Ramón Reig: «Nuestra decadencia nos convirtió en un país de segunda, poco respetado y vilipendiado»

El catedrático y periodista, colaborador de El Correo de Andalucía, publica Cuaderno Latinoamericano: Impresiones, reflexiones, decadencias y amoríos

Elena Ruiz Cabezuelo ElenaRuizCab /
04 dic 2022 / 04:56 h - Actualizado: 04 dic 2022 / 04:56 h.
  • Ramón Reig (foto: Elena Ruiz Cabezuelo). A la derecha, portada de su nuevo libro, editado por Samarcanda.
    Ramón Reig (foto: Elena Ruiz Cabezuelo). A la derecha, portada de su nuevo libro, editado por Samarcanda.

Cuaderno Latinoamericano: Impresiones, reflexiones, decadencias y amoríos (Ed. Samarcanda, 2022) es la última obra publicada del periodista y profesor Ramón Reig. Esta vez se desvía de su extensa faceta académica para dejar testimonio escrito de sus aventuras vitales, de sus pensamientos y reflexiones más profundas, y de las vivencias más destacadas de sus múltiples viajes a América Latina. Después de años de lecturas ensayísticas de corte científico, cualquiera que haya seguido su obra puede preguntarse cómo ha llegado a producirse esta necesidad de desnudar su faceta más personal.

¿Qué significa este Cuaderno latinoamericano para usted?

La constatación de una parte de mi vida para tenerla en mi “archivo personal” y por si alguien pueda estar interesado en ella. Es otra oportunidad para pensar el mundo en aquellos aspectos que más me inquietan y para hacer partícipes a otros de vivencias que tal vez puedan distraerles.

¿Recuerda el momento en que decidió empezar a escribirlo? ¿Qué le impulsó a hacerlo?

Claro que lo recuerdo, lo digo en el libro. En 2005, estando hospedado en el Motel Tarahumara, en Cuauhtémoc (Estado de Chihuahua), al norte de México, en una de mis estancias académicas en la Universidad Autónoma de Chihuahua. No podía dejar escapar lo más esencial que me inspiraba aquel ambiente, aunque yo ya había ido a América varias veces desde 1994. Los recuerdos y reflexiones más sustanciales me iban a servir de mucho para llenar tan voluminoso cuaderno. Mi libro no es un libro de viajes, es para pensar, evadirse, divertirse, incluso.

Se trata de un cuaderno vital cuya escritura le ha llevado años. ¿Siempre pensó en publicarlo?

Siempre piensa uno en publicarlo, va desde 2005 hasta 2022, lo he escrito sin mucha coherencia, pero sí tiene un sentido, una estructura clara. Y, la verdad, estaba deseando publicarlo o guardarlo para siempre porque tenía muchos otros asuntos intelectuales y personales en la cabeza.

Más allá de su extensa producción académica y ensayística podemos destacar obras, como Las últimas hojas del otoño, que publicó en 2019. En ella ya exploraba los años y vivencias que desarrolla en este cuaderno, solo que esta vez se presenta como un recopilatorio vital explícito de esas “impresiones, reflexiones, decadencias y amoríos”. ¿Por qué publicarlo ahora?

Porque creo que contiene ideas muy útiles en la actualidad y tal vez con vistas al futuro. La soledad, la pobreza, la injusticia, el saber, el amor, la universidad, a la que tanto amo, la amistad, la muerte de amigas entrañables como una cubana y otra mexicana, que me afectaron y me afectan mucho. Quiero que eso esté ahí, al menos para que mis descendientes sepan una parte de la vida de su padre, de su abuelo, de su bisabuelo o, simplemente, de un profesor vocacional. Si no desean saber nada tampoco ocurrirá nada, la vida seguirá sin mí y punto.

¿Alguna vez le ha preocupado el hecho de desnudarse sentimentalmente en un libro tan autobiográfico como este?

No, no me preocupa, tengo mucho más guardado. A la gente le preocupa eso mucho y hoy mucho más porque el ambiente histórico exige ser perfecto, superhéroe. Yo no soy tan especial, tengo mis ideas y mis opiniones, me quiero bastante, también me tengo cierta manía, me abandona el desodorante de vez en cuando, como a todo el mundo, pero aprendo con los versos de mi admirado Rafael Montesinos: “Que nadie se llame a engaño/ todo el que vive por dentro/ por dentro se va matando”.

