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Santa Clara. El convento que esconde un palacio

Hace casi 19 años que se cerró el convenio entre Ayuntamiento y Arzobispado que ha permitido intervenir el monumento en dos ocasiones. Hasta ahora se ha puesto en uso solo el 30% del conjunto

09 sep 2017 / 22:14 h - Actualizado: 09 sep 2017 / 22:14 h.
"Patrimonio","El convento Santa Clara"
  • En el conjunto del monasterio de Santa Clara se han realizado dos grandes intervenciones que han rehabilitado el 30% del total. / Manuel Gómez
    En el conjunto del monasterio de Santa Clara se han realizado dos grandes intervenciones que han rehabilitado el 30% del total. / Manuel Gómez
  • La sala del refectorio bajo es una de las que puede visitarse en el recinto. / Paco Puentes
    La sala del refectorio bajo es una de las que puede visitarse en el recinto. / Paco Puentes
  • Santa Clara. El convento que esconde un palacio
  • Con las obras se incorporará una nueva sala. / Javier Cuesta
    Con las obras se incorporará una nueva sala. / Javier Cuesta

Casi dos décadas han pasado desde que se rubricara el convenio sellado entre el Ayuntamiento de Sevilla y el Arzobispado de la ciudad que permitió que parte del convento de Santa Clara pasara a manos municipales y, con ello, que las primeras intervenciones para ponerlo en valor se pusieran en marcha. Hasta la fecha, se han realizado dos grandes actuaciones en el conjunto que han permitido desvelar parte de los tesoros que guarda en su interior. Aún quedan por conocer otros tantos, pues los trabajos solo han recuperado el 30 por ciento, sin los cuales no se podrá percibir la belleza y la importancia del conjunto que podría ser similar al de uno de los monumentos más visitados de nuestra ciudad: el Real Alcázar de Sevilla.

El antiguo convento de Santa Clara, situado en la zona norte del casco histórico, entre la calle Becas y la vía a la que da nombre, esconde entre sus muros y antiguas dependencias monacales buena parte del pasado histórico y arquitectónico de esta ciudad. Sus orígenes se remontan a mediados del siglo XIII, cuando el infante don Fadrique, hijo de Fernando III de Castilla, labró en estos terrenos un palacio gótico que apenas disfrutó, ya que tuvo que expatriarse, por su enfrentamiento con su hermano el rey Alfonso X, en 1260. De aquella construcción solo queda en pie, aparentemente, su famosa torre, cerrada desde hace años.

Sin embargo, los estudios arqueológicos realizados en Santa Clara revelaron que aquella residencia no desapareció. Tras ser abandonada por su dueño, acabó en manos de Sancho IV, que en 1289 la donó, junto a los suelos a las monjas clarisas, para que levantaran allí un monasterio, que habitaron hasta finales del siglo XX. Esta recreación muestra la existencia en el convento de un nuevo edificio de tipo palatino, que aún hoy se mantiene en pie enmascarado por el actual edificio conventual, y cuya construcción sería atribuible a don Fadrique.

El Ayuntamiento hispalense adquirió al Arzobispado el inmueble por dos millones de euros, con el objetivo de dedicar este espacio monumental a usos culturales, como viene haciendo desde que se inaugurara como centro expositivo y escénico en febrero de 2011, tras ocho años de obras de rehabilitación y ocho millones de euros invertidos. Aquella gesta patrimonial supuso la apertura al público de un 30 por ciento del conjunto conventual, que cuenta con 9.737 metros cuadrados construidos, en una parcela de 7.757 metros, con 3.805 de espacios libres.

Posteriormente, en 2014 se realizaron trabajos de conservación, mantenimiento y seguridad en los Jardines de la Torre de don Fadrique, habilitándose una salida de emergencia hacia la calle Santa Clara desde el claustro. Estos trabajos han permitido la celebración de numerosos eventos culturales en un espacio de singular belleza a los pies de la torre. Unas labores que permitieron incorporar a la visita esta otra zona del convento desde noviembre de 2015.

La siguiente gran intervención se está llevando a cabo actualmente, aunque los trabajos se iniciaron en octubre de 2014. Los trabajos se centran en el refectorio alto, el ala sur del claustro alto y las crujías suroeste del claustro del convento y cuentan con un presupuesto de poco más de 700.000 euros (300.000 menos de los inicialmente previstos). Las obras se paralizaron en agosto de 2015 pues se encontraron más restos arqueológicos (e incluso más valiosos) de lo previsto, porque se daba por descontado que se producirían hallazgos interesantes (esta zona se levanta sobre los restos del palacio original de don Fadrique, del siglo XIII) pero no del calibre de los encontrados y, además, tan necesitados de consolidación para garantizar su conservación.

Así, y tras la pertinente modificación presupuestaria, se reanudaron las tareas que se desarrollan en estos espacios, de los más antiguos del convento, que en la época de las religiosas fue el noviciado, acogiendo también espacios como los lavaderos y el patio del tendedero, estancias que aprovecharon en parte los muros almohades del recinto palaciego. De hecho, ya en las excavaciones que se realizaron entre 2002 y 2010, en la que fue la primera gran fase de restauración, surgieron no pocos restos almohades, como una alberca con su correspondiente noria en el claustro de las novicias.

Estas obras, que estarán finalizadas el próximo otoño, pondrán fin a la incógnita que aún mantienen los expertos sobre si el infante don Fadrique llegó a construir un palacio muy cerca de su famosa torre o si simplemente se instaló en uno preexistente de época islámica.

Los arqueólogos que trabajan en el recinto tienen claro que le dio tiempo a hacerse un palacio que tendría trazas del mudéjar más primitivo, y en ese contexto enclavan los hallazgos que llevaron a paralizar las obras hace dos años: la recuperación de lo que parece ser el salón meridional y la qubba (una sala con una cúpula o un techo que no sería plano) principal, situada en el eje norte-sur de lo que habría sido este recinto palaciego del tercer cuarto del siglo XIII. Unos descubrimientos, que según un informe elaborado por la Gerencia de Urbanismo, «incrementa el valor patrimonial del conjunto al evidenciar la singular evolución histórica del mismo». Y es que cuando finalicen se podrá incorporar a la visita aquellas estancias por las que, según la leyenda, deambuló el infante y se ampliará la oferta del Espacio Santa Clara con una sala más.

En cualquier caso, aún queda mucho por recuperar en el recinto, donde está a punto de comenzar otra intervención de conservación para solventar problemas en edificios colindantes. Prueba de ello es que el Consistorio ha concurrido a la última convocatoria del programa del 1,5 por ciento cultural, mediante el cual el Ministerio de Fomento subvenciona trabajos de conservación o enriquecimiento de bienes inmuebles del Patrimonio Histórico Español con un proyecto para rehabilitar la Torre de don Fadrique. Aunque desde 2015 es posible visitar los jardines adyacentes, los visitantes demandan conocer el interior de la torre, que actualmente no está incluida dentro del circuito de las visitas debido al mal estado de la misma.

El objeto del proyecto presentado consiste en rehabilitar la portada de Maese Rodrigo, además de la limpieza y tratamiento de los jardines y de la torre. Esta intervención tiene una estimación presupuestaria de 1.092.291 euros. De esta totalidad, el Ministerio de Fomento financiaría el 55 por ciento y la Gerencia de Urbanismo se haría cargo de la financiación del 45 por ciento restante.


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