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«Mucha gente está a la espera de que mejore el mundo y muy poca da el paso para cambiarlo»

Paul Lubbers. Empresario, inversor y asesor de proyectos en movilidad eléctrica y energías renovables. Desde Sevilla, donde se afincó con su familia en el 2000, procedentes de su Holanda natal, está implicado en numerosas iniciativas internacionales de innovación tecnológica y de concienciación social para materializar la transición energética. Desde el barco The Ocean Cleanup para limpiar de plástico los mares, a un movimiento universal de sostenibilidad, justicia y paz mediante los principios éticos consensuados en la Carta de la Tierra.

Juan Luis Pavón juanluispavon1 /
12 ene 2020 / 09:25 h - Actualizado: 12 ene 2020 / 09:28 h.
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  • Paul Lubbers vive en Sevilla y desarrolla muchos proyectos con socios en Madrid y Amsterdam. / JESÚS BARRERA
    Paul Lubbers vive en Sevilla y desarrolla muchos proyectos con socios en Madrid y Amsterdam. / JESÚS BARRERA

“Me gusta estar haciendo algo nuevo, porque para mí en la vida es importante el cambio. Con los cambios te mantienes con los ojos abiertos”. Mientras paseamos y conversamos en Sevilla, junto a la dársena del Guadalquivir, frente al Pabellón de la Navegación, Paul Lubbers se siente complacido de no ser reconocido por los viandantes que transitan a nuestro alrededor. Es de las personas que no se dan importancia alguna y que están embarcadas en desafíos importantes, sin pretender el foco de la notoriedad. Nacido en Rotterdam hace 56 años, y habitante del Aljarafe metropolitano desde hace 20, es el primogénito de los tres hijos de Ruud Lubbers (1939-2018), quien fue primer ministro de Holanda de 1982 a 1994, y alto comisario de Naciones Unidas para los Refugiados de 2001 a 2005. Mucho antes de que en la política española se empezaran a verbalizar conceptos como transición energética y economía circular, Paul Lubbers ya estaba implicado en proyectos para aunar empresa y sostenibilidad medioambiental. “Tengo esperanza en que con las nuevas tecnologías podamos convivir mejor con la naturaleza. A eso me dedico. Como emprendedor, o como desarrollador de proyectos, o como asesor. A veces con dinero, a veces solo con ideas. Y me gusta apoyar a los jóvenes con vocación de hace algo grande para mejorar el mundo”.

¿Cómo fueron sus inicios?

Estudié Empresariales en Rotterdam y empecé a trabajar en compañías de comercio internacional y de consultoría. Mi primera etapa significativa fue en Bangkok (Tailandia), en 1990-91, con Larive International. Después, desde Holanda, trabajé para empresas del sector lácteo y del 'packaging' (empaques, envoltorios, envases, cajas) y viajaba muchísimo, dedicado al desarrollo de negocio y a las ventas, sobre todo a países de Asia y Latinoamérica.

¿Cuál fue su primera relación con Sevilla?

Cuando estaba en Wavin, empresa holandesa que se dedica al diseño y fabricación de envases, al 'packaging'. Y viajé varias veces a Sevilla para visitar a la empresa Cruzcampo, estuvimos produciendo para ellos las cajas de plástico donde se distribuían sus botellas de cerveza. Firmamos un contrato, con la condición de que se fabricaran en Sevilla (en una nave en Écija), para así dar empleo a población sevillana. Así conocí Sevilla, me gustó y empecé a pensar que no es un buen sitio para vivir.

¿Cómo se decantó por mudarse de Holanda a Sevilla?

Cuando mi mujer y yo tuvimos a nuestros dos hijos, ya se nos complicó mucho estar de viaje por motivos de trabajo. En esos momentos, mi mujer, también holandesa, tenía un negocio de muebles, y parte de la producción se hacía en Sevilla. En el año 2000 nos decidimos a empezar una nueva etapa, vendimos en Holanda la casa y nos trasladamos a Sevilla para residir y para trabajar. Porque nos habíamos enamorado de la ciudad.

¿En qué trabaja ella actualmente?