Es una guía de su vida, pero más concretamente de los años en los que visitó con frecuencia países latinoamericanos. ¿Qué significa América Latina en su vida?

Países latinoamericanos y Estados Unidos en sus zonas con más presencia latinoamericana. Incluso el libro comienza haciendo referencia a una estancia en Roma, en la Universidad de la Sapienza, y otra en Florencia, en el Indire, la institución académica más importante de Italia en asuntos de archivos históricos sobre el mundo escolar. Comienzo por Italia porque ahí están nuestras raíces y nombro a profesoras italianas y a una griega con las que estuve, símbolo de mis raíces grecolatinas de las que me siento orgulloso. América Latina para mí es aprobar una asignatura pendiente: irme lejos de mi ciudad, Sevilla, cuyo ombliguismo me repele. Lejos para aprender más, para conocer sobre el terreno lo que piensan y sienten otras muchas personas, para darme cuenta cómo hemos abandonado los españoles aquellas tierras que nos podían haber dado mucho. Para darme cuenta de que somos en buena medida responsables de la miseria que hay allí, aunque me sienta orgulloso de haber descubierto y conquistado aquello. Pero no hemos rematado la gesta combatiendo las mentes corruptas, la superstición, la falsa religiosidad y el caudillismo, tal vez porque España lleva esos factores en su interior.

¿Qué necesita América Latina?

Aplicarse las enseñanzas y mentalidad del Renacimiento y la Ilustración. Y Estados Unidos también aunque allí hubo padres fundadores ilustrados. Y España. Desde el Renacimiento y la Ilustración llegaron las revoluciones industriales que hicieron su efecto en Estados Unidos pero no en América Latina ni en España que se quedaron con la vieja mentalidad castellana. En España lo ilustrado fue rechazado casi todo, menos en algunas zonas.

Ya que nos encontramos ante una obra cuyos episodios se desarrollan principalmente en países latinos, la pregunta es obligada. ¿Cómo es la relación España-Latinoamérica? ¿Cómo cree que perciben los latinoamericanos a los españoles? ¿Qué significan estos primos lejanos para nosotros?

España mira mucho más a Estados Unidos y a la Unión Europea que a América Latina. Algunos asesores de Carlos V y de Felipe II ya les decían a los monarcas que el futuro de España estaba en las Indias pero nos empeñamos en hacer guerras contra el protestantismo, entre otras aventuras catastróficas. Nos pusimos a combatir los orígenes del capitalismo que hoy domina la Tierra. Mucha de aquella mentalidad sigue aún, nuestra decadencia nos convirtió en un país de segunda, poco respetado y vilipendiado. Estamos a merced de la UE y encima nos critica a veces por vago y maleante. Y la UE empieza a comprender que su dependencia de Estados Unidos es demasiada. Por su parte, América Latina ha sido presa de un segmento dirigente que no se ha preocupado apenas por la mayoría de la población, arrimándose también a Estados Unidos y a las grandes empresas españolas y europeas. El resultado ha sido el desarrollo de una izquierda que gana elecciones pero no manda, una izquierda que busca sus señas de identidad y las encuentra en atacar el proceso colonizador español, siguiendo la filosofía posmoderna. Esos primos lejanos están hoy más lejanos que antes, están despistados, se les ha unido el abandono español con la posesión norteamericana y el fracaso del comunismo.

Dedica un capítulo al fenómeno “USAcolmo”, para quienes no hayan leído aun su libro, ¿qué es?

Es el síndrome que sufren bastantes intelectuales y periodistas españoles que pasan temporadas en Estados Unidos, tal vez en una campana de cristal, y luego llegan a España con Estados Unidos mitificado, lo cual los convierte en una especie de quintacolumnistas, esas personas que ensalzan a otros países para criticar a España. Es una especie de trampa en la que caen y se suman así a los enemigos de nuestro país e incluso de Europa. A veces ya me río de ellos cuando los oigo decir “pues eso en Estados Unidos no pasa”. Alaban en exceso, callan los muchos defectos que posee Estados Unidos y no suelen colocar a España por encima de aquel país americano cuando procede hacerlo.

¿Qué opina de la tendencia globalizadora? ¿La considera positiva?

