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Padre Pío reclama mejores accesos para dejar de ser «un barrio aislado»

Los vecinos solicitan desde hace años que se complete el arreglo de la entrada por la SE-30. Otra de las quejas es la presencia de ratas en las calles

Manuel J. Fernández M_J_Fernandez /
23 ene 2017 / 08:46 h - Actualizado: 20 ene 2017 / 19:16 h.
"Barrios","Cerro - Amate","Juan Manuel Flores"
  • La entrada a la barriada de Padre Pío desde la SE-30 presenta numerosos baches. / Fotos: El Correo
    La entrada a la barriada de Padre Pío desde la SE-30 presenta numerosos baches. / Fotos: El Correo
  • Fachada de la parroquia que atiende a los vecinos de Padre Pío.
    Fachada de la parroquia que atiende a los vecinos de Padre Pío.

Padre Pío se siente «aislado», «al otro lado» de Sevilla. No sólo por las barreras físicas que tiene, como la SE-30; sino también por «la falta de interés» de las administraciones a la hora de dar respuesta a sus demandas. A los hechos se remiten sus vecinos: explican que han presentado hasta «30 escritos de denuncia» al distrito en el último año y medio y han tenido como respuesta «engaños y más engaños».

La asociación de vecinos Guadaíra de Padre Pío cuenta que desde hace años solicita la mejora del acceso a la barriada por la SE-30. Si bien hace dos lograron que se colocaran puntos de luz en este trayecto de 300 metros, la actuación fue «insuficiente» porque no se cambió el firme de la calzada, donde aparecen «socavones de gran tamaño y más de un coche ha dado un llantazo cuando llueve, se llenan de agua y no se ven». También persisten otros obstáculos, como «la nula señalización» y la arboleda, «que invade la carretera y quita visibilidad al conductor. Es un peligro».

El presidente vecinal, Manuel Romero, lamenta también que no puedan disfrutar del Parque Guadaíra como el resto de barrios. «Estamos a solo 200 metros y no tenemos un acceso directo».

Pese al zafarrancho de limpieza, con la retirada de escombros y cuadras ilegales en noviembre de 2015, los vecinos lamentan que continúan los problemas. «La zona del canal que se tapó y las parcelas de la calle Bollullos están llenas de suciedad y de excrementos de animales. Es el paso diario de los niños que van al cole. También han vuelto las cuadras ilegales», describen los vecinos, que recuerdan «la chapuza» –reconocida años después por el Ayuntamiento– de la obra de las canalizaciones.

«Los imbornales no tienen agua y están llenos de porquería», aclaran desde la asociación. Ello produce malos olores, ratas y cucarachas en toda la barriada. «Están por todas partes: por las calles, el cableado y entran en las casas. Un vecino ha denunciado que las ratas se han comido los cables del motor de su coche».

Otra de las quejas alude a la impunidad de los robos y actos vandálicos, como los que se producen asiduamente en el instituto Leonardo Da Vinci. «Se llevan hasta las bicis de los niños que aparcan dentro. Se llama a la Policía y no viene». También se reclama el desvío de los cables de alta tensión (15.000 voltios) que cruzan el barrio y la colocación de pantallas acústicas del kilómetro 3 al 5 de la SE-30.


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