres de ser perfectas, estar guapísimas y tener las medidas 90, 60 y 90 de siempre», explica.

La presión social que menciona María fue denominada como violencia estética por la socióloga Esther Pineda y es aquella que impone a las mujeres que tienen que estar siempre bellas y delgadas; unos cánones de belleza impuestos por el sistema patriarcal que hacen que las mujeres traten de modificar su apariencia para ser aceptadas. Cuando no se consigue ese ideal de belleza, las mujeres se sienten rechazadas, como así sucede con la gordafobia -discriminación que se ejerce sobre la mujer gorda por el hecho de ser mujer y gorda-. De hecho, la bailarina expresa que en el mundo artístico esta segregación es algo que se multiplica por 100 en el caso de las mujeres: «En un casting me dijeron: “¿qué hace aquí esta gorda?”, cuando yo sabía hacer el trabajo perfectamente o incluso bailaba mejor. ¿Por qué tengo que demostrar todo el doble por estar gorda?».

La sociedad ha posicionado a los cuerpos delgados como saludables e ideales y, por el contrario, a la gordura como lo contrario a un cuerpo válido, asociándose al sedentarismo y a la mala salud. Esto provoca que se reproduzcan mensajes de odio hacia las personas con sobrepeso. La bailarina recuerda lo que le sucedía cuando era pequeña en los recreos: «En el colegio si me veían con una fruta me decían: “mira la gorda que se está intentando poner a dieta” y si me veían con un donut era “mira la gorda que se está comiendo un donut”. Me metían mucha caña». «Asociar a una persona gorda con el sedentarismo es más fácil porque somos un meme y una comedia fácil. La sociedad no es capaz de pensar que la gorda a lo mejor corre todas las mañanas y cena fruta. Yo me considero una persona bastante más sana que otras personas más delgadas y eso es algo que la gente no concibe», añade.

La televisión, la cultura cinematográfica e, incluso, la industria musical, entre muchos otros ámbitos de la sociedad, siempre han reflejado a los cuerpos gordos con una carga negativa repleta de prejuicios propios de la gordofobia -discriminación que se ejerce sobre las personas gordas por el hecho de serlo-. Nunca desde el punto de vista de que son cuerpos reales de personas que ante todo deben ser respetadas. «Siempre nos han vendido el mismo tipo de cuerpo: ya sea el de los ángeles de Victoria Secret o el de las clásicas protagonistas de las series, pero nunca he visto una mujer gorda como protagonista de una película. ¿Por qué no puedo ser la protagonista de la historia?». «Debe haber más referentes reales para que una niña de 15 años no quiera dejar de comer o matarse a hacer ejercicio para parecerse a Hannah Montana cuando a lo mejor su cuerpo o metabolismo no se lo permite», expresa.

María afirma en este sentido que todavía no hay inclusividad de cuerpos en el baile y la diversidad que hay es porque están de moda las mujeres gordas. «No nos respetan, sino que nos utilizan para las modas. Si hace falta una negra gorda te contratan, pero para el que simplemente hace falta una bailarina o, incluso, podríamos decir una persona, no. Nunca van a coger a la gorda para un trabajo normal».

Más cuerpos reales en nuestras pantallas. Sin filtros. Sin editar. Reales. Con celulitis, estrías, cicatrices, venas y pelo, porque nada de eso es una imperfección, sino una realidad. Y no hay nada más real que reflejar la diversidad de los cuerpos de todo un planeta tierra. No más comparaciones entre cuerpos y más referentes donde se vean todo tipo de cuerpos y personas, porque absolutamente todos son válidos y deben ser respetados.


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