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«Hay que capitalizar el caudal de simpatía internacional y convertirlo en inversiones»

Entrevista a javier Sancho velázquez, ejecutivo de Podesta Group. Es uno de los sevillanos con más experiencia en la política internacional y el alcalde de Sevilla, Juan Espadas, se reunió con él durante su reciente viaje a Washington

Juan Luis Pavón juanluispavon1 /
17 oct 2015 / 22:59 h - Actualizado: 18 oct 2015 / 17:49 h.
"Son y están"
  • Javier Sancho Velázquez, en la sede de Podesta Group en Washington. / El Correo
    Javier Sancho Velázquez, en la sede de Podesta Group en Washington. / El Correo

“Desde muy niño tuve claro que mi vida sería internacional y desde muy pronto decidí que estudiar Relaciones Internacionales era mi objetivo. De niño estudiaba los mapas y leía y releía las historias de Tintín. Creció mi interés por el mundo más allá de Alcalá del Río, Sevilla o España. El acceso a la lengua inglesa, gracias a mi madre, y aprender pronto francés, fueron fundamentales. Pero nunca imaginé que llegaría a ser partícipe, de forma modesta pero partícipe, de aquello que para mí siempre fue un sueño”. Javier Sancho Velázquez ha estado al menos una vez en 122 países, muchos más de los que transitó sobre el papel su héroe del comic. Anecdotario no le falta para relatar a sus cuatro hijos. Ha sido miembro del Servicio Exterior de la Comisión Europea, asesor de Naciones Unidas para América Latina-Caribe y, en el Gobierno español, fue jefe de gabinete del Ministerio de Exteriores durante el mandato de Miguel Ángel Moratinos como ministro, y posteriormente embajador-observador permanente de España en la Organización de Estados Americanos, la OEA. Desde 2012 trabaja en Washington asesorando e intermediando para gobiernos y empresas como directivo del lobby Podesta, uno de los más importantes en Estados Unidos. Flavia, su esposa, es abogada del Banco Mundial y ejerce desde la sede central en la capital norteamericana.

Javier Sancho Velázquez nació en 1964 en Alcalá del Río, en la calle Ilipa Magna (el nombre que los romanos dieron a este municipio), “en la casa que construyó mi abuela cerca de la panadería que regentaba”. Su madre es ilipense y su padre, vallisoletano, trabajó en Sevilla en varias empresas y fue corresponsal de ‘El Correo de Andalucía’ en Alcalá del Río. Javier Sancho Velázquez es el cuarto de sus cinco hijos. Prole de amplios horizontes, pues su hermana Angeles es profesora en la Universidad de California-Fullerton; su hermana Mariló trabaja en Casa Árabe (Córdoba); su hermano Jesús es violinista de la Sinfónica de Sevilla tras iniciar su carrera en orquestas foráneas, y su hermano Fernando es pintor y profesor de arte en Dorset (Reino Unido). “He mantenido vivo el contacto con mi pueblo y mis paisanos. En 2006 tuve el inmenso honor de ser el pregonero de Semana Santa para mi Hermandad de la Soledad. Siempre que puedo regreso a vestirme de nazareno el Viernes Santo”.

¿Qué vivencias de su infancia en Alcalá del Río fueron más influyentes en su trayectoria posterior?

Mi infancia en Alcalá fue muy feliz. Hacíamos la vida en la calle, en un entorno seguro y rodeado de amigos y familia. Mis padres nos transmitieron su amor por la cultura, los viajes, los libros y la música. También aprendimos a valorar el maravilloso campo sevillano. Mi primera escuela fue el colegio público del pueblo. Ser un niño de pueblo tiene muchas ventajas y tuve la suerte de poder disfrutarlas.

Usted tenía 21 años cuando España firmó la adhesión a las Comunidades Europeas y zanjó décadas de aislamiento. ¿España se ha ‘europeizado’ debidamente en términos de eficiencia y ejemplaridad de sus instituciones a nivel estatal, autonómico, provincial y local?

Viví con intensidad aquellos años. Yo tenía una sólida vocación europeísta. Llegué a Bruselas en 1986, justo cuando iniciábamos nuestra andadura en las instituciones europeas. Nuestro ingreso no era el final del trayecto sino más bien la estación de salida. Se ha avanzado muchísimo, pero aún queda mucho por hacer. A veces uno tiene la sensación de que la Europa institucional se aleja de sus ciudadanos, de sus anhelos y necesidades. Se echa en falta esa Europa que haga política con mayúsculas. Hay que exigir a nuestros representantes que gestionen la cosa pública sin creer que les pertenece solo a ellos. Su labor, muchas veces digna de encomio, es llevar a cabo el mandato que le damos todos.

¿Cómo ha sobrellevado la necesidad de protegerse del espionaje?

