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La primavera más leve de los últimos años para los alérgicos

Medio millón de sevillanos sufren esta patología y 1.800.000 astenia

13 abr 2016 / 20:00 h - Actualizado: 13 abr 2016 / 20:00 h.
"Salud","Alergia"
  • Un ciudadano se hace una prueba para conocer si es alérgico a alguna sustancia. / Daniel Pérez
    Un ciudadano se hace una prueba para conocer si es alérgico a alguna sustancia. / Daniel Pérez

Con la primavera llegan un año más los inconvenientes para un amplio sector de la población, en concreto el 25 por ciento que padece algún tipo de alergia –vendría a ser medio millón de sevillanos en toda la provincia– y el casi 90 por ciento que sufre alguno de los síntomas relacionados con la astenia –la friolera de 1.800.000 sevillanos–. Se trata de problemas muchas veces coincidentes: «Cuando a un paciente que sufre una alergia se le junta esta con los síntomas de la astenia, ya la hemos liado», resume el doctor Miguel Martín Almendros, coordinador del grupo de trabajo de Fitoterapia de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen).

Y, sin embargo, nada tienen que ver alergia y astenia. De entrada, la primera está catalogada como patología mientras la segunda no es sino un «trastorno adaptativo». Los síntomas de la alergia son más perceptibles: conjuntivitis (lagrimeo, picor y enrojecimiento de ojos), rinitis (congestión y secreción nasal, estornudos), urticaria (picor, enrojecimiento, inflamación o hinchazón de piel), asma (tos, silbidos en el pecho); los de la astenia, menos: desgana, apatía, cansancio, sueño, falta de apetito, ausencia de libido. Vayamos por partes.

Los alérgicos son en España unos 16 millones de personas, pero el espectro de enfermedades es diverso y en cada área afecta de un modo particular: «Es un fenómeno muy local», explica el doctor Pedro Guardia, jefe de Alergología del hospital Virgen Macarena y miembro de AlergoSur. Pese a los augurios de «una primavera intensa en el suroeste peninsular» por parte de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (Seaic), Guardia explica con los datos en la mano que la temporada se presenta en Sevilla «bastante tranquila». Y es que las estaciones aerobiológicas del Macarena y del hospital El Tomillar arrojan unos niveles de pólenes ínfimos a día de hoy, si se cotejan con los del año pasado y, sobre todo, 2014, que «sí fue un año muy malo».

En este primer tramo de la primavera afectan especialmente el polen del ciprés y del plátano de sombra; luego vendrán el del olivo y las gramíneas, que son los que más víctimas se cobran en estas tierras: «Por ahora no hay niveles significativos», recalca Pedro Guardia. De olivo están en 4 gramos por metro cúbico de aire (provocan síntomas de 150 para arriba) y de gramíneas, en 2,5 (a partir de 50 afecta a pacientes sensibles), si bien los picos suelen darse a partir de mediados de abril y hasta entrado mayo. «Es posible que vengan varios días de sol y viento y exploten los niveles», advierte, pero «mi experiencia de muchos años me dice que cuando hay un otoño y un invierno con poca lluvia la primavera no es mala para los alérgicos», añade el reputado alergólogo.

En todo caso, unos consejos prácticos que los alérgicos deben tener en cuenta serían: cerrar las ventanas de casa y ventilar al mediodía y por poco tiempo; ducharse y cambiar de ropa al llegar a casa; utilizar gafas de sol en el exterior y mascarilla que cubra la nariz y boca en días de alta polinización; y, resulta obvio, no automedicarse sino acudir a un especialista.

Sensación de decaimiento

La astenia primaveral «ocurre durante las primeras semanas y se debe a una alteración de los ritmos circadianos que generan unos cambios en la producción de endorfinas, serotonina, melatonina y otras sustancias del sistema nervioso, lo que provoca una sensación de decaimiento físico e intelectual», define Martín Almendros. Y esta sensación debe durar unos diez días, lo que tarda el organismo en adaptarse a los cambios medioambientales: «A una persona mínimamente sana le dura dos semanas. Si se toma jalea real y perdura la sintomatología puede que sea una anemia o un trastorno afectivo estacional», explica el doctor.

Unos refuerzos alimentarios (plátano, frutos secos) además de jalea real deben bastar, nada de fármacos: «Caemos en el riesgo de medicalizar todo. Somos como pilas y cualquier alteración de nuestro campo electromagnético nos influye. Pero no es una patología, más bien un desfase de nuestro reloj biológico. No se debe tomar Prozac», recalca Miguel Martín Almendros.

Otras recomendaciones para vencer la astenia serían: tomar un desayuno energético y completo; seguir unos horarios fijos en cuanto a descanso y alimentación; realizar cinco comidas al día; tomar alimentos frescos y evitar los productos preparados; tomar dos litros de líquido al día; y practicar ejercicio de forma moderada y regular.

Alarma: hay la mitad de los alergólogos necesarios

La Organización Mundial de la Salud viene recomendando desde el año 1980 que haya dos alergólogos por cada 100.000 habitantes. En España, el promedio es algo inferior (1,7); la cifra en la provincia de Sevilla, en cambio, es más inquietante, ya que hay uno para ese rango de población o, lo que es lo mismo, hay una veintena de especialistas: 10 en el Virgen Macarena, seis (más dos pediátricos) en el Virgen del Rocío y otros dos en El Tomillar. En hospitales como San Juan de Dios y Osuna, cero alergólogos. Y, con todo, Sevilla se puede dar con un canto en los dientes; peor es el promedio a nivel regional (0,68), con serias carencias en otras provincias que contrastan con la elevada dotación de las comunidades limítrofes, Extremadura (2,6) y Murcia (2,1), que están por encima de la media recomendada por la OMS.

Esta escasez de alergólogos en Andalucía, donde hay registrados 57 según los datos de la Seaic, provoca en algunos puntos listas de espera de hasta dos años. «Nosotros, por fortuna, estamos mejor. En el Macarena la espera es de unos 15 días, y en el Virgen del Rocío, de algo más de 20», revela el doctor Pedro Guardia, consciente de que el número sigue siendo «insuficiente».

Este facultativo entiende que se trata, entre otras variables, de una cuestión de tiempo: «La alergología es una especialidad muy joven y cuando llegó, las estructuras orgánicas y las plantillas de los centros hospitalarios estaban ya hechas. A un paciente con asma o rinitis le atiende el médico de familia y luego el otorrino, el oftalmólogo o el dermatólogo. Resulta más caro sacar una plaza de alergólogo», argumenta.


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