Ni positiva ni negativa, es la evolución del ser humano, encabezada por la actividad mercantil. El humano ha mercadeado siempre, desde la prehistoria. Lo que hoy llamamos globalización es el resultado de aquello. Todo pueblo que no haya entrado en la globalización se quedará atrás, por desgracia, será destruido o desaparecerá, y si no nos apuramos puede que la globalización nos destruya a todos, no hace falta que sea físicamente, algunos seres humanos están ya muertos en vida o al menos moribundos. Todo esto es lo que veo y compruebo, las lógicas aspiraciones a racionalizar la globalización hasta ahora no se ven con solidez y claridad.

Un poco más adelante dice: “A mí me gustaría vender la marca España, pero liberada de tanto lastre, eligiendo de ese lastre lo mejor que tenga y manteniendo siempre en la memoria lo demás”. No hace mucho se ha estrenado un programa en el que varias personalidades de distintos ámbitos conversan y explican su concepto de España. Releyendo su cita: ¿qué es España?

España, ahora mismo, y tal vez siempre, no tiene una seña de identidad clara. La mayoría de los países nacen de la actividad de una minoría con poder que fabrica símbolos. Lo que une a una zona geográfica son los signos, los símbolos, la lengua, es decir, las emociones. Eso a la gran masa de población, a la minoría poderosa la une, además, el dinero, sus posesiones. Es a ella a la que le interesa crear una nación y expandirse, la Historia no la conducen las masas como creen los marxistas ortodoxos, sino las minorías. España es un conjunto de realidades con identidades concretas, pero le falta definirse, unirse por medio de factores emocionales y de símbolos, lo que consideramos ahora como España es más Castilla que otra cosa. Y una Castilla demasiado machadiana.

El eje principal de este libro es su relación con Martha Cruz. En uno de los capítulos dice de ella que “le hacía descansar”, que es una de las cosas más hermosas que puede decirse de un ser amado. ¿Cómo era ese Ramón Reig? ¿Cree que allí desplegó una especie de dualidad?

Mire, yo, desde pequeño, he sido un mandón y a veces un niño único mimado insoportable. Cuando he ido creciendo he emprendido mucho, menos en eso que se entiende por emprendimiento que es fundar una empresa. Por lo demás, de niño, he fundado en mi barrio de San Vicente de Sevilla un equipo de fútbol, organizaba cruces de mayo, formé un grupo de rock con 14 años... Luego, en la universidad encabecé una revista científica, la primera de Andalucía en Comunicación; un equipo de investigación, una asociación sin ánimo de lucro dedicada a la transferencia de conocimientos en Comunicación. A veces me sentía cansado porque existe la soledad del “jefe”. Cuando conocí a Martha, en México, primero, en España después, conocí a alguien que me dejaba descansar gracias a su hiperactividad. Es mucho más joven que yo, y me dijo siéntate en mi coche que yo te llevo por ahí. Al fin alguien que me permitía sosegarme, aunque a veces se pasara haciéndolo, es lo que tiene la gente hiperactiva, con iniciativa innata e inteligencia.

En sus obras académicas habla del amor en términos materialistas. Lo describe como una “necesidad” y se desprende de la concepción romántica de las relaciones afectivas. Sin embargo en su faceta literaria explora otros significados del sentimiento amoroso. ¿Cómo explica esa contraposición? ¿Se considera un romántico?

Sólo existe un tipo de amor: el amor a uno mismo. Desde ahí brota eso a lo que llamamos amor. Cada ser vivo piensa primero en sí mismo, en autoconservarse, en durar, y de ese pensamiento se pueden aprovechar los demás. Tenemos necesidad del otro, de hecho, en las canciones de amor se dice una y otra vez “te necesito”. Ahora bien, como esta teoría es desagradable y los humanos necesitamos cuentos de hadas y películas donde nos cuenten historias de las que llamamos románticas y hermosas, yo me puedo concentrar en la parcela de esa necesidad de historias con final feliz o de emociones intensas a la que llamamos amor y entonces me vuelvo romántico. Pero no olvido mi enfoque filosófico. Es como el que se deja llevar por el espectáculo estético e íntimo de la vida sabiendo que tendrá un final que se ve obligado a ignorar con frecuencia. Se trata de una visión revolucionaria, no se olvide que el romántico es un revolucionario.

