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«La gente exige menos calidad y cada vez mira más el precio»

Cierra la frutería más antigua de El Plantinar, regentada por la familia Bocanegra Morón durante 40 años

16 jun 2022 / 05:12 h - Actualizado: 16 jun 2022 / 06:12 h.
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La frutería más antigua del barrio de El Plantinar, situada en la calle Guadarrama, cierra a finales de junio. Comenzó a funcionar en el año 1982 y ahora, pasados 40 años, clausura definitivamente. Rafael Bocanegra Morón, que lleva regentando como titular este negocio familiar desde hace más de 15 años, se jubila en diciembre de 2022, pero una próxima operación de rodilla le obliga al cierre antes de tiempo. Su hermano Pepe fue el que abrió la frutería y con el tiempo la cogió Rafael, que ha trabajado como autónomo, sin apenas descanso y de forma ininterrumpida de lunes a sábado. El sector de frutas y verduras es muy competitivo y sacrificado, sólo en este popular barrio sevillano funcionan en la actualidad cuatro tiendas. El melón y la sandía son los productos más demandados durante el verano y se ha notado una evolución en la clientela, «ya que la gente exige menos calidad y cada vez mira más el precio», indica Rafael.

La primera frutería que se puso en marcha en El Plantinar fue la de Ramón, a finales de los años 60 o principios de los 70 y la cerró en el año 2000. «Luego aparecieron otras más como la de Inma, Hermes y la de mi familia», dice Rafael.

«La gente exige menos calidad y cada vez mira más el precio»

Es un sector de mucha competencia, en este tipo de tiendas tradicionales «se trabaja como un chino, ya que se le echan muchas horas. Por ello ejercer esta labor dignamente es imposible. En mi frutería la relación calidad-precio siempre ha sido buena y he tratado de no engañar a nadie, que no es fácil hoy en día», explica el dueño de 'La Frutería de Rafael'.

Las frutas y verduras que abastecen a las tiendas tradicionales proceden de diversos sitios, sobre todo de Almería y del Valle del Guadalquivir, que es rico en árboles frutales, con una gran variedad de frutas y engloba municipios de las provincias de Sevilla y Córdoba. «El Valle del Guadalquivir es un vergel, hay de todo. La zona de Sevilla es autosuficiente en frutas y verduras, excepto en productos tropicales. Hay melocotones, naranjas, ciruelas... . Es un lugar donde se podría crear una potente agroindustria. Por desgracia, no existe tal industria porque todo se va a Madrid, a Cataluña y a País Vasco, donde están los lobbies de presión que tienen fuerza en el Parlamento de España y se trafica para que el Gobierno saque sus políticas», comenta Rafael Bocanegra

P- ¿Qué futuro le espera a los comercios tradicionales?

R- Los comercios tradicionales, como no sean muy especializados o tengan un flujo muy grande de gente, no funcionan.

P- Me imagino que, durante todos los años que usted y su familia han llevado este negocio familiar, habrá podido comprobar la evolución de este barrio sevillano.

R- El Plantinar ha pasado de ser un barrio normal, donde había familias, a convertirse en un lugar donde el 70% son pisos de alquiler para estudiantes y el resto gente muy mayor. Y eso ha hecho que cambie todo y el tipo de clientela, que ha degenerado y también la convivencia entre los vecinos. Yo, para ir con los tiempos, me tendría que haber dedicado a vender litronas fresquitas que es el material escolar que tiene el habitante de El Plantinar. También hay personas mayores que son clientes, pero cada vez menos porque se van muriendo y se alquilan sus pisos. El barrio lo veo bien situado, pero hacen falta equipamientos.

P- ¿Entonces la clientela también ha degenerado?

R- La gente exige menos calidad y cada vez mira más el precio. Los jóvenes consumen lo mínimo porque se lo traen todo de sus pueblos y el gasto en las tiendas tradicionales es mínimo. Aparte de esto, enfrente de mi frutería hicieron un edificio, que se ha llevado cerca de 10 años en construcción, y dejó la calle Guadarrama donde tengo el negocio totalmente bloqueado, además de aguantar la obra y la pérdida masiva de clientela. Y, encima, cuando por fin se terminó el edificio, lo primero que se abrió fue un supermercado de una compañía internacional de distribución de alimentación. Ahora también se va a abrir otro negocio, que curiosamente es una pizzería, cuando aquí en el barrio hay una familiar que funciona desde hace mucho tiempo (Pizza Pazza).

«La gente exige menos calidad y cada vez mira más el precio»

P- ¿Por qué cierra 'La Frutería de Rafael'?

R- Porque, aunque me tocaba jubilarme en diciembre de este año, una lesión de la rodilla izquierda que afecta a la rótula y al menisco, me obliga a cerrar antes de tiempo. Estoy a la espera de la operación, ya que me llamarán pronto del Hospital Virgen del Rocío y luego vendrá el periodo de rehabilitación.

P- Usted es una persona muy activa y trabajadora, ¿cuando se recupere en qué va a ocupar su tiempo?

R- Una vez jubilado, pienso hacer cosas, no estaré quieto. La pensión de un autónomo es escasa, así que voy a seguir colaborando en la empresa Sur Sabor de envasado al vacío de calabaza. Además, tengo en perspectiva el convertirme socio en una empresa de instalación de paneles solares.

P- En la frutería ha echado muchas horas, con un trato cordial y amable a sus clientes, tratando de ayudar a mucha gente, aunque a usted no le gusta que se sepa.

R- Bueno, uno ayuda en lo que puede. Lo importante es que muchos clientes, durante estos días que estoy recogiendo cosas y haciendo limpieza, se acercan y me dicen cosas como «qué pena», «usted ha sido lo mejor», «te vamos a echar de menos bastante» o «¿y ahora dónde voy a comprar los tomates?». Me está llamando mucha gente. La verdad es que no podía imaginar que me apreciaran tanto. Continuaré teniendo mis relaciones aquí en el barrio, después de tantos años.

Rafael Bocanegra Morón, casado y padre de familia numerosa, antes que frutero fue soldador de estructuras submarinas en Entrecanales y Távora, trabajando debajo del agua en Inglaterra y otros países extranjeros. También ha tenido participación en un restaurante y un bar. Además, tuvo una empresa de reformas (Reindesa).

A todo ello se une su gran afición al deporte (tres veces ganador de España de Remo y jugador de tenis en numerosos clubes), a la música, la lectura (todos los días compra el periódico, «porque hay que ayudar a este sector, ya que cada vez se lee menos»), a las mujeres guapas (»pero por curiosidad científica, no practicando) y, sobre todo, el ejercicio del humor fino (»tipo Monty Python«).


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