La manía de organizarse por bandadas

Quienquiera que dijese aquello de que el ser humano es gregario seguro que tenía familia en Sevilla. Aquí, juntarse es una forma de felicidad, y sobre todo de funcionamiento

15 nov 2016 / 07:00 h - Actualizado: 15 nov 2016 / 07:00 h.
"Real Betis","Sevilla FC","Pasiones"
  • Aficionados del Betis y del Sevilla, durante el partido de ida de octavos de final de la Copa del Rey que ambos equipos jugaron en enero pasado en el estadio Benito Villamarín de Sevilla. / El Correo
    Aficionados del Betis y del Sevilla, durante el partido de ida de octavos de final de la Copa del Rey que ambos equipos jugaron en enero pasado en el estadio Benito Villamarín de Sevilla. / El Correo

Cuando el sevillano ve un documental de esos en los que aparece un león corriendo detrás de una patulea de ñúes que ya hay que tener ganas, siempre se pone de parte de los ñúes. Es así. No lo puede evitar. Hay una simpatía ancestral, un vínculo atávico entre las dos especies –el ñú y el sevillano– que se manifiesta en ese prurito de andar todos juntos, ora pandilla, ora manada, ora bandada, ora rebaño, ora bullanga, ora pro nobis. Esta ciudad presume de bulla, que es lo mismo que hace la cebra. Y no es una opinión, es un dato. Dejando aparte las juntiñas espontáneas y los putiferios callejeros, que carecen de normas y de estructura, en la ciudad hay registradas 2.850 asociaciones. Eso viene a ser alrededor de 250 paisanos por entidad. Peñas, círculos, fundaciones, centros, intercomunidades, mancomunidades, casas, clubes, equipos y, sobre todo, hermandades. Son estas últimas las que marcan el asociacionismo en estas tierras con ese matiz (menudo matiz) de la fraternidad, que es como decir que el sevillano tiene más de una familia: la que trae de fábrica y aquellas otras a las que se va apuntando, que conforman su currículum sentimental y la tarjeta de visita con la que se presenta a los demás y en virtud de la cual se relaciona (o no, en algún caso) con ellos.

En algunos casos, son pasiones excluyentes. Tanto así que en esta ciudad no solo hay sevillistas y béticos, por ejemplo: hay también antisevillistas y antibéticos. Con algunas hermandades –más antes que ahora– también se llegó a construir un tópico de animadversión que si bien no existía entre ellas, sí que podía tener alguna manifestación callejera esporádica de ojeriza. Y sin embargo, las pasiones y las confraternidades hispalenses no son solo, ni mucho menos, las representadas por sus colores futboleros o por sus escudos cofradieros. Entre esas cerca de tres mil entidades hay de todo: asociaciones de jóvenes, mujeres, comerciantes, cocheros de caballos, taxistas, veteranos paracaidistas, peluqueros, cortadores de jamón, inmigrantes, adoratrices, espiritistas, miniaturistas, patinadores, pensionistas, jubilados, antiguos alumnos y trabajadores de lo que sea, scouts, parados, ciclistas, campanilleros...; las hay también dedicadas a la nutrición, la lucha contra las drogas y otras adicciones, la naturaleza, los belenes, el arte, enfermedades diversas, fotografía, gastronomía, sobredotación, mineralogía, teatro, regiones de España... y, naturalmente, partidos políticos y similares.

Esta diversidad es lo más sorprendente de un fenómeno que, como en todos los demás lugares del mundo –donde se produce con mayor o menor intensidad y frenesí–, sirve para articular o vertebrar las sociedades, como canalizador y catalizador. Dime con quién andas y te diré quién eres, sostiene el refrán, que de momento es una materia sobre la que no existe en Sevilla agrupación ni confraternidad alguna, pero que a partir de este momento, una vez levantada la liebre, es muy probable que cobre vida aunque solo sea por esa costumbre de no dejar vacíos los espacios de poder. Pero ojo, que no solo se detecta ese sentimiento de hermandad: otra modalidad muy socorrida es la de la amistad. Amigos de... Aquí hay amigos de todo. Amigos de la piragua, de la cerámica, de los árboles y plantas, de Doñana, de la farmacia, de la Orquesta Sinfónica de Sevilla, de la zarzuela, de los países del norte de Europa, del Perú, del Camino de Santiago, del libro antiguo, del lobo de Sierra Morena y hasta una Asociación de Amigos de la Corneta y el Tambor. Y como tales están debidamente registrados.

