Crónicas dominicales

La sociedad digital «babosa», juguetona y creativa

La Tecnología en Red ha convertido al humano en una especie de babosa que va dejando su rastro por todas partes. Ese rastro se utiliza y se va a utilizar para su bien y para su mal. La sociedad juguetona ha diluido las jerarquías familiares y estimulado el postureo.

19 dic 2021 / 04:58 h - Actualizado: 18 dic 2021 / 10:02 h.
"Crónicas dominicales"
  • La sociedad digital «babosa», juguetona y creativa

En realidad, el fin principal de una gran parte del mundo digital es aumentar sobre el sujeto la presión mercantil que a la vez le ofrece comodidades y angustias, ambas extremas en ocasiones. Lo que persiguen de nosotros son nuestros datos, no hay nada gratis en la red porque el dinero somos nosotros mismos. En último extremo, esos datos podrían servir para identificarnos si somos sospechosos de ejercer actividades que el poder considere que lo inquietan o que lo asustan. Con la tecnología actual, Franco no hubiera necesitado tanta policía social porque nosotros solos nos “fichamos” en multitud de sitios sin que nadie nos obligue. Esa policía tendría una misión relativamente cómoda: vigilarnos a distancia, online, y, en su caso, detenernos.

Imposible escapar

El reto del humano es sumergirse más o menos, todo, poco o nada, en ese contexto del que va a ser imposible escapar sin convertirse en un analfabeto digital marginado. A usted lo mandan cada vez con más asiduidad a la red o usted va solo, no necesita que se lo digan, sabe que en la red lo tiene todo. Yo he vivido situaciones que a primera vista pueden parecer kafkianas y sin embargo es ya algo común y va en aumento. Por ejemplo, solicitarle algo a un funcionario que para concedérmelo sólo tiene que pulsar unas teclas y sin embargo, estando ante él en persona, ambos frente a frente, te indican que eso se lo demandes desde el sitio correspondiente en la red. De manera que uno debe marcharse, colocarse ante su ordenador y hacerlo.

La identidad humana esencial se va perdiendo y queda una identidad meramente epidérmica de ciudadano y consumidor fascinado pero acaso con un fondo de malestar. ¿Cuánto tiempo se puede existir así? Poco, las personas más mayores acuden a sus hijos y sus nietos para que los saquen de ese trance, el que no tenga ayuda tendrá que renovarse o morir y no hace falta que sea físicamente. Las necesidades creadas por la sociedad juguetona consumista mercantil “tradicional” se unen a esta sociedad digital. El juego, el entretenimiento, la felicidad, el despiste, la confusión y la necesidad de estudiar todo este rompecabezas están servidos.

El profesor Antonio García Gutiérrez en su libro Frentes digitales. Totalitarismo tecnológico y transcultura, recoge unas palabras que puedo aplicar a lo que he llamado sociedad juguetona: “La comunicación digital -afirma García Gutiérrez- trae un componente seductor y adictivo, como las bebidas de cola, que ha logrado instalar una necesidad imperiosa de consumirla, incluso entre personas sin recursos económicos que la adquieren posponiendo o suspendiendo prioridades básicas como si de un ludópata o empedernido apostador se tratara. Especialmente en esas gigantescas masas de sujetos acríticos ha reclutado el neototalitarismo sus nuevas tropas. Con mensajes sugerentes y ensoñadores los ha cautivado. A través del mero contacto entre ellos, crecen exponencialmente la adicción y la defensa apasionada de la digitalidad, de la misma tecnología que los subyuga castrando la posibilidad de crecer como sujetos singulares, insumisos, críticos”.

El eterno “pan y circo”

Yo no estaría tan preocupado como parece estarlo mi colega –que me recuerda a mi etapa de salvador de la ignorancia y la explotación- porque el pan y circo se ha enfundado muchos disfraces y ha ejercido muchas estrategias a través de la Historia. El Poder ha actuado muy bien, domina a sus ciudadanos/súbditos por hiperdigitalización y no sería extraño que toda esa masa de sujetos acríticos sufriera su “enfermedad” con o sin mundo digital. Aunque el filósofo y el científico deben denunciar lo que el profesor García Gutiérrez denuncia, ya va siendo hora de no tratar a la gente exclusivamente como chiquillos dominados por los malévolos de turno.