En el equipo que está organizando el SDG World Tour, proyecto vinculado a la materialización de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS, en inglés las siglas son SDG), a través de tres acciones simultáneas: la vuelta al mundo de un barco, el Clipped Stad Amsterdam, construido como las fragatas del siglo XIX, que promoverá los ODS y difundirá los casos de éxito en su aplicación, participando en la travesía numerosos emprendedores. Comenzando en Amsterdam en septiembre de 2020 y concluyendo en Nueva York en 2022, en la sede de Naciones Unidas, tras 17 escalas en ciudades de 17 países donde se harán en cada caso programas de actividades durante 10 días, y todo vinculado a una plataforma digital con redes sociales e información para concienciar sobre cómo repensar nuestro modelo de vida individual y colectivo.

¿Fue fácil para usted poner en marcha desde Sevilla actividad profesional?

Es más difícil que en Holanda porque hay menos actividad multinacional. En muchos proyectos donde estoy implicado, ya sea como 'manager', como inversor o como socio, están en Madrid y en Holandas los 'partners' o los colaboradores. La primera empresa que puse en marcha desde Sevilla sigue funcionando, se llama Cubiertas Automáticas de Piscinas (Capcovers). Y surgió a raíz de una preocupación personal. Me daba miedo que mis hijos, siendo muy pequeños, se cayeran en la piscina de nuestra casa y se ahogaran. Busqué algún sistema automático para comprarlo e instalarlo, y no encontré ninguno en España. Lo localicé en Estados Unidos. Y esa necesidad me inspiró. Es una pequeña empresa, y los montamos en España y otros países europeos como Francia e Italia.

¿Y su primera incursión en el sector energético?

En el 2006 entré como socio en Energés, constituida en Sevilla, que sigue desarrollando proyectos de energía solar con plantas fotovoltaicas. Nos dedicamos a resolver la búsqueda de sus emplazamientos, su ingeniería, su construcción. Empezamos haciéndolo solo en España y, desde hace varios años, también en otros países.

Fue pionero con Cochele, la primera empresa en España de alquiler de coches eléctricos que podían cogerse y dejarse en diversos lugares de una ciudad. ¿Se adelantó demasiado a la demanda de este servicio de movilidad urbana?

Hacerlo en 2010 fue muy interesante y nada fácil. Había conocido en Holanda tanto la movilidad eléctrica como el 'carsharing', y me pareció muy buena combinación. Recibió mucha atención, sorprendió que se implantara en Sevilla. Al final salió bien porque Cochele se fusionó con Bluemove, y en 2015 Europcar compró Bluemove. Hoy en día hay cinco empresas ofreciendo ese servicio en Madrid. Fue una experiencia de la que aprendí mucho para llevar a cabo otras ideas.

¿Por ejemplo?

Participar en el proyecto de The Ocean Cleanup, para retirar plásticos de los océanos y ríos. Ha sido muy bonito estar implicado en el impulso inicial, desde 2014, para que fuera posible desarrollar un modelo de embarcación con sistemas que permitan la recogida de tanto material en las aguas, y para que hubiera un grupo inicial de socios para apoyarlo y de países dispuestos a probarlo. Es otro ejemplo de que con nuevas tecnologías podemos elaborar soluciones. Además, hoy en día, la ciudadanía está mucho más concienciada que hace seis años sobre la gravedad del problema que causa la presencia continua del plástico en la naturaleza.

¿Cómo es Boyan Slat, el joven holandés que puso en marcha The Ocean Cleanup con solo 18 años de edad?

Ha sido capaz de generar atención en todo el mundo con objetivos ambiciosos y llamativos. De modo claro: “Este es mi proyecto, este es mi objetivo, ¿quién me va a ayudar?”. En poco tiempo, se pudieron captar fondos de grandes empresas. Porque era un ejemplo de cómo actuar, y por eso ha logrado un reconocimiento mundial. Si reflexionamos, hay muchas situaciones en las que somos una sociedad compuesta por personas que observan la realidad y ahí se quedan, y solo unas pocas toman la iniciativa para resolver los problemas, cuando se preguntan: “¿Y esto porqué nadie lo hace?”. Mucha gente está a la espera de que se cambie el mundo a mejor y muy poca da el paso y toma la iniciativa para cambiarlo. Necesitamos gente como Boyan Slat.

