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La poesía del pueblo

El talento silvestre de los gaditanos se manifiesta a través de su fiesta, donde no falta la crítica, la procacidad y el ‘kitsch’

24 feb 2017 / 07:07 h - Actualizado: 24 feb 2017 / 07:07 h.
  • Una comparsa desgrana su repertorio sobre las tablas del Gran Teatro Falla. / Jorge Zapata (Efe)
    Una comparsa desgrana su repertorio sobre las tablas del Gran Teatro Falla. / Jorge Zapata (Efe)
  • Una chirigota ilegal o callejera en una esquina de Cádiz. / Jorge Zapata (Efe)
    Una chirigota ilegal o callejera en una esquina de Cádiz. / Jorge Zapata (Efe)
  • La poesía del pueblo

Fernando Quiñones situaba el origen de las coplas carnavalescas en la segunda mitad del siglo XIX, y ya desde su inicio eran sinónimo de pícara gracia y carga política. Incluso Pío Baroja, tan distante de los excesos de la fiesta gaditana, aplaudía su ingenio y su influencia en el cancionero popular español, por más que rechazara la vulgar populachería de algunos repertorios. Eso ha sido, en cierto modo, el sino de las letras de carnaval: ser la voz del pueblo, la poesía silvestre de la calle y la crítica llena de doble sentido, el periódico cantado y el desahogo procaz.

Un modo, también, de reírse de las propias miserias, desde la guerra al paro. Cuando hacia el año 50 se desata una peste de gripe aviar, una chirigota canta: «Ha venío una epidemia/ la mar de atroz/ que es que los pajaritos/ se mueren tós/ A mí me ha hecho polvo la colección/ hasta el gorrió que tengo murió dichiendo ‘adiós Ramón’/ A la vecina de enfrente yo le he visto el pájaro/ y se le ha quedado como un estropajo/ Mi primo Felipe perdió la cabeza/ cuando se dio cuenta de que la cotorra la tenía tiesa».

Con casi 40 años de trayectoria, José Antonio Valdivia es una leyenda del carnaval que ha escrito chirigotas, comparsas, coros y hasta romanceros. «Solo con los cuartetos no me he atrevido, eso son palabras mayores. Hacer reír a cinco personas, en un escenario tan grande, es lo más difícil del mundo».

El autor desentraña las diferencias entre escribir para cada modalidad: «Como todo el mundo sabe, la chirigota es más humorística; la comparsa más pasional, más crítica también, si cabe. El coro es más localista quizá, ese mundo del tango carnavalesco es también muy crítico, pero se ha vuelto también muy espectacular en los últimos tiempos», dice Valdivia, que este año se ha colado una vez más en la final con el coro La Reina de la Noche.

Pero, ¿cómo sabe un autor que lo que ha escrito tiene gracia? «El punto ese se nota en seguida», responde sin dudar. «Cuando llegas al local de ensayo, cantas lo que has escrito y ves la cara de los quince o de los que haya, sabes si funciona o no, porque ellos también son público, el primero que tienes. Luego, hay siempre un ensayo privado cantamos para las familias y los amigos, y se ve también lo que llega y lo que no».

Valdivia es consciente de que la cantera gaditana de letristas es casi infinita, pero el talento de cada autor no es inagotable. «Piensa que cada año tienes que escribir de 15 a 20 coplas, de manera que cuando llegas a mi edad has hecho unas mil. Eso agota, y te crea ese temor, ese recelo de a ver si sale, si eres capaz de hacer algo que no hayas dicho ya antes».

Lo mismo sucede con los lugares comunes, especialmente en el ámbito de la comparsa: ¿Cómo cantar por enésima vez a la Caleta, al Campo del Sur, a la Catedral o a la Alameda sin caer en lo trillado, o en el kitsch? «Ahí es donde se ven de verdad los buenos. Los que saben utilizar el sujeto, el verbo y el predicado de otra manera, lo que hace de un autor como Juan Carlos Aragón, por ejemplo, un caso casi único en el arte de encajar palabras», dice.

