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La aventura del misterio

Hechos misteriosos de las patronas de Sevilla

En un día tan especial como el de hoy es necesario hacer repaso de algunas de las historias heterodoxas más populares, o desconocidas, que hay en torno a nuestras patronas, hechos que cabalgan entre la leyenda y la realidad.

15 ago 2020 / 04:07 h - Actualizado: 14 ago 2020 / 12:09 h.
"La aventura del misterio"
  • Hechos misteriosos de las patronas de Sevilla

Fue el Papa Pío XII, en el 16 de junio del año 1946, junto al cardenal Segura cuando remitió un telegrama a Sevilla que decía: “Confirmamos y declaramos a la Santísima Virgen bajo la advocación de Nuestra Señora de los Reyes, Principal Patrona ante Dios, de la ciudad y archidiócesis de Sevilla. Sin que obste nada en contrario”, así vía Quam férvida, daba oficialidad a la devoción de Sevilla por esta imagen tan querida.

Sería cuando el 15 de agosto de 1946 se le otorgó el título: “Cuán ferviente sea y cuán fuertemente grabada está en las almas de una infinita muchedumbre de fieles, principalmente sevillanos, desde hace muchos siglos la devoción a la Santísima Virgen bajo el título de Nuestra Señora de los Reyes...”.

Y es que la Virgen de los Reyes tiene una curiosa “historia”. Fue el rey Santo, Fernando III de Castilla, quién quiso buscar a aquel que le tallara, exactamente igual, una imagen como la que él soñó con motivo de la Reconquista, en concreto de la plaza de Sevilla.

La leyenda narra cómo unos peregrinos que procedían del Norte y que le hicieron aquella imagen a cambio de cobijo en el Alcázar. El monarca accedió pero, desconfiando, mandó vigilar los aposentos de los mismos. Decían ser artesanos de paso, en las habitaciones no se sentía ningún ruido y enojado el rey mandó entrar para controlar el trabajo de aquellos.

Cuando la guardia entró ya no estaban, al registrar la habitación descubrieron un objeto tapado por una sábana, al tirar de ella surgió la imagen de la Virgen de los Reyes y Fernando III cayó de rodillas mientras se le manifestaban tres ángeles, que él identificó con los peregrinos, que en agradecimiento le entregaron la propiedad de dicha imagen. Aunque posiblemente fue un regalo de su primo el rey de Francia.

Otros hechos milagrosos

En la Historia de Sevilla muchas son las devociones que encontramos, quizás una de las más curiosas es la que nos habla de sus patronas, incluso hay confusión en el propio sevillano: para unos es la Virgen de la Hiniesta, para otros la Virgen de los Reyes, La Inmaculada dicen otros o la Virgen del Pilar... Bueno será narrarles le siguiente historia, sus protagonistas: Justa y Rufina.

Entre los entresijos de la Historia, casi perdida, de la vieja Híspalis, nos vemos trasladados a tiempos pretéritos, como tele- transportados en el espacio y en el tiempo entroncando con aquel Tiempo en el que los calabozos romanos estuvieron en los subterráneos de esta Iglesia, unos calabozos donde las tropas romanas hacían sufrir y torturaban a todo aquel elemento subversivo hacia el Imperio Romano o a los perseguidos sectarios del cristianismo... Y es en ellos, en las “Sagradas Cárceles” del Santuario de María Auxiliadora, en la Ronda de Capuchinos, donde tiene lugar la “leyenda” de Santa Justa y Rufina patronas de los alfareros de Triana.

Hechos misteriosos de las patronas de Sevilla

Se cuenta de estas dos santas sevillanas nacidas por los años 268 y 270, que eran dos hermanas virtuosas, de clase acomodada y cristianas. Montaron un negocio de alfarería en la Puerta de Triana y con ello se ganaban la vida. Se dedicaban también a la noble acción de cristianizar paganos y enseñar la fe al punto de convertir su lugar de trabajo en un “templo” de socorro y consuelo a los perseguidos.

A primeros de junio se celebraba en Sevilla la fiesta a la diosa romana Salambona, en la cercana localidad de Sanlúcar la Mayor donde se encontraba su templo. La diosa construida de barro cocido era hueca y estaba sujeta por dentro a un armazón de hierro que para hacer llorar a la imagen le ponían plomo por dentro de los ojos, y acercándole fuego al plomo se derretía saliendo al exterior por unos orificios en los ojos en forma de gruesas lágrimas.

Mientras duraba esta ceremonia todo el público la acompañaba con grandes chillidos y lamentos fingidos así como gritos de pábulo y horror..., imagen que tanto nos recordaría hoy a las imágenes sangrantes tan relacionadas con ese fenómeno paranormal que llamamos milagros...

Se pedía limosnas durante la celebración, al llegar a la casa de las Santas y pedirles un donativo para el culto de la diosa, ellas, respondieron que solamente adoraban al verdadero Dios creador del mundo y de todas las cosas, y que no contribuirían al culto de una ridícula imagen de barro... Las hermanas fueron ajusticiadas de inmediato mientras que las tropas romanas destrozaban la tienda de alfarería...ellas actuaron en consecuencia y dijeron: "Mirad como vuestro ídolo no está hecho de mejor barro que nuestros botijos" y el ídolo quedó destrozado en mil pedazos.

Por destruir el ídolo fueron enviadas a las cárceles romanas en Sevilla o también denominado como Pretorio o Palacio de Justicia, que estaba donde está hoy la iglesia de la Santísima Trinidad (C/ María Auxiliadora antigua calle Arrebolera, hoy en plena Ronda de Capuchinos). El prefecto Diogeniano las condenó... siendo antes cruelmente torturadas, durante este suplicio las dos hermanas se encomendaron a la Virgen y su calabozo, según cuentan las crónicas, se iluminó por una silueta del que surgió la imagen de la Virgen -a la cual profesaban tanta devoción- y sus tremendos dolores desaparecieron.

El Obispo Sabino les otorgó la comunión tras sobornar a la guardia romana. Justa murió víctima del martirio y la fiebre, Rufina murió degollada con 18 años...tras sobrevivir al circo. Los restos de ambas santas fueron enterrados en el cementerio de cristianos siendo el encargado de esta penosa labor el obispo Sabino, quién se trasladó a lo que actualmente es la iglesia de los Padres Capuchinos en la llamada Ronda de Capuchinos y volvemos al presente encontrándonos nuevamente en esta misma ubicación.

Así pues tenemos en Santa Justa y Santa Rufina a las patronas de la ciudad junto con la Virgen del Pilar y, por supuesto, nuestra querida Virgen de los Reyes.


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