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‘Pepos’ y violencia de género: perros adiestrados que podrían salvar la vida de una mujer

La Asociación Pepos Andalucía entrena a los perros de protección que defienden a las mujeres que sufren violencia de género. Unos animales que les devuelven la seguridad que habían perdido. Ahora, ellas salen a la calle sin miedo

Verónica Ojeda verojeper /
25 nov 2020 / 07:53 h - Actualizado: 25 nov 2020 / 08:15 h.
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Sábado, 19:00 horas. Cinco mujeres se saludan y sonríen cuando llegan a un lugar muy especial para ellas, la Asociación Pepos Andalucía en Alhaurín de la Torre, Málaga. No van solas. Cada una de ellas va con su mejor amigo, el animal que las defiende por encima de todo: su perro de protección, también denominado «pepo». Un perro que les está devolviendo la vida que la violencia de género les arrebató durante mucho tiempo.

Antes de conocer esta asociación, todas ellas no habrían salido a la calle con tanta tranquilidad como lo hacen en este día. Antes, todas ellas temían por su vida cada vez que ponían un pie en la calle. Pero ahora ellas han dicho «basta» y se han armado de valor para no tener más miedo. Y esto no sería posible sin sus perros de protección, que podrían salvar la vida de cualquiera de ellas.

Victoria (nombre ficticio para preservar su identidad) fue maltratada psicológicamente durante quince años hasta que su relación acabó en palizas. «Me cogía del cuello diciéndome que me iba a matar. Y, cuando decidí separarme, le quemó el coche a mi padre y fue a matarme con un machete de 47 centímetros», explica. Por culpa de su agresor, ella no era capaz de salir a la calle, pero un día descubrió la Asociación Pepos Andalucía y volvió a recuperar su libertad y su vida. «Mi perra Kimba me ha cambiado la vida. Ya no tengo tanto miedo, me siento fuerte con ella porque me protege. Ahora puedo salir a la hora que sea sin estar atemorizada», añade.

Natalia (nombre ficticio para preservar su identidad) estuvo recibiendo amenazas de muerte de su agresor durante un año. El maltrato psicológico al que estuvo sometida provocó que, a los seis meses, ella se encontrase sumida en una profunda depresión e, incluso, intentase suicidarse porque veía que la situación de violencia que vivía no acababa. Pero un día se dio cuenta de que no podía seguir así. Ella interpuso una denuncia y empezó a recibir ayuda psicológica. Más tarde conoció esta asociación y ya lleva un año yendo a adiestrar a su perra. Natalia revela que, gracias a su perra de protección, ha recuperado la confianza en sí misma. «Estoy volviendo a hacer una vida bastante parecida a la que tenía antes porque ya sí puedo salir a la calle», agrega.

Clara (nombre ficticio para preservar su identidad) tuvo una relación durante veinte años con una persona que le fue infiel durante cinco. Esa persona no aceptó que ella quisiese separarse y la situación se complicó hasta el punto de que tuvo que denunciar y poner una orden de alejamiento porque estaba sufriendo violencia de género. Lleva desde verano en esta asociación y su vida ha cambiado por completo.

Nicole (nombre ficticio para preservar su identidad) ha sufrido violencia de género por un hombre con el que estuvo quince años. Él entró en la cárcel con una condena de cinco años, pero cuando estaba en tercer grado salió y fue a ejercer violencia sobre ella de nuevo. Ahora, él ha entrado de nuevo en prisión y Nicole se siente más fuerte que nunca desde que está en esta asociación porque ha visto que no está sola.

Esther (nombre ficticio para preservar su identidad) estuvo quince años con un hombre que la maltrataba hasta que consiguió salir de esa relación. «Yo no salía de mi casa porque tenía depresión, ansiedad y fobia a salir a la calle y a las personas. Hace cuatro años una policía me comentó que existía una asociación que me podría ayudar con un perro de protección y, desde entonces, estoy recuperando mi vida», manifiesta.

Todas las semanas, ellas visitan la Asociación Pepos Andalucía para poder adiestrar a sus «pepos», una entidad sin ánimo de lucro ubicada en Málaga y Granada. Perros que son entrenados para acompañar a las víctimas de violencia de género y poder defenderlas en el caso de que el agresor se intente acercar a ellas. De esta forma, estas mujeres ya no tienen que aislarse en sus casas y pueden salir a la calle más tranquilas porque sus «pepos» les protegen del daño físico, pero también les ayudan a recuperar la confianza en sí mismas, la seguridad y la autoestima que habían perdido por su agresor. Victoria dice que el vínculo con su perra es «maravilloso». «Cuando yo estoy triste, mi perra está triste. Se le nota en la cara y no se mueve de mi lado. Yo no voy a ningún lado sin ella. Para mí es muy especial», añade.

‘Pepos’ y violencia de género: perros adiestrados que podrían salvar la vida de una mujer

Estas mujeres también han creado «un vínculo inexplicable» entre ellas. Empleando las palabras de Clara: «Todas, que somos muy diferentes y de distintos sitios, hemos visto que no estamos solas y que hay más casos como el de nosotras. Nos damos el apoyo que las instituciones no nos dan».