Por último, cuando se le pregunta si el carnaval se ha ido haciendo cada vez más localista y ensimismado, hasta el punto de que los foráneos o los no iniciados no sean capaces de entenderlo, lo niega: «Todos los años hay diez o quince agrupaciones que se pasean por España el año entero. Mi amigo Selu [Cossío] ha firmado desde el año pasado más de 400 contratos. Eso significa que nos entienden todos, desde Santoña hasta Barcelona, en cuyo Liceo van a actuar algunas en mayo o junio y las entradas están agotadas desde hace dos meses».

José Antonio Vera Luque representa a una nueva generación de autores de carnaval que viene empujando fuerte y demostrando que la fiesta gaditana tiene mucho futuro. El autor, que sabe lo que es ganar un primer premio en el Falla, concurre este año al concurso con la chirigota Los del Planeta Rojopero rojo rojo. «Mi banco a mí me tiene que devolver más de diez mil euros/ más los intereses de la demora», cantan a las cláusulas suelos. «Por si le sienta mal tanto devolver/ su cucharaíta de primperán cada cuatro horas...». «La particularidad del carnaval es que tienes que escribir con una métrica muy cerrada siete u ocho pasodobles y otros tantos cuplés con la misma estructura, no es como hacer una canción cualquiera, que puedes ir acomodando a tus necesidades», comenta.

También confiesa este gaditano que no hay un secreto para el humor, aunque siempre se pueden echar mano de algunas astucias: «Hay que tener en cuenta que el humor es algo muy subjetivo, cada uno tiene uno distinto y lo que me hace gracia a mí, puede no hacértela a ti y viceversa. Ahí tienes que entrar a investigar un poco qué tipo de humor gusta y tratar de hacer lo que puedas, pero la incertidumbre está ahí siempre, a veces incluso cuando sales al escenario», asegura.

«Yo me inspiro normalmente en las noticias, a veces se trata de cogerlas y darle la vuelta, o meter dos juntas que aparentemente no tienen nada que ver. Eso suele producir un efecto humorístico», prosigue. «También es importante que el giro gracioso venga cuanto más tarde mejor. Eso sí, cada vez es más difícil sorprender, porque en facebook y twitter hay mucha gente ingeniosa que escribe casi en tiempo real. Antes el carnaval era lo más inmediato, y ahora hay algo que lo es más», apostilla.

Eduardo Cruz en un caso excepcional. Natural de Miranda de Ebro y afincado en Sevilla, lleva muchos años escribiendo romanceros para el carnaval gaditano, en concreto para Kiko Quiñones: «Para aquellos que, de una manera u otra, nos dedicamos al humor, Cádiz es la capital del mundo. Y para los que, concretamente, nos dedicamos a la literatura de humor, escribir para el Carnaval de Cádiz es una de esas oportunidades que nunca vas a rechazar», afirma. «Como los peregrinos de la comparsa de Juan Carlos Aragón, quienes nacimos de Puerta Tierra hacia afuera vamos a Cádiz como alumnos ansiosos de aprender de los grandes maestros».

Sobre la modalidad del romancero, explica que «escribir letras para un romancero tiene la particularidad de que estás manteniendo viva una tradición, la de la literatura oral, que viene del siglo XIV. Una tradición adaptada al carácter gaditano, donde se juntan la sátira, el doble sentido, la crítica social, el juego de palabras, la visión de la realidad como un juego de espejos deformantes al valleinclaniano modo», dice Cruz. «Escribir es un trabajo solitario. Uno publica un libro y apenas puede recibir la respuesta de un puñado más o menos numeroso de lectores. Sin embargo, la puesta en escena del romancero te permite vivir en directo las reacciones del público. Que tus letras conecten con la gente que las escucha en la calle, que se rían, que aplaudan... Eso no tiene precio. Y cuando estás concursando en el teatro, en Cádiz, que te despidan al grito de ¡Esto sí que es un romancero!».

Este año, la propuesta de Cruz y Quiñones es Aquí se viene a largar: «Está la cosa muy mala/ Si fuera por mi dinero/ El coro de Julio Pardo/ Se quedaba en romancero/ Fíjese usté si está mal/ Que este año en Semana Santa/ Judas vende a Jesucristo/ En la calle en el top manta»... ~


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