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Entrevista

«¿La ciencia entiende de sexos? Sí y no»

Clara Grima, matemática y divulgadora, es una de muchas mujeres que se dedican profesionalmente a la ciencia

Julio Mármol julmarand /
11 feb 2021 / 04:16 h - Actualizado: 11 feb 2021 / 10:47 h.
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  • Clara Grima, matemática y divulgadora científica
    Clara Grima, matemática y divulgadora científica

Anónimo es nombre de mujer, dijo Virginia Woolf, una de las cimas de la literatura británica y europea. No son pocos los casos que respaldan la triste veracidad de esta frase: Uno de los más deplorables es el de María Lejárraga, autora de obras de teatro que firmaba su marido, quien obtuvo el reconocimiento y la memoria.

El de la literatura no es el único reino en sombras para la mujer. También la ciencia tiene su nada honorable cuota de anónimos que, en realidad, se llamaban, por ejemplo, Rosalind Franklin, sin la cual Watson, Crick y Wilkins nunca habrían podido plantear su teoría de la doble hélice del ADN, que les valió el Nobel. Ninguno de los tres hombres la mencionó durante su discurso de agradecimiento.

El 11 de febrero se recuerda la importancia de las mujeres al progreso de la ciencia: Es el día internacional de la Niña y la Mujer en la Ciencia. El lema de este año es “Las mujeres científicas, líderes en la lucha contra el COVID”. Desde 2015, la de hoy es una fecha para hablar de las Matildas del mundo de la ciencia; Para recordar la labor de Marie Curie o Jane Goodall; Para animar a las científicas del futuro a que den el paso al que están predestinadas.

Una de las mujeres que dio ese paso es Clara Grima, doctora en matemáticas y profesora de la Universidad de Sevilla, y divulgadora científica en programas como Órbita Laika o en medios como Jot Down.


¿Siempre ha querido dedicarse a las matemáticas?

Las matemáticas me han gustado desde siempre, desde muy pequeña, eran divertidas, como un juego. No había que estudiar cosas de memoria; Sólo tenías que aprenderte las reglas y jugar. Sin embargo, cuando estaba terminando el instituto, y justo antes de ir a la universidad, quería estudiar filosofía. Tuve a un profesor, Antonio Hurtado, que me hizo enamorarme de la filosofía. Fue él mismo el que aconsejó estudiar matemáticas, que se me daban muy bien y me gustaban mucho, porque sería más fácil encontrar trabajo. Y, sinceramente, nunca le agradeceré lo suficiente que me diera este consejo: Las matemáticas eran aún más bonitas cuando empiezas el grado y mucho más apasionantes. ¡Y mucho más difíciles! Pero no importa, también es difícil subir al Everest pero debe ser (supongo) una experiencia impresionante. Dedicar tu vida a las matemáticas también lo es.


¿Ser mujer ha supuesto algún impedimento para usted en el transcurso de su carrera, tanto como matemática como divulgadora científica? ¿La ha condicionado de alguna forma?

Cuando yo estudiaba matemáticas no había, o no se percibía, desequilibrio en el número de mujeres y hombres (eso está cambiando poco a poco, desde que las matemáticas se han convertido en la titulación de moda, el porcentaje de mujeres está descendiendo).

Nunca me sentí discriminada por mis compañeros, ni por mis profesores (bueno, por uno, pero necios hay en todos sitios), ni por mis colegas cuando empecé a trabajar en la universidad (salvo otro necio que tampoco aporta nada). El mayor condicionamiento o hándicap que he encontrado en la carrera universitaria lo descubrí cuando tuve a mis dos hijos. Me había descolgado de la carrera (en el sentido de carrera de fondo) de la investigación y se me 'penalizaba' por ello. La carrera investigadora de la mujer aún no está diseñada para contemplar este tipo de paréntesis (no sólo como cuidadora de tus bebés, sino de cualquier persona dependiente de su familia).

En la divulgación ser mujer me condiciona en el sentido de que tengo siempre muchísima ofertas para eventos y actividades de divulgación, hay pocas mujeres divulgadoras de matemáticas. Pero esto, afortunadamente, está cambiando y cada vez más mujeres se dedican a la divulgación científica, en general, y la divulgación matemática, en particular.



¿Cree que la ciencia entiende de sexos?

Sí y no. Cualquier persona, de cualquier sexo, se puede dedicar a la ciencia si tiene la actitud y la aptitud. La ciencia se hace con esa cosita que tenemos entre las cejas y el nacimiento del cabello, más o menos. No se necesitan los genitales para hacer ciencia. Sólo ganas y ciertas capacidades intelectuales.

Pero, por otra parte, sí, porque la ciencia que no está hecha por gente diversa (sexo, etnia, orientación sexual, ideología, creencias) corre el peligro de ser una ciencia con sesgo, como se detectó no hace mucho con los tratamientos de infartos en mujeres: A nadie se la había ocurrido pensar que los síntomas eran diferentes a los de los hombres y morían más que ellos.

Resumiendo: la ciencia se puede y se debe hacer por hombres y mujeres. Y por supuesto, no solo hombres y mujeres blancos heterosexuales.



¿Qué le diría a una niña que quisiese estudiar matemáticas?

Que lo haga, que le espera un mundo fascinante por descubrir. Al principio, se sentirá como Alicia, cayendo por un agujero muy oscuro y llegando a un mundo en el que muchas cosas no tienen sentido para ella pero que, poco a poco, con tesón y alegría, descubrirá que ese mundo que le parecía un poco majareta y disparatado cuando llegó es, en realidad, un mundo lleno de maravillas. El maravilloso país de las matemáticas.


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