La Asociación Pepos Andalucía es la primera de ese tipo en esta comunidad autónoma. Hay pocas asociaciones en España que adiestren perros para proteger a las mujeres víctimas de violencia de género, pero cada vez hay más. En la opinión de Sebastián Rayo, adiestrador canino y fundador de esta entidad, todavía queda mucho por hacer en la protección de las mujeres que sufren violencia de género. «No se puede poner un policía a cada mujer que sufre esta violencia porque no hay, pero sí pueden tener un perro que esté veinticuatro horas con ellas. Nosotros lo que pretendemos es aportar nuestro granito de arena ayudando a que estas mujeres se sientan seguras y puedan seguir viviendo», dice.

Los perros de protección son entregados totalmente gratis a las mujeres, según cuenta esta asociación. Para poder acceder a la asociación y tener un perro de protección, las mujeres tienen que hablar antes con la trabajadora social y la psicóloga del centro para evaluar si esa persona puede tener un perro o no y darle uno adecuado a su perfil. Son perros que van equipados con un bozal de impacto con el que no pueden morder, un collar al que denominan «freno» y un arnés como «acelerador». Si la mujer coge el arnés, el perro ya se pone en guardia y vigila su entorno. Y, en el caso de que el agresor intente traspasar el perímetro de seguridad que marca la mujer, el perro impacta contra el agresor para disuadirle el tiempo necesario para que acudan los Fuerzas y Cuerpos de Seguridad.

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Incumplen las órdenes de protección

Las mujeres que acuden a la Asociación Pepos Andalucía son víctimas de violencia de género que, aun teniendo una orden de alejamiento contra sus agresores, se sienten completamente inseguras porque sus maltratadores les vigilan y persiguen, incumpliendo las órdenes de alejamiento constantemente. Y sobre ellos no recaen las consecuencias legales que deberían.

Andalucía es la comunidad autónoma que encabeza prácticamente todos los datos de las estadísticas sobre la violencia de género de la Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género. Tanto es así, que este año Andalucía contabiliza 3.742 órdenes de protección, 17.773 casos que tienen un sistema de seguimiento integral y 761 dispositivos electrónicos de seguimiento activos. Además, tiene las cifras de mujeres víctimas mortales más alta desde 2018. En tres años, han matado a treinta y cuatro mujeres en Andalucía.

Y, en lo que llevamos de año, 9 mujeres han sido asesinadas y 3 menores se han quedado huérfanos por esta lacra social. Lo más llamativo es que solo en un caso había una denuncia previa. De hecho, un estudio sobre el tiempo que tardan las mujeres víctimas de violencia de género en verbalizar su situación de la Delegación del Gobierno para la Violencia de Género determinó que las víctimas de violencia de género tardan ocho años y ocho meses de media en «verbalizar la situación de violencia y/o denunciar». En el caso de las mujeres de la Asociación Pepos Andalucía, todas tienen una denuncia y una orden de alejamiento previa, pero los agresores las quebrantan continuamente, de ahí la importancia de tener un perro de protección.

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Las órdenes de protección han sido creadas para proteger a las mujeres que sufren violencia de género y están en una situación de riesgo. Sin embargo, según cuentan Victoria, Natalia, Esther, Clara y Nicole, que tienen un riesgo muy alto, tienen ciertas deficiencias, como que el móvil que les facilitan para llamar si el agresor se les acerca «suele servir poco». No es una solución inmediata porque pueden tardar mucho en contactar con los policías y, otras veces, no tienen posibilidad de usar el teléfono. El estudio «Factores de riesgo asociados con la reincidencia policial en violencia contra la pareja en España» confirma que la seguridad que ofrecen las órdenes de protección a las víctimas de violencia de género es muy limitada porque los agresores las incumplen constantemente. Aunque, según el artículo 468 del Código Penal, el quebrantamiento de esta orden de protección o de cualquier otra condena del agresor supondría una pena de prisión de «seis meses a un año si estuvieran privados de libertad y con la pena de multa de doce a veinticuatro meses en los demás casos».

En este sentido, los perros de protección les han cambiado la vida a las nueve mujeres de la Asociación Pepos Andalucía. Se sienten más seguras con un animal que las acompaña y protege. Y les da la posibilidad de pedir ayuda de forma más inmediata si su agresor quebranta la orden de protección. «La protección que me aporta el perro no me la da nadie. Un día iba andando por la calle y apareció mi agresor. Me pegó un tirón del teléfono, me dio un puñetazo y me quitó el teléfono. Tuve la suerte de que me socorrió una persona, pero ¿y si esa persona no hubiese estado? ¿Qué hubiese pasado? Si yo en ese momento hubiese tenido a mi perro de protección, el perro le habría atacado. Y a mí eso me daría esos segundos o ese medio minuto de ventaja para salvarme la vida», cuenta Clara. Del mismo modo, Esther dice que ella tiene una orden de alejamiento de 500 metros contra su agresor y, antes de tener a su perro, él se saltaba la orden cuando quería. «Como sabía que yo no salía de casa porque tenía miedo, él siempre iba», argumenta.