¿En Holanda, país de tradición comerciante y en el que se le ha ganado terreno al mar, se educa mejor que en España para la creación de empresas y la innovación medioambiental?

Somos más un país de negociar que de producir. Un país pequeño donde estamos acostumbrados a tener amplia perspectiva, abiertos a tratar con el mundo, tanto el cercano como el lejano. Eso te abre más los ojos para intenter innovar, para encontrar nuevas soluciones. En mi caso, me centro en movilidad eléctrica y energías renovables. Muchos sevillanos me preguntan: “¿De dónde eres?”. Tras responderles, siempre les digo: “También tengo una pregunta para ti. ¿A dónde vas?”. Porque la primera pregunta supone enfocarse en el pasado, que es importante, pero también es importante la visión sobre el futuro, cómo lo ves a cinco o diez años, porque eso te encamina a trabajar hacia esa dirección en el horizonte.

Seleccione una fortaleza y una debilidad en España.

La formación es buena, hay mucho talento con sólidos fundamentos. La inercia de estar pendientes de subvenciones y subsidios es mala, se ha puesto mucho dinero en cosas que no dan resultado ni rentabilidad.

¿Ha llegado ya el momento en el que la venta o uso de coches eléctricos va a despegar definitivamente?

Vamos a ver pronto el cambio de paradigma, cuando empresas como Volkswagen lancen en 2020 sus nuevos modelos. En los años precedentes ha habido muchos frenos porque a la industria del automóvil no le interesaba sustituir tan rápido su modelo de fabricación y negocio; porque la mayor parte de los usuarios tampoco desean cambiar de un día para otro ni de vehículo ni de hábitos, y porque para las compañías energéticas aún no parecía maduro el negocio de la recarga de baterías. De lo que estoy seguro es de que quienes hoy en día conducen un coche eléctrico, no van a comprar más uno de combustible. Y al menos el 50% de las personas que se van a plantear cambiar de coche entre el 2020 y el 2022, están pensando que el próximo será eléctrico.

¿Y será más rápido o más lento el cambio hacia el autoconsumo energético en los hogares, con medios propios como las placas en azoteas o tejados?

La previsión es que en los próximos cinco años se coloquen en España más de 300.000 instalaciones en edificios que sean casas, bloques de pisos o sedes de empresas. Para acelerar esta tendencia debió establecerse una normativa más sencilla, pero no fue así y los procedimientos han sido muy complicados. Integrar las fotovoltaicas en las ciudades va a acelerar la identificación de la sociedad con las energías renovables, y entender que es factible un modelo descarbonizado, descentralizado y digitalizado de eficiencia energética en la vida de cualquier persona. En Alemania, gobernantes y sociedad están mejor alineados en la transición energética y por eso es el país europeo que más ha avanzado para darse cuenta de que no es un problema sino una oportunidad de modernizar y relanzar su economía. A la vez con un gobierno conservador y con la fuerte influencia de los 'verdes'.

¿Los bandazos que ha habido en España para subvencionar o penalizar diversos sistemas de producción energética, además de inseguridad jurídica para grandes inversores, han incrementado la cautela de la población para tomar decisiones?

Sí, muchas personas no saben por dónde empezar. Para dar respuesta a esa necesidad de orientación sobre el autoconsumo, estoy participando en Onuo, un proyecto fundado desde Madrid, de asistente personal a través de internet para que cualquier ciudadano pueda decidir mejor y más fácilmente lo relacionado con ahorros, con dispositivos, con presupuestos de montaje e instalación, cuáles son los instaladores que lo hacen más cerca de mi ubicación, etc. Qué tipo de cargador de batería es más conveniente para tu coche; cómo calcular el dimensionamiento de una instalación fotovoltaica teniendo en cuenta la ubicación del edificio, la inclinación de tejados, la orientación hacia el Sol a lo largo del día,...

¿En su vida cotidiana lleva a cabo estos criterios?

No soy perfecto, también estoy en transición. En mi casa tengo una instalación fotovoltaica, cada vez más uso en Sevilla una bicicleta eléctrica, y cuando cambie de coche seguro que el siguiente será eléctrico.

Un consejo que se aplique a sí mismo y con el que se asesore, tras sus experiencias, para acertar más a la hora de implicarse en la creación de nuevas empresas.

