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La cucaña resucita la Velá

Triana supera su primer ‘día señalaíto’ con una mayor afluencia a partir de la tarde

Manuel Pérez manpercor2 /
22 jul 2018 / 22:21 h - Actualizado: 22 jul 2018 / 22:52 h.
"Triana","Velá de Santa Ana"
  • Francisco Borrego se llevó la primera bandera de la Velá de Triana 2018. / Jesús Barrera
    Francisco Borrego se llevó la primera bandera de la Velá de Triana 2018. / Jesús Barrera
  • Un paseante observa la calle Betis, inundada de casetas, desde el Puente de Triana. / Jesús Barrera
    Un paseante observa la calle Betis, inundada de casetas, desde el Puente de Triana. / Jesús Barrera
  • Un crío de corta edad se atrevió a desafiar a la cucaña y, aunque cayó al agua, anduvo unos metros manteniendo el equilibrio. / Jesús Barrera
    Un crío de corta edad se atrevió a desafiar a la cucaña y, aunque cayó al agua, anduvo unos metros manteniendo el equilibrio. / Jesús Barrera
  • Durante el mediodía, no hubo una afluencia de público especialmente alta. / Manuel Gómez
    Durante el mediodía, no hubo una afluencia de público especialmente alta. / Manuel Gómez
  • Un grupo de personas charlan mientras toman unas cervezas en una de las casetas de la Velá de Triana. / Manuel Gómez
    Un grupo de personas charlan mientras toman unas cervezas en una de las casetas de la Velá de Triana. / Manuel Gómez
  • Uno de los participantes muestra la bandera después de arrancarla del palo de la cucaña. / Jesús Barrera
    Uno de los participantes muestra la bandera después de arrancarla del palo de la cucaña. / Jesús Barrera

El primer día de Velá, que coincidió en domingo, sirvió para descansar. Las suaves temperaturas y la fresca brisa que corría junto al río durante la noche del alumbrado invitó a numerosas personas a acudir a la calle Betis, todo lo contrario a lo ocurrido durante la mañana de este domingo. Las altas temperaturas no acompañaban para salir a la calle, si bien el olor a sardinas inundaba toda la Velá. Fue la cucaña la que animó al personal a celebrar los días señalaítos de Triana, que a pesar de sus más de 700 años de historia, está de estreno con la nueva denominación de Fiesta Mayor de Sevilla.

Apenas una treintena de chavales, entre los que cabe destacar la presencia de tan solo dos mujeres, inauguraron el tradicional ciclo de la cucaña que todos los años se desarrolla en el río con motivo de la Velá de Santiago y la Señá Santa Ana. Antes de que la organización colocara la primera bandera, los jóvenes empezaron a dar sus primeros pasos por un palo aún sin embadurnar a modo de calentamiento.

Un pie por aquí, otro por allá. Rapidez y coordinación. No perder de vista la bandera. Las consignas se agolpaban en las mentes de estos jóvenes. A unos metros de altura sobre el agua, los chavales esperaban ansiosos que comenzara el espectáculo. A martillazos clavaron la primera bandera y los participantes fueron probando suerte una tras otro. Así van poniendo a prueba sus habilidades y equilibrio ante el largo tronco, engrasado a conciencia con sebo para hacer más difícil –y a la vez más emocionante– la prueba. Francisco Borrego, de 16 años, abrió el casillero llevándose la primera de las cinco banderas que se juegan a diario.

El ritual no falla: pie derecho por delante, piernas flexionadas y un característico balanceo para coger impulso agarrado del brazo de dos compañeros. Pero el verdadero truco está en tirarse de los últimos. De esta manera, el participante se asegura que los primeros vayan quitando, poco a poco, el sebo. Pero el arte de la cucaña no es una ciencia exacta. David Jiménez Mariscal, de 40 años, fue capaz de llevarse otra de las banderas en el primer intento. Poco le importó lo resbaladizo del palo; aguantó el equilibrio y llegó hasta su extremo para arrancar de cuajo el trofeo, una proeza al alcance de unos pocos escogidos.

«Mi padre me traía de la mano cuando yo era chico», contaba Francisco García mientras apuntaba los datos de los participantes, a quienes les daba una lata de refresco. «Entonces daban un jamón como premio», continuaba explicando Paco, que, a sus 66 años, «nunca me he perdido una cucaña», confesó. «Esto es una institución en el barrio», señalaba orgulloso, aunque él sabe bien que siempre se pueden mejorar algunas cosas. «Estamos pidiendo una alfombra para evitar heridas por cortes causadas por los restos de cristales», explicó. Y no es para menos, pues este mismo domingo uno de los participantes tuvo que ser atendido por Cruz Roja por este motivo.

Un crío de corta edad fue capaz de aguantar el equilibrio de tal manera que anduvo unos metros a paso lento y, aunque terminó cayendo al agua, logró arrancar el aplauso del público que se agolpaba en la zapata de la calle Betis.

Manuel Jesús Madrigal es otro de los conocidos en el barrio. Lleva unos seis años concursando y siempre hace pleno. «Soy de los que más banderas coge todos los años», recordó con orgullo luciendo la suya, la primera de su particular Velá. «Para mí es una alegría muy grande», señaló este veintiañero, quien se tiró otras tantas veces más, aunque sin poder cogerla de nuevo, ya que el reglamento se lo impide.

Otra de las banderas se la llevó Joel Santana. Se da la peculiaridad de que este joven de 19 años no es trianero. Ni siquiera es sevillano. Oriundo de Las Palmas de Gran Canaria, Joel logró hacerse con una bandera en su primer intento. «Está bien [la experiencia], pero ten cuidado, que me duele todo», advirtió el canario entre risas. «Que sigas muchos años más con nosotros», le confesó Paco García. Y es que esto es Triana, un barrio con alma de pueblo que abre sus brazos a propios y extraños.


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