He tenido acceso durante muchos años a información valiosa y siempre la discreción como seña de identidad. Con el tiempo, uno aprende a medir sus palabras y a no decir nada de lo que más tarde te puedas arrepentir. Cuando estalló el escándalo Wikileaks y vi que mi nombre aparecía hasta cuatro veces, acudí con sorpresa y cierta aprensión a leer aquellos textos. Al leerlos, no pude sino estar de acuerdo con todo aquello que dije y que mis interlocutores reprodujeron fielmente en aquellos telegramas que pasaron a ser domino público.

¿Cuál es el logro del que se siente más satisfecho en su trayectoria en las instituciones? ¿Acaso participar en las negociaciones de paz en Oriente Próximo?

Estoy muy orgulloso de mi trabajo. La diplomacia sigue siendo una herramienta esencial para la paz y la estabilidad a pesar de su mala fama y de su banalización. La globalización la ha hecho si cabe aún más relevante. Y rara vez puede darse el trabajo diplomático por concluido. Son procesos largos y complejos. Los tratados se firman pero luego hay que ratificarlos y, lo que es más importante, hay que cumplirlos. Tener el sentimiento de que con mi trabajo se hayan salvado vidas humanas y de haberlo hecho con dignidad, es lo que realmente me produce un orgullo íntimo y real.

¿Cómo tuvo lugar el fichaje por Podesta Group?

Conocí a Tony Podesta durante mi trabajo en la OEA. Unos meses después de haber concluido mi mandato como embajador, y tras haberme reincorporado a mi trabajo en el Servicio Exterior europeo en Bruselas, recibí una carta de Tony con una oferta de trabajo. Pedí excedencia y me decidí a dar el salto.

¿En qué se diferencia gestionar las influencias desde un alto cargo institucional a hacerlo desde un lobby?

La sustancia no cambia: Estudiar y entender la situación, extraer el caos de la complejidad y diseñar una estrategia inteligente. Mi trabajo en Podesta no es de lobista, para ello hay que estar registrado ante las autoridades estadounidenses y yo no lo estoy. Mis compañeros lobistas ejercen su trabajo en un marco muy transparente y regulado al detalle. El lobby es un elemento intrínseco del sistema político de los EEUU. Quizás se explique mejor si se tiene en cuenta la gran concentración de poder que hay en Europa y la descentralización en Estados Unidos. Un senador puede influir e intervenir directamente en la formulación de la política exterior americana. Nuestros diputados y senadores tienen menos margen de actuación individual en el juego político español. Existe además en EEUU un vínculo mucho más estrecho y cotidiano con los ciudadanos que los eligen en sus circunscripciones, lo que también afecta a la manera de aproximarse a determinados temas que puedan tener interés local o regional.

¿Cuál es su cometido en Podesta?

Trabajo en el departamento internacional de Podesta y soy responsable de una serie de clientes. Funcionamos creando equipos con un manager y un número variable de colegas con diferentes especializaciones, ya sea energía, transporte o sanidad. También tenemos expertos en redes sociales, periodistas o diseñadores que ayudan a nuestros clientes a mejorar su imagen de empresa y a manejar situaciones de crisis. Los equipos se conforman en función de las necesidades de nuestros clientes, ya sean estos Embajadas y Gobiernos o empresas norteamericanas o internacionales. Nuestra labor es ofrecer una estrategia inteligente y realizable que normalmente incluye tanto contactos institucionales como relaciones públicas y planes de comunicación. Lo que más satisfacción me produce es trabajar en la promoción de empresas españolas, algunas de las cuales son clientes, y ayudarlas para que se abran camino en un mercado tan maduro y competitivo como el norteamericano.

¿Qué conocimiento tienen de Andalucía los mandatarios, inversores, empresarios, políticos y lobbistas con los que usted se relaciona?

No hay interlocutor al que le diga con orgullo que soy de Sevilla que no reaccione con un comentario positivo. Algunos han visitado Andalucía y quieren volver, otros quieren hacerlo cuanto antes. Pero el conocimiento de la realidad económica y política andaluza es muy epidérmico. Hay que capitalizar esa corriente de simpatía y prejuicio positivo, pero aún queda mucho por hacer para que la conversación incluya también todo aquello que ha de convertir nuestra tierra en un foco de interés e inversión.

¿Cómo hace lobby una ciudad europea en Washington o en Bruselas?

No cabe duda que una ciudad que se promociona acompañada de su gente y de sus empresas es más eficaz. Las instituciones tienen una responsabilidad primordial pero la acción institucional aislada puede acabar siendo poco productiva. Es un esfuerzo colectivo con la idea de conseguir beneficios para todos. Hay fórmulas imaginativas para hacer que los sectores privado y público trabajen con inteligencia y sintonía.

¿Cómo ha evolucionado su visión sobre Sevilla? ¿Puede ganar influencia a nivel internacional cuando en los ‘rankings’ de desempleo y renta per capita está en el furgón de cola en España?