En esta obra se recogen sus encuentros con diversas personalidades del mundo del arte, la política y el poder. Entre ellos Gabriel García Márquez, Fidel Castro, Hugo Chávez o Cristina Fernández de Kirchner. Si tuviera que elegir a alguna de ellas, ¿a quién sería? ¿Qué personalidad le marcó realmente?

Hugo Chávez. Él no pretendía levantar un comunismo en Venezuela, eso es falso. Ni era un dictador, lo que ocurre es que ganar una y otra vez elecciones en un país que posee petróleo, oro, litio, coltán y tierras raras, eso no lo puede tolerar la estructura mundial de poder que siempre ha estado mangoneando Venezuela. Había que hacerle el cerco y terminar con él. Y en ésas estamos aún, con sus herederos, quienes, a su vez, algunos de ellos, han caído en la corrupción tan propia de los seres humanos.

Aparezca o no en este libro, ¿quién es la persona que más le ha impactado conocer en su vida?

La persona que yo más admiro y que más me ha impactado por desgracia no la he podido conocer personalmente. Se llama Friedrich Nietzsche. Soy consciente de sus defectos, pero me ha enseñado a no morir idiota.

Para un hombre que ha dedicado su extensa carrera académica a investigar el poder, la pregunta es obligada ¿qué es para usted el poder?

El segmento social mundial que está condenado a entenderse dadas sus numerosísimas posesiones, pero que, a su vez, está enfermo, determinado por tales posesiones. Ellas, si se descuida, pueden destruirlo. Este Poder se escribe con mayúsculas y debe llevar a cabo una autocrítica perenne.

Afirma que “todo va hacia el Mercado”, y que “estamos observando las lógicas resistencias emocionales a ese cambio inevitable”. ¿Qué se le pasa por la mente cuando observa a las nuevas generaciones? Esas que van desfilando por sus aulas, y se sientan frente a usted en los bancos...

Representan otra fase de la Historia, no hay que juzgarlas desde el pensamiento que implanta la vejez, un pensamiento que limita la libertad de razonar por puras causas biológicas de supervivencia. Lo que hay que comprobar es dónde van, hacia la posthumanidad, ¿en qué va a consistir eso? En el predominio de la tecnología, como ya se está viendo. Bien, pues adelante, el humano sabrá si sus necesidades materiales y espirituales las cubre esa posthumanidad. Si está a gusto con ella, si no siente “malestar de la cultura”, malestar psicológico, será porque está bien así o porque está mal y no se da cuenta. Entonces se quedará así o habrá una reacción.

El ser humano se mueve por poder, ¿se puede ser totalmente indiferente a la voluntad de poder? ¿Cree que el poder ha ejercido atracción sobre usted?

En teoría, se puede ser totalmente indiferente, pero yo no lo entendería, tendría que estudiar las causas de eso. ¿La Madre Teresa de Calcuta no actuaba en cierto sentido por poder y por intereses, sanos, solidarios, pero poder e intereses personales? ¿El Dalai Lama no hace lo mismo cuando “ficha” para su causa a actores adinerados de Hollywood? Yo creo que el poder ejerce atracción sobre todos nosotros, por supuesto que sobre mí también, la cuestión está en ser consciente del significado de ese poder. Mire, yo, aparentemente, tengo poder porque escribo en un medio y porque soy catedrático, pero sería un ingenuo si creyera que ese poder es relevante. Yo no soy nada ni nadie comparado con esas altas torres que han caído ante el poder de verdad. Mi poder es, bien pensado, un imaginario.

De alguna forma he tenido la sensación al leer Cuaderno Latinoamericano de que se trata de la culminación del legado vital que quiere dejar a los suyos, puede que una forma de hacer que su historia perviva. ¿Cómo le gustaría ser recordado?

Lo he dicho antes de alguna forma, Cuaderno latinoamericano es una de las huellas que deseo dejar en este mundo. Positiva, negativa o gris, pero es una de mis huellas. Yo no soy creyente, estimo que mi misión, ya que me han traído a la vida, es intentar comprenderla, describirla, interpretarla, escribirla, sentirla y morir. Eso es todo, he ahí el sentido de la vida para mí. Un sentido que es apasionante.


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