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Misterios paranormales en la vieja hacienda

Muchas veces el investigador no tiene ni que buscar un caso..., el caso viene a buscarte a ti. Aunque parezca paradójico eso es lo que nos ocurrió a Jordi Fernández y a mí con el caso de la Hacienda Benabulque o el Cortijo de los Milagros...

13 oct 2019 / 07:50 h - Actualizado: 13 oct 2019 / 07:50 h.
  • Misterios paranormales en la vieja hacienda

A veces el misterio nos conduce por extraños intrincados que sólo llegamos a comprender una vez desentrañados los enigmas que pone a nuestro paso. Donde menos puede suponer el investigador, el cronista del misterio, que podemos encontrar esos sutiles rastros del más allá es precisamente donde encontramos eso “algo” por el que merece la pena investigar. Permítanos que le conduzcamos a una de esas historias que como diría nuestro admirado J.J. Benítez es: “oficialmente imposible”.

En ese camino tras el misterio nuestros pasos nos van a conducir a un lugar relativamente apartado de Sevilla, y todo comenzó a través de un correo electrónico que llegó a la redacción del programa radiofónico “Voces del Misterio” (Radio Betis), un amplio fragmento de aquel misterioso correo decía así:

“Muy señores míos:

Adjunto les remito un escrito con los detalles que he podido recordar acerca de un cortijo abandonado en el que fui testigo de diversos hechos, que a mi entender, son inexplicables.

No recuerdo muy bien los motivos que me llevaron hasta aquel cortijo, lo único que recuerdo es un medallón que encontré en la entrada a la finca y que aún conservo y de repente y como viviendo un sueño, aquella casa y esa extraña mujer...

Todas las ventanas estaban rotas y aún conserva en su fachada el nombre de la Hacienda. En un extremo de la vivienda un viejo foso que creo yo que pudo ser utilizado para reparaciones de vehículos. Pasé mucho rato en el interior del cortijo, escudriñando entre las habitaciones y las amplias estancias destinadas al ganado. Para cuando me di cuenta, la noche se me había echado encima y decidí marcharme. Fue en este mismo instante cuando sonó una campanada, me pareció extraño puesto que en la inspección que hice a la ermita, aun siendo de día, no vi ninguna campana. Retrocedí unos pasos para asomarme, aunque reconozco que mi intuición me pedía lo contrario. Llegué a la ermita, desde donde había percibido el sonido de la campana, pero por mucho que miré no vi la campana por ningún lado. De pronto la campanada empezó a sonar otra vez y empecé a correr hacia el camino central que lleva a la puerta de entrada, con la mala suerte que tropecé con algo que no sé muy bien que fue y me caí de bruces en el pozo...

Lo próximo que recuerdo, era una voz femenina que me llamaba por mi nombre, una voz pausada, débil, pero estoy seguro que era de una mujer joven. Cuando logré focalizar la vista, la vi. Pero... no es que estuviese viendo un fantasma, la vi con mis propios ojos. Era alta, de largos cabellos, y unos ojos azules que miraban con suma dulzura y vestía una larga túnica como las de gasa blanca. Me preguntó qué tal me encontraba y me dio a beber agua de una botella de cristal. Estaba muy seria y le pregunté quién era ella y donde estaba, me dijo que iba a avisar y salió de la habitación.

Cuando me incorporé, me di cuenta que estaba amaneciendo y que aún seguía dentro del cortijo. Estaba en una de las habitaciones de la primera planta. Esperé unos quince minutos pero ella no volvió, bajé abajo y recorrí todas las estancias, pero ella no estaba allí. Tampoco escuché ningún coche.

No sé quién era aquella mujer con vestido blanco que me salvó la vida, no sé cómo pudo subirme al primer piso ella sola, como tampoco sé cómo se llama, ni como aquella desconocida sabia mi nombre.

Al día siguiente, decidí volver al cortijo, pero esta vez en coche, entré y subí al piso de arriba, para comprobar que aquella mujer no estuviese allí viviendo como indigente o algo así. Pero en ese momento, cuando entre en la misma habitación donde vi por primera y por última vez a aquella mujer, empecé a comprenderlo todo, y es que colgado de un viga de madera, en el techo de la habitación, había un retrato en el que estoy seguro que está dibujada la dama blanca que me salvó la vida.”