De niño encontré en mi casa un ejemplar de la revista ‘National Geographic’ de los años 30 con un reportaje sobre Sevilla. Había unas fotos maravillosas pero lo que mejor recuerdo es el título: “Sevilla more Spanish than Spain”. Veo a Sevilla madura y orgullosa, consciente de sus retos y problemas pero con ganas de hacer cosas. La Sevilla ensimismada ha dado paso a una ciudad abierta y moderna. La veo internacional, aunque quizás todavía no del todo cosmopolita. Fue en el pasado la puerta de las Américas y hoy puede otra vez reivindicar su papel como portal del dialogo transatlántico. Un lugar idóneo para que empresarios, políticos e intelectuales conversen y piensen juntos cómo crear prosperidad y estabilidad en el Atlántico que, más que separarnos, nos une.

¿Qué le ha aconsejado al alcalde de Sevilla, Juan Espadas, durante sus encuentros en Washington?

Sin ninguna duda, Sevilla puede ganar influencia internacional. He tenido el placer de conocer al alcalde Juan Espadas y veo en él ambición y una visión clara. La tarea es abrir Sevilla al mundo. Explicar que, más allá del encanto singular, su belleza y atractivo turístico, Sevilla puede convertirse en una ciudad inteligente, foco de diálogo, lugar de encuentro y escenario político. Hablamos sobre el papel y relevancia de la comunidad hispana y sus líderes, hay 40 millones de hispanohablantes en EEUU. También conversamos sobre los “think tanks” y sobre las posibilidades de inversión. El objetivo no es que Sevilla sea un mero escenario, la idea es que ese interés y atención se pueda traducir en inversiones, en prosperidad y en la creación de puestos de trabajo estables para avanzar en el desarrollo social. Creo mucho en la dimensión americana de Sevilla.

En 2002, vivió en Ramala un tremendo susto junto a Moratinos cuando estaban con Arafat en su residencia y fue atacada por la aviación israelí. ¿Ha sufrido otras circunstancias de similar riesgo?

Aquel momento fue muy dramático. Estábamos reunidos con Arafat. Interrumpió nuestra conversación para atender una llamada de Shimon Peres, en aquel momento ministro de Asuntos Exteriores de Israel. Fue justo entonces cuando cayeron dos misiles a escasos metros de donde nos hallábamos. Me he visto en otras situaciones de tensión en campos de refugiados en Líbano, en reuniones complicadas en Siria o en Afganistán, con escoltas o chalecos antibalas, pero estábamos “tan metidos en faena” que tras el susto inicial continuamos con nuestro trabajo. Lo ideal es que los diplomáticos y mediadores no sean noticia y que esas situaciones de riesgo no distraigan la atención de lo que verdaderamente importa. Y he sentido más tensión y miedo en algunas salas de reuniones...

¿Estamos viviendo una “tercera guerra mundial por entregas”?

No. Hace años que entramos, casi sin darnos cuenta, en una realidad nueva marcada por la globalización. También en el ámbito de los conflictos internacionales. La red de intereses es tan tupida y compleja que resulta prácticamente imposible hablar de conflictos aislados. Vivimos una realidad internacional multipolar en la que la información llega a nuestras televisiones en tiempo real. No falta información, lo que falta es análisis. Lo que nos define es que sabemos las cosas pero no las entendemos. Hay conflictos que marcan el devenir económico de países que nada tienen que ver con ellos. Los Estados ya no son los únicos protagonistas de la sociedad internacional. Las empresas, las organizaciones (gubernamentales o no) y los ciudadanos también desempeñan una tarea crítica. Vivimos un tiempo complejo de paz amenazada por conflictos calientes de intensidad variable. Ahora existen amenazas menos definidas. El enemigo ya no es un ejército convencional, o una entidad al otro lado de una frontera. Los retos son globales y requieren soluciones globales. A pesar de sus limitaciones y mala reputación, el multilateralismo sigue siendo el instrumento esencial para la paz.

¿En Cuba las clases dirigentes del castrismo emularán a las Cortes franquistas para propiciar una transición en paz?

Quizás el “Adolfo Suárez” cubano esté ahora ocupando un puesto más o menos relevante en la Administración en La Habana. Para mí ha sido una enorme satisfacción ser testigo de la reciente evolución de las relaciones entre EEUU y Cuba. Aquello por lo que abogó en nombre de España mi admirado y querido ministro Moratinos, y que tantas críticas le granjeó, es ahora la política de EEUU y de la Unión Europea. La transición ha de ser ordenada, sin sobresaltos y pensando en el bien del pueblo cubano. La imposición de fórmulas desde fuera no ha dado muy buenos resultados en la Historia. Hay que seguir animando a las autoridades cubanas para que perseveren en los avances en la buena dirección, sin olvidarnos de los derechos humanos. Espero que pronto se den las condiciones para que la democracia madure en ese queridísimo país.

¿La escasez de población de clase media en los países de América Latina pone aún en riesgo su normalización democrática?

En los últimos 10 años, y en términos agregados, América Latina ha conseguido reducir de manera muy significativa los índices de pobreza. Siempre he pensado que la última frontera para el progreso social en América Latina son los impuestos. Un sistema tributario serio es una herramienta esencial para afianzar a las clases medias, haciéndolas partícipes del esfuerzo y también de las ventajas y logros en educación, sanidad e infraestructuras.


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