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Coronavirus

Radar Covid, la aplicación que venía a salvarnos y fracasó

En Andalucía, sólo un 0,21% de los contagiados por Covid lo han notificado en la aplicación. En España, los datos no son mejores

Julio Mármol julmarand /
02 mar 2021 / 15:16 h - Actualizado: 02 mar 2021 / 15:22 h.
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  • Radar Covid, la aplicación que venía a salvarnos y fracasó

Si el amor pesa 109 megas, la salud ocupa menos de 30. Todo esto, si uno entiende que el amor y la salud están en Tinder y en Radar Covid respectivamente, o quizá sólo es su búsqueda fútil. En cambio, si de la utilidad de la primera cabe albergar dudas razonables, la de la segunda no puede sino ser definida en términos de absoluto fracaso.

Las expectativas, no obstante, apuntaban en otra dirección: Radar Covid llegó en verano, siendo la primera comunidad autónoma en implantarla Andalucía. Como toda aplicación, atravesó un periodo de prueba para ponderar su eficacia. Y el resultado fue satisfactorio: En la isla canaria de la Gomera, según un estudio de Nature, hasta un 33% de la población se descargó Radar Covid entre junio y julio, y casi un 100% de los contagiados notificaba, en la aplicación, su positivo. Había motivos para pensar en una curiosa coincidencia: En la Gomera, donde se detectó el primer caso de coronavirus en España, acababa de divisarse el principio del fin de la pandemia. La carestía de rastreadores sería suplida por medio de una sobria y liviana aplicación de móvil que, para otoño, funcionaría en todo el país. Pero el sueño, como los amores a pie de playa, duró tanto como dura el verano.

Promesas y porcentajes

Corona-Warn App, StayAway Covid, Immuni, Coronalert... No son pocos los países europeos que se han embarcado en la misma empresa, y casi todos han naufragado. Immuni, la aplicación italiana para detectar casos de coronavirus, ha sido descrita por un diario de Trento como “el gran fracaso ahora olvidado por todos”: De 60 millones de habitantes que tiene el país alpino, apenas 10 millones se la han descargado en algún momento, y los casos notificados no han sobrepasado los doce mil. Sólo el 21 de noviembre, día con más contagios detectados en Italia, casi llegó a triplicarse esta cifra. De la alemana Corona-Warn App, las críticas no son mejores: “La aplicación no cumplió con las expectativas”, dice el periodista Philipp Fischer en un artículo para el Merkur. La solución pasa, al parecer, por refundar Corona-Warn en una nueva aplicación, Corona Luca.

Reino Unido es la excepción en la regla europea: la irlandesa Covid-Tracker 19 ha sido descargada por casi dos millones y medio de personas, casi la mitad de la población del país, y la inglesa NHS Covid-19 ha evitado, según un estudio de la Universidad de Oxford, en torno a 600.000 casos de coronavirus. El funcionamiento de las aplicaciones europeas es, en cualquier caso, muy similar. ¿Qué falla, entonces?

Cuando un positivo es detectado, se le envía un código para que lo introduzca en la aplicación. Al hacerlo, las personas con las que ha tenido contacto en los últimos quince días reciben una alerta. Como casi el 100% de los españoles tiene un Smart-phone, la estrategia parece eficaz: El anonimato, además, está garantizado. Sin embargo, de los 479000 contagios que se han producido en Andalucía, 1024 códigos han sido introducidos en la aplicación. Es decir, un 0,21% del total.

Los datos, en España, no son mucho mejores. La comunidad autónoma con mayor ratio es el País Vasco (un 6,9%). Andalucía es la quinta región que menos códigos ha introducido en la aplicación, sólo superada por Extremadura, Comunidad Valenciana y las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla. Estas, según los últimos datos, aún no han registrado un solo contagio a través de Radar Covid.

A quién culpar

Que el fracaso es huérfano lo sabe cualquiera que haya visto a su equipo de fútbol perder un partido. Las responsabilidades se transfieren entre jugadores, entrenador, presidente, afición y árbitro hasta que sólo queda una solución posible: Todos o ninguno han tenido la culpa.

Con Radar Covid ha ocurrido lo mismo. Ya se han registrado preguntas en el Congreso acerca de la aplicación, y Nadia Calviño se ha negado a publicar el contrato que firmó con Indra para su desarrollo, argumentando que esto dañaría el acuerdo de confidencialidad pactado con el proveedor. En diciembre, Pedro Sánchez reconoció que las 5,5 millones de descargas computadas hasta entonces no “eran suficientes”, cuando el objetivo pasaba porque, al menos, un 20% de la población se descargase Radar Covid.

La implantación gradual de la aplicación no ha ayudado a corregir esta tendencia: Si Andalucía, la pionera, la activó el 19 de agosto, Cataluña lo hizo a finales de octubre. ¿La consecuencia?: Muchos ciudadanos no sabían si la aplicación que tenían en su móvil funcionaba o no, y comenzaron a olvidarse de ella. Otros tantos la eliminaron. 20 megas pueden ser demasiados si la aplicación que los ocupa es baldía.

Debido a que la notificación es voluntaria (nadie está obligado a comunicar, aun anónimamente, que tiene coronavirus), cualquier analogía con el experimento en la Gomera (aquel en el que un 98% de los infectados introdujeron el código de rigor) ha ido desintegrándose: Si pocos son los que notifican un contagio, menos aún los que acuden al médico tras recibir una alerta por contacto de riesgo. Y en esta desintegración, desempeñan un papel que conviene no soslayar, también, los medios. El estudio de Nature señala que la tecnología que fundamenta Radar Covid es útil y, dadas las circunstancias, funciona para reducir los contagios, pero que necesitaría de “las campañas de comunicación adecuadas” para alcanzar “el nivel de penetración” suficiente en la población.

Es muy posible que, cuando la pandemia llegue a su fin, Radar Covid quede reducida a un recuerdo distorsionado y vagamente cómico, cuyo almacenamiento en nuestra memoria sea aún más nimio que el que ocupó en la de nuestro móvil. Una historia que, como otras tantas durante estos meses anómalos, acabará por desvanecerse sobre un trasfondo extraño de fracaso e incertidumbre.


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