Los públicos occidentales –sobre todo- tienen acceso a multitud de información y formación, poseen una obligación, la de convertirse en especialistas en ciudadanía democrática, si no desean enfrentarse a ella por miedo, indolencia o incapacidad no va a ser sólo problema de los intelectuales, las empresas y los gobiernos. Ser y vivir como un demócrata exige un precio: la formación y el esfuerzo personal. Con un móvil o en una sala pública de acceso a Internet se puede estudiar gratis o semigratis, los programas de radio, por ejemplo, tienen espacios informativos y formativos para todo. El podcast está ahí, los libros clásicos de papel –con precios bajísimos- también, el acceso a la educación, también. Y, por cierto, ¿atesoran estos críticos un sistema y una estrategia que sustituya a lo que dicen ellos que origina el acriticismo masivo? Si no los tienen –que no los tienen- que apliquen la filosofía de Cioran: si no posees algo que ofrecerle al que duerme, no lo despiertes. En este caso, que siga jugando.

Lo que vivimos es, a un tiempo, un factor de avance y destrucción en un neo-contexto donde, a fin de cuentas, de lo que se trata es de vender y comprar: el último estrato evolutivo del capitalismo, estimulado, sobre todo, por el cerebro judeo-luterano que se ha extendido por todo el planeta por imitación masiva.

Estos factores son los que han originado, además, la sociedad juguetona, asumida por la gran masa de población, convertida en gente feliz, muchedumbre solitaria, individualidad adocenada. La Inteligencia Artificial (IA), sus antecedentes digitales y sus derivados actuales y aún por conocer, claro que supone un avance increíble en ciertos ámbitos del saber y de servicio a la sociedad, pero el aspecto que ahora me interesa son esos factores que permiten prolongar la niñez y la adolescencia, permiten prolongar la inmadurez o crear otro tipo de madurez distinto al que hasta ahora hemos conocido. El que conocemos mejor hasta ahora consiste en la capacidad de tomar decisiones vitales de trascendencia, crear una prole y hacerse responsable de los actos propios y de lo que cada cual construye o crea.

Cuando la sociedad juguetona penetra en los colectivos sociales –desde la familia hasta otras agrupaciones- las jerarquías se diluyen, los miembros del grupo de uniformizan porque todos pueden caer en las redes de las Redes y cada cual olvida su papel en la vida: los padres el papel de padres, las madres el de madres, los hermanos mayores el suyo, los profesores, los monitores..., todos dejan solos a los sujetos por educar porque todos, en mayor o menor medida, de una forma u otra, están jugando, cultivando su yoísmo destructor, actuando como consumidores.

Los encargados de intentar que la sociedad sea por siempre juguetona son los elementos del alto poder, que precisan, como es lógico, una comunidad confusa y a la vez presuntamente feliz, presuntamente libre y presuntamente amiga. Todos los que trabajen en las altas esferas de este poder –o cercanos a ellas- serán conscientes de lo que está ocurriendo pero tal vez –aunque lo deseen- no puedan parar a la criatura que está actuando: es ella quien determina sus consciencias.

No, no somos nosotros quienes regimos nuestra vida y nuestro futuro sino que es la sociedad juguetona quien conduce nuestras voluntades y nuestra razón. Hay un nuevo pan y circo magníficamente presentado que lleva en sí mismo la semilla del conocimiento y de la autoeliminación como ser humano pensante. Nada nuevo en la Historia y sin embargo todo es nuevo.

El postureo y la “amistad”

Dos de las consecuencias más negativas de todo lo anterior es el postureo de unos y otros en la red, el individualismo narcisista, y el empleo muy superficial del concepto amistad, amigos. La sociedad juguetona se distrae creando supuestas amistades en red. A la palabra amistad la sociedad juguetona la utiliza con una ligereza evidente. La amistad no se deriva de la naturaleza social del humano sino de su naturaleza egoísta. Hasta Aristóteles, para quien la amistad era un factor clave derivado de la sociabilidad, definía a la amistad como necesidad, de lo cual no deduzco lo mismo que el sabio griego sino que no es lo social teóricamente innato lo que impulsa la amistad, es la necesidad egoísta de completarse a través del otro y darse sentido a sí mismo, conservarse con esta conducta, sobrevivir.

¿Cómo sobrevive el sujeto juguetón? Mediante el postureo, es decir, mediante una ostentación de su yo que lo lleva a la escenificación de su vida, a un teatro, una narración, en los que él –y no el otro- es el protagonista principal. El postureo se define como “la actitud artificiosa e impostada que se adopta por conveniencia o presunción”. La sociedad digital juguetona es ideal para crear en el humano la ilusión de ser alguien relevante y, asimismo, es muy apta para que los elementos humanos intercambien afectos para sobrevivir. Se trata de la soledad acompañada que multiplica por millones las viejas herramientas de comunicación interpersonales, no hay nada esencialmente nuevo en el ambiente, hay herramientas novedosas y poderosas que intensifican los contactos, si acaso lo nuevo es que tales contactos quedan desdibujados porque la cantidad ha sustituido a la calidad.


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