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Las crónicas de la felicidad en España (y III)

Una investigación muestra a partir de diversos parámetros, como la familia, el desempleo, la amistad o la confianza, por qué los españoles son tan felices

03 sep 2017 / 20:51 h - Actualizado: 04 sep 2017 / 09:08 h.
"Veraneando"
  • Para ser feliz no es necesario tener grandes recursos económicos. / El Correo
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  • Desempleados esperan para entrar en la Oficina del Servicio Andaluz de Empleo, este verano. / Jesús Barrera
    Desempleados esperan para entrar en la Oficina del Servicio Andaluz de Empleo, este verano. / Jesús Barrera

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España ocupa este año el puesto número 34 –de 155– en el Informe Mundial de la Felicidad. Sin embargo, los factores que determinan la satisfacción vital de los españoles van más allá de los parámetros que mide dicho informe. La investigación en la que se basan Las crónicas de la felicidad en España incide en todos los aspectos que influyen en la sociedad y analiza parámetros más específicos con el fin de demostrar cómo son de felices los españoles en función a distintas variables. En este sentido, en los anteriores artículos se abordaron las relaciones sociales, la importancia de la institución familiar o la confianza en relación al grado de satisfacción vital que muestra la sociedad española respecto a dichas situaciones, pero ¿cómo ha influido al bienestar emocional la crisis, el desempleo y la situación precaria de cientos de familias en nuestro país?

La ocupación laboral

«El trabajo es una dimensión esencial de la existencia y como tal un determinante de la satisfacción vital». Con estas palabras, José Atiliano Pena y José Manuel Sánchez comienzan el capítulo en el que analizan la influencia de esta variable en la sociedad española. Es importante destacar que para estudiar dicha variable no se puede obviar que el nivel de desempleo, entre la población activa, es muy grande: en los últimos años se sitúa, de media, en torno al 20 por ciento.

En relación a los diferentes tipos de situaciones que se pueden dar entre activos –ocupados y desempleados– e inactivos –estudiantes, los que realizan labores domésticas y jubilados–, los resultados que arrojan la investigación muestran cómo es de importante el trabajo para los españoles: el 27,30 por ciento de las personas que trabajan se sienten muy satisfechas con sus vidas. Por el contrario, el 15,30 por ciento de los desempleados están muy satisfechos. Le siguen los jubilados, con un 17,90 por ciento y las personas que se dedican al trabajo doméstico, con un 24,20 por ciento. Quizá por el tiempo libre o por la situación más estable que viven, los estudiantes son los más felices, con un 27,60 por ciento de individuos que declararon estar muy satisfechos. Por otro lado, los desempleados mostraron más del doble de insatisfacción vital en relación que los ocupados y el resto de variables. Estos datos muestran «al desempleo como la causa individual más determinante de la ausencia de satisfacción vital, aunque particularmente económica», concluyen los expertos.

Respecto a la satisfacción general de los ocupados –que se encuentran a su vez en un contexto en el que la crisis económica hace que valoren más su situación– se sienten, por lo general, bastantes satisfechos en su trabajo y en relación a sus compañeros.

No obstante, los desempleados, a pesar de que pertenecen al grupo que peor se siente actualmente en términos de satisfacción vital en comparación a su situación pasada, con un porcentaje que se sitúa en torno al 60 por ciento y que se encuentra muy por encima del 33 por ciento de los ocupados, no son los que perciben una peor calidad de vida. En este sentido, en una escala de 10, los desempleados puntúan con un 6,3 su calidad de vida. En comparación, los ocupados obtienen un 7,5 y las personas que realizan el trabajo doméstico un 5,85, «un colectivo, todavía muy feminizado» que muestra «muy bajos niveles de autopercepción de la calidad de vida» y que se llevan la peor parte.

En conclusión, los ocupados muestran buenos niveles de satisfacción laboral, una situación que viene determinada principalmente por la percepción actual de que es un privilegio tener un empleo, más que por la relación que tienen con los compañeros u otros factores.

Para los desempleados, el aspecto económico es su principal fuente de insatisfacción, aunque le dan un aprobado alto a la calidad de vida. Esta situación afecta más gravemente a las personas de mediana edad y viene condicionada por otros factores como si perciben o no el subsidio de desempleo.

A bajos niveles de ingreso

De toda la muestra a la que realizaron la Encuesta Nacional de Satisfacción con la Vida, los investigadores consideraron a los hogares en los que el nivel de ingresos es menor de mil euros al mes como índice de pobreza. En cualquier caso, no es lo mismo la persona que recibe 600 euros al mes y vive sola que el hogar con cinco miembros y recibe el mismo sueldo. En este contexto, los resultados mostraron que los pobres pueden llegar a ser más felices que la media nacional: el 53 por ciento está más satisfecho que la media nacional, el 48 por ciento tiene un mayor balance afectivo, el 52 por ciento tiene mejores experiencias sensoriales y el 47 por ciento evalúa mejor su vida. En definitiva, ser pobre no es sinónimo de felicidad, pero más de la mitad de ellos son más felices que el resto.


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