Tras aquel correo se escondía una testigo de lo imposible, un testigo de lo quimérico, un testigo del más allá... Pudimos conocer a nuestro anónimo amigo, Rafael Fernández, quién aún con los nervios a flor de piel nos ratificaba aquella extraordinaria experiencia en aquel inhóspito y abandonado lugar al que nos guio una fría tarde de Noviembre de 2008. Casi sin bajarse del automóvil nos dijo: “Aunque estoy eternamente agradecido a aquella “dama blanca” que me salvara la vida si la viera me moriría” y ni tan siquiera bajo a reconocer el terreno junto a nosotros. Y es que nos encontrábamos a pocos kilómetros de Sevilla, en una zona tomada por los militares del EA debido a la incipiente proximidad del aeropuerto de Sevilla y las instalaciones aeronáuticas de “Construcciones Aeronáuticas S.A.”, donde se construye parte del fuselaje del Airbus A380. EN esa misma carretera, en un polvoriento camino, a lo lejos, distinguimos una gran forma solariega, se trata de nuestro destino, el “Cortijo Benabulque” o “Hacienda Nuestra Señora de los Milagros”. Y es que el cortijo no es un lugar cualquiera, su gran extensión de terreno y su arquitectura puramente andaluza a la luz del día la hacen inocentemente bella, pero cuando la noche se cierra entre las paredes de sus muros, todo parece cambiar... Una ermita, un pozo y una gran casa se muestran al visitante con una estampa terrorífica, donde incluso los búhos parecen tener miedo...Los acontecimientos que afectaron a nuestro protagonista tuvieron su origen mes de Octubre de 2008 pero no sería el único ocurrido en tan siniestro lugar...

Pero el increíble relato de nuestro testigo resultaba más que fiable, junto con su veraz testimonio este nos hizo la entrega de la que quizás sea la prueba más importante de este caso: una fotografía del cuadro de la misteriosa dama. También nos dio un dato escalofriante: la mujer que él vio en persona en aquel cortijo es la misma que la del cuadro, pero en el cuadro le parece más envejecida, como unos diez o quince años... Y comenzó los datos en busca de los propietarios de aquel cortijo o sus herederos.

Antes en el lugar poco de interés había, sólo tierra de labranza dedicada a tareas agrícolas y posteriormente convertida en coto de caza, cuya actividad también fue cesada debido a las exigencias que imponía la cercana instalación aérea y la policía militar. De sus propietarios (omitimos los nombres de la familia propietaria) tampoco hay demasiado que contar, simplemente que la finca quedó abandonada hace más de tres décadas debido a la poca rentabilidad y los altos precios, que no se tiene constancia de ningún fallecimiento en el interior de la misma pero si de la afición de algunos de sus miembros por las artes espíritas y que tras su posterior abandono el lugar fue cobijo de aquellos que buscan un refugio donde pasar la noche.

Pero no era la única experiencia. En la redacción de Radio Betis, un chico que atiende al apodo de “Mundi” nos narraba en primera persona: “Yo he estado en un lugar detrás del aeropuerto, el cortijo de la Virgen de los Milagros y no veáis... Aquello es tremendo, por la noche, algunas veces, se escucha el sonido de una campana, creo que debe ser de una vieja ermita que hay justo a la vera y que pertenece al conjunto... Pero es que aparte de eso que nos extrañó mucho vimos como a lo lejos venía andando alguien, era una figura de una persona, una mujer que emitía su cuerpo una luz tenue, era como resplandeciente, aquella mujer cuyos rasgos no se percibían bien pero que diría que era joven pasó caminando por delante de la casa, nosotros estábamos escondidos detrás de las ventanas tapiadas pero la veíamos por los agujeros, aquella persona era como tú y como yo, pero estaba muy pálida y parecía flotar... Salimos a ver qué camino seguía y fue desapareciendo a la altura del camino... Nos dejó impresionados... Cuando acabó de difuminarse se sintió de nuevo aquella campana de ningún sitio... Nos dio mucho miedo y nos marchamos”.

Antonio Trujillos, Emilio Moreno y Javier Román son tres amigos con una curiosa experiencia que contarnos en el interior de este edificio: “Serían las once y media de la noche, estábamos en la parte de atrás, en un lugar que parece como un establo o para guardar el grano, de repente sentimos mucho frío, y el repicar de una campana, entonces por la esquina apareció una mujer pálida, como si estuviera muerta, con una ropa de noche o camisón blanco, pelo negro que caminaba con tristeza, parecía que no tocaba el suelo... Vimos que se acercaba a unos 20 metros de donde estábamos y salimos corriendo aterrorizados” comenta Emilio Moreno. Su compañero Javier Román añade: “Cuando hemos vuelto al lugar hemos ido a grabar psicofonías, algunos dicen que vimos a la dama blanca del Cortijo que es conocida por algunas personas que ya se han encontrado con ella. El caso es que dejamos la grabadora en el mismo lugar donde habíamos estado la primera vez y nos metimos en el coche... Al cabo de la hora recogimos la grabadora y salimos corriendo, teníamos miedo... Entonces en caso fue cuando registramos ruidos extraños, unos eran sonidos de lechuzas, pero otro decía “id en paz” o “va soledad”... Era una voz quejumbrosa, en otra psicofonía se escuchaba un llanto... Nos dio tanto miedo que no hemos vuelto. Sabemos que allí hay un fantasma, un algo de otro mundo...”