La psicóloga experta en violencia de género, Eva Portillo, explica que el vínculo que estas mujeres generan con los perros de protección les sirve de forma terapéutica para su recuperación. «Tener a un ser vivo al que cuidar ofrece una parte reforzante y gratificante en la vida de ellas porque les hace colocar las preocupaciones que tienen con respecto a su agresor en un lugar diferente. De esta forma, trabajan mejor las preocupaciones», argumenta. También ha focalizado que para solucionar los problemas existentes en el sistema público se debería contratar a más profesionales formados específicamente en género y violencia de género.

‘Pepos’ y violencia de género: perros adiestrados que podrían salvar la vida de una mujer

No sin mi «pepo»

Los perros de protección no pueden entrar en cualquier establecimiento porque no están reconocidos en la ley como un perro guía, que ayuda a personas invidentes. La mayoría de los sitios en Málaga permiten que las mujeres entren con sus «pepos», pero en el resto de las ciudades es más complicado. Y cuando entran con sus perros de protección, ellas tienen que dar muchas explicaciones y mostrar el papel de la orden de protección. De hecho, en el hospital no les permiten entrar con el perro, pero le acompaña un guarda de seguridad para que ellas puedan entrar tranquilas. Es un peligro que ellas tengan que dejar a su animal y entren en un establecimiento solas porque puede estar allí su agresor. Nadie les asegura que vayan a estar libres de acoso o amenazas en cualquier establecimiento público si no están con su perro de protección.

Las mujeres que tienen un perro de protección solo quieren que la Junta de Andalucía invierta más en darles «facilidades» para tener a sus perros y que puedan entrar con ellos en todos los sitios. Victoria expresa: «Si quieren te dejan pasar y si no, no te dejan pasar. Depende de la buena voluntad del dueño del comercio porque no está reconocido como un perro guía. Si el perro no tiene una documentación en regla no los dejan entrar. Nosotras no vamos a parar de luchar por nuestros derechos por las que faltan por venir. No quiero que las carencias que he pasado yo como superviviente las tengan otras mujeres».

Victoria cuenta que ha pedido al juez que le permita entrar en todos los sitios con su perra porque ella corre un «alto riesgo». El juez pidió un informe a la policía para asegurarse de que la perra no era ningún peligro para el resto de las personas e hicieron un informe favorable. El juez está de acuerdo con que la perra le acompañe a cualquier lugar como un perro guía, pero lleva un año esperando a que le firmen los papeles. «Ya podría estar muerta y todavía no me ha firmado el papel», concluye.

Hay algunas campañas activas en la plataforma Change.org para abordar esta problemática y acordar una legislación. Una de ellas es la que ha publicado una de las nueve mujeres de esta asociación que cuenta ya con 84.058 firmas. La petición se puede encontrar con el título: «Mi expareja me maltrató y mi perra de protección me da seguridad. ¡Dejen que me acompañe!».

‘Pepos’ y violencia de género: perros adiestrados que podrían salvar la vida de una mujer

Ahora, ellas reclaman al Gobierno la necesidad de que su asociación pueda recibir subvenciones para llegar a más mujeres que sufren violencia machista. «Los perros los entregan totalmente gratis con el microchip, las vacunas y el equipamiento. Y nosotras necesitamos más de un perro en la vida porque los animales se hacen mayores. Mientras el agresor esté vivo, el peligro está ahí. ¿Quién dice que al agresor no se le van a cruzar los cables dentro de unos años y nos va a buscar? Por tanto, necesitaremos otro perro y otro entrenamiento. Eso tiene un coste y sin subvenciones no es posible que la asociación lo asuma todo», enfatiza Victoria.

Es difícil acabar con la violencia de género. Solo cuando empaticemos con el miedo que sufren cada una de las víctimas de violencia machista, transitemos hacia una educación en igualdad y libre de violencias y modifiquemos las leyes para garantizar plenamente sus derechos podremos parar entre todos esta lacra social que desgarra el mundo. De momento, Victoria, Natalia, Clara, Nicole y Esther están recuperando su autonomía, alegría y fuerza gracias a sus guardianes, sus «pepos».

El teléfono contra la violencia machista

Cualquier mujer que esté sufriendo violencia de género tiene a su disposición el teléfono 900 200 999 del Instituto Andaluz de la Mujer (IAM) las 24 horas del día, los 365 días del año. Un número gratuito, anónimo y confidencial que no deja ningún tipo de rastro en el registro de llamadas. Asimismo, el teléfono nacional de atención a la violencia de género es el 016 y el teléfono para personas con discapacidad auditiva y/o del habla es el 900 116 016.

El 112 o los teléfonos de emergencias de la Policía Nacional (091) y de la Guardia Civil (062) también están operativos para una situación de emergencia de una mujer que sufra violencia de género, así como la aplicación AlertCops. Y, en el caso de que seas menor de edad y creas que alguien de tu entorno está sufriendo violencia de género, el Ministerio de Igualdad pone a disposición el teléfono 900 20 20 10.

No estás sola.


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