Ser amigo de una corneta no ha de mirarse como un sentimiento extravagante en estos lares. Lo de los países nórdicos suena ya si acaso a cosa más extraordinaria, a decir verdad. Pero tampoco mucho, porque en materia de afinidades, admiraciones y quereres, el límite es la imaginación. En otras palabras: que el libro de los gustos no solamente no está escrito, sino que encima es un tocho de mucha consideración. O si no, de qué iba a existir una Asociación de Criadores del Perro Raterillo Andaluz. Pues, sencillamente, porque esta criaturita ladradora ha dado pie a toda una pasión. Al igual que se han juntado los devotos de los acuarios, y hablan de la temperatura del agua, de las redecillas para trasvasar especímenes, de tarritos de comida, de pigmentaciones, de castillitos de plástico y de cualquier otra cosa que conforme el ámbito de las inquietudes de esta afición tan adorablemente silenciosa, y de la que solo se espera que no tenga su sede a lado de los amigos de la corneta, por los perjuicios que semejante vecindad –la vecindad, otro clásico del asociacionismo– pudiera ocasionar a esos coloridos animalitos a los que Dios, en su infinita omnisciencia, puso bajo agua porque no había quien soportara esa peste. Se podrían ir, mejor, junto a la Asociación Ajedrecística Sevillana, ya que ambas están en el Distrito Este, y expandir su paz de gambitos de caballo y de mudos aleteos acuáticos a todo ese costado de la ciudad. Por allí cerca está también la Asociación Andrómeda 3 Grupo de Investigación Histórica y Paranormal, otra bicoca de vecinos. Los amantes de lo desconocido y del ultramundo se adornan también con la virtud del silencio, tanto que son capaces de grabar las voces de los muertos, que ya hay que estar callados para eso. Si llegan a tener su sede en el norte de Sevilla, lo mismo les habría tocado junto a la Asociación Músico-Cultural de Profesores de Trompeta.

Existe asimismo en Sevilla, según el registro de entidades, un Instituto Gnóstico de Antropología Samael y Litelantes. Samael, para la gnosis, es el demiurgo, la mano de obra de la creación, mientras que Litelantes es el sobrenombre de su sacerdotisa, llamada en realidad Arnolda Garro Mora de Gómez, y que en opinión de algunas voces consultadas hizo muy bien en cambiarse el nombre. Otra entidad que invita a la reflexión, aunque solo sea por su nombre, es la llamada Autoestima Flamenca, que está en el casco antiguo. Esa zona es la más prolífica en asociaciones, el doble que cualquiera otra, precisamente por esa condición de centro geográfico que facilita la participación y el acceso de los adeptos. Por ejemplo, se encuentran en ella la Asociación Cultural de Grupos Folclóricos de Bolivia en Sevilla, que por extraño que parezca deben de ser unos cuantos para que se produzca semejante convergencia. En el casco antiguo tienen su sede igualmente la Asociación de Bateristas y Percusionistas de Andalucía, los Amigos de la Tierra, los del Libro Antiguo...

En efecto, las personas configuran su carácter en función de aquellas otras con las que prefieren relacionarse o en las que encuentran una afinidad especial, y que se reconocen, se identifican y se constituyen como tales. La petanca, de la que también hay asociaciones por Sevilla, puede unir más que la ideología. Existe en Triana una Asociación Recreativa Cultural de Empleados de Recaudación, que habrá quien suponga que vaya cosa más seria de reunión; pero será un prejuicio equivocado, porque el encuentro de los iguales conduce generalmente a la felicidad, o al menos a la alegría, que es su versión para todos los públicos. Muchas veces, el objeto de la asociación es el de reunirse alrededor de un sentimiento, como el amor por los árboles y las plantas, que ha germinado en varias asociaciones repartidas por toda la ciudad, de entre las cuales destacan los vecinos de los Jardines de la Oliva. Pero no son los únicos.

En el Distrito Bellavista-La Palmera está reconocida una Asociación Cultural de Amigos del Espíritu Navideño. También allí se encuentran la Asociación de Criadores del Perro Paternero Andaluz y la Asociación Cultural de Filosofía y Metafísica. En San Pablo-Santa Justa, la Asociación Cultural Comencemos Empecemos y la denominada Inquietud y Futuro. En El Cerro-Amate, la Asociación Chelonia para el Estudio de Anfibios y Reptiles, la Asociación El Olvido Está Lleno de Memoria y la Asociación para la Cooperación, Desarrollo e Intercambio Cultural con el Pueblo Ruso. En Los Remedios, la Asociación Club Star Trek de Sevilla. En Nervión, la Asociación Colombófila Sevillana. En el Distrito Sur se encuentra la Asociación de Juristas contra el Ruido, zona por la que se halla además la Asociación Proyecto Fahrenheit 451, las Personas Libro de Sevila.

Y así hasta cerca de tres mil casos más, a cual más singular y definitorio de la importancia de volar en bandadas para una especie que, por mucho que ahora domine la pirámide evolutiva y todo eso, siempre fue bastante enclenque y bastante ñú.


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