Es más viable desarrollar negocio en una actividad donde ya hay varias empresas funcionando, que intentarlo en un campo totalmente nuevo, donde tienes que convencer a todo el mundo para que acepte la innovación y cambie sus hábitos. Es mejor que ese esfuerzo suceda en algo donde no estés intentándolo en solitario. Y muchas veces el éxito se alcanza cruzando tecnologías existentes y productos existentes para integrar nuevos proyectos.

Como ciudadano del mundo, ¿en qué está ahora más implicado?

En relanzar la red global que apoye y aplique la Iniciativa Carta de la Tierra, declaración universal de principios éticos para fomentar el desarrollo sostenible. No solo un mundo más sostenible, también un mundo más justo y más pacífico. Su centro de coordinación está en la Universidad para la Paz, en la capital de Costa Rica. En 2020 se cumplen 20 años del lanzamiento de la Carta de la Tierra tras su redacción, el acto tuvo lugar en el Palacio de la Paz, en La Haya (Holanda), inspirada en acciones previas como el Informe Nuestro Futuro Común, elaborado por una comisión presidida por la que fue primera ministra de Noruega, Gro Harlem Brundtland; y por la Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro. Mi padre, Ruud Lubbers, fue uno de los fundadores de la Carta de la Tierra, también participaron personalidades como Mijail Gorbachov.

¿Qué objetivos se han fijado en 2020?

Hacer crecer este movimiento que une a organizaciones e individuos, tejiendo fórmulas de cooperación. Ya hay socios en 60 países. La Carta de la Tierra está traducida a 50 idiomas. Queremos potenciar sus programas de educación para incorporar estos valores y principios éticos en los procesos de aprendizaje y de toma de decisiones. Vamos a organizar actividades en países de todos los continentes. Se nota que hay más receptividad que hace 20 años por estas cuestiones tan importantes.

¿También percibe un gran cambio en el porcentaje de personas que pasan a la acción?

Sí, porque cada vez estamos más informados y somos más conscientes de que formamos parte de un planeta común y de un desafío común. Y que los problemas no se arreglan solo con leyes o con tratados, ni levantando muros. Necesitamos la articulación entre la gente de una ética para convivir con los demás seres humanos. Para la relación con nuestro entorno natural, con las plantas y animales. Para la actividad empresarial. Para la vida urbana. Nos hemos creído que podíamos domesticar el planeta, que podíamos enzarzarnos en mil y un conflictos entre los pueblos, y ahora debemos darnos cuenta de cuál es nuestra misión: somos un solo planeta, un solo pueblo. Existe conocimiento y tecnología para que todos los seres humanos tengan comida y vivienda, es ridículo que sigamos dedicando tantos esfuerzos y recursos a comprar armas.

¿Realmente el mundo empresarial va a integrar a pies juntillas en sus procesos productivos los criterios de sostenibilidad?

Se nota que cada vez hay más empresas que están redefiniendo su razón de ser. No es solamente tener un producto o un servicio que vender. Para tener reputación, para tener clientes, han de dar ejemplo, han de ser admirables, han de aportar soluciones a los problemas medioambientales. Cada vez hay más gente que quiere comprar bajo ese criterio.

¿Y en esa tendencia no es imprescindible suprimir los paraísos fiscales?

Los gobiernos han de acelerar su eliminación, y también tienen responsabilidad las empresas y personas que los usan. Eso tiene que ver mucho con la ética. Aunque exista esa vía para no pagar impuestos, hay que tener sentido de la responsabilidad y no buscarlos. Cuando eres una empresa que trabaja en un país, estás usando toda la infraestructura que ofrece ese país. Si buscas el hueco legal para no pagar impuestos, cada vez se te volverá más en contra porque la población no lo pasará por alto cuando decida comprar cualquier producto.

¿Qué ha sido para su familia lo mejor en los 20 años que llevan en Sevilla?

La educación de mis hijos, el entorno en el que han crecido. Estuvieron en el Colegio Europa y ha sido muy positivo su enfoque. Por otro lado, para el tiempo de ocio, la ciudad de Sevilla y sus alrededores son un área con muchos atractivos.


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