Antonio Trujillos nos mira con miedo, con respeto y dubitativamente nos cuenta: “Yo no me la puedo quitar de la cabeza, sueño con ella, tengo pesadillas con ella, hicimos una noche una sesión de ouija en la planta de arriba y el vaso se movía como loco, dando letras sin sentido... al final sólo acertó a marcar algo con cierto sentido: Ana María... Pensamos que podría ser el nombre de la dama blanca, pero si hubierais visto ese vaso moverse a la vez que las linternas fallaban y se escuchaba a lo lejos esa maldita campana..., da mucho miedo”.

Nuestra investigación nos hizo acudir al lugar junto con el investigador malagueño Luis Mariano Fernández una lluviosa tarde de Noviembre, allí, recorriendo el mapa de cartográfico militar que llevábamos localizamos nuestro epicentro del misterio: el Cortijo Benabulque. La fachada principal no decía que habíamos llegado. Bajo una fuerte lluvia que calaba nuestras ropas y algunas bromas mientras recordábamos los acontecimientos climáticos que describe Charles Fort en su “Libro de los Condenados”, localizamos los lugares descritos que aparecían en aquella primera e inusual carta que habíamos recibido en meses anteriores: El pozo, la pequeña ermita, el foso.... Todo era como nos lo había descrito nuestro inicialmente confidente anónimo. Aquella pequeña ermita o capilla, no tenía más de 3 metros de ancho y unos 4 de largo, su estado era ruinoso y aunque tuvo uso eminentemente religioso en otro tiempo también denotaba su utilización como corral de gallinas en algún tiempo posterior al abandono de la finca. Nos detuvimos un momento en su interior para intentar recoger o interpretar aquello que aquellas cuatro paredes habían sido testigos meses antes. Pese al temporal y las reducidas dimensiones del recinto, la calma reinaba allá dentro. Por un momento recreamos algún tipo de genuflexión, imitando lo que antaño, y presumiblemente, aquella mujer.., aquella dama blanca, habría hecho delante de un altar realizando sus plegarias y que hoy pese a no encontrarse, deja un aire de sentimientos y confesiones que se hacen notar en el aire y que incluso a veces parecen sonar murmullos y rezos. El pozo aún conserva agua, y si nos basamos en la explicación de lo hechos que se narran en la carta aquí publicada o en los testimonios recabados, perfectamente, pudiera haber caído al pozo, ya que el suelo está tapizado con escombros y ramajes, y es lo suficientemente ancho como para albergar a una persona.

Nuestras investigaciones posteriores nos han llevado en diversas ocasiones al lugar tratando de encontrar explicaciones satisfactorias a la fenomenología descrita por los testigos. Constatamos las fuertes bajadas de temperaturas que iban desde descensos vertiginosos a rápidas subidas sin explicación, pudimos oír el misterioso doblar de una inexistente campana, pudimos grabas ese desconcertante fenómeno que llamamos psicofonías y que nos indicaban mensajes tan extraños como: “no es aquí” o “sin salud” y esperamos que, un día, podamos tener un encuentro con esa misteriosa dama blanca que se aparece en esta singular hacienda.

En un afán de localizas aquella misteriosa dama del retrato que nuestro primer testigo identificaba como la “dama blanca” sacamos su retrato en Localia Tv Sevilla pidiendo la colaboración de aquellos a quienes pudiera resultarles familiar, pero no tuvimos éxito. Recurrimos a anticuarios de Sevilla, pero ninguno pudo reconocer aquel rostro, sólo una pista fundamental y no menos desconcertante: la tela de la que está hecho el lienzo del cuadro, correspondería a los años 30 o 40 del pasado siglo XX. Así pues la misteriosa dama del retrato era tan misteriosa como los motivos que impulsaban a aparecerse a la vieja dama blanca del Cortijo Benabulque. Mientras, en el cortijo, una extraña sensación: alguien nos mira, nos vigila y las pruebas psicofónicas no han arrojado más luz en este caso.

Sea una dama blanca, un espíritu o un ángel de la guarda, seguimos buscando una pista, un rastro que nos ayude a dilucidar este misterioso e insólito enigma del Cortijo Benalbuque, en la campiña sevillana. Un lugar que cambio la vida a Rafael Fernández y quizás a nosotros nos esté sucediendo lo mismo sabedores de estar buscando el bien de una persona agradecida.

A veces, la investigación de lo oculto, se convierte en un juego macabro difícil de controlar, otras, sin embargo, el misterio se apodera del investigador y hace que se apasione con aquello que está indagando. Quizás el caso del Cortijo Benalbuque o Hacienda “Nuestra Señora de los Milagros” sea un punto y aparte para quienes escriben estas líneas después de haber pasado en él largas noches de investigación. Una investigación que nos seguirá durante muchos años y que como único testigo mudo queda colgado de las paredes de nuestro despacho, el cuadro de una dama, que en este caso insólito es parte principal del misterio de este lugar.


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