Ser padres en edad de crecimiento

Embarazos adolescentes. Un 2% de las sevillanas que dan a luz lo hacen antes de cumplir los 18 años, en plena etapa de formación y construcción personal

06 oct 2016 / 12:54 h - Actualizado: 06 oct 2016 / 12:57 h.
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  • Una de las principales consecuencias de la maternidad adolescente es el abandono escolar temprano de las chicas. / El Correo
    Una de las principales consecuencias de la maternidad adolescente es el abandono escolar temprano de las chicas. / El Correo
  • Ser padres en edad de crecimiento
  • El dos por ciento de las embarazadas el año pasado era menor de edad. / Gregorio Barrera
    El dos por ciento de las embarazadas el año pasado era menor de edad. / Gregorio Barrera

Los sevillanos tienen actualmente su primer hijo superados los 30 años de media pero dos de cada cien chicas se convierten en madres antes de la mayoría legal de edad o al borde de ella, según reflejan las estadísticas oficiales del INE. El año pasado nacieron en Sevilla 407 niños cuyas madres tenían menos de 19 años (y cuatro de ellas incluso menos de 15), lo que supone un dos por ciento de los 19.455 nacimientos registrados en 2015 en la provincia. Son madres en plena adolescencia, una etapa de formación y construcción como persona que dificulta la asunción de responsabilidades como la que supone cuidar de un tercero que además es absolutamente dependiente.

No es que haya una edad adecuada que garantice el éxito o fracaso de la paternidad o maternidad, sino que la adolescencia como tal implica un rito de paso de la niñez a la edad adulta para el ser humano en el que se produce una evolución física y psicológica específica difícil de compatibilizar con el cuidado de un niño. En un momento en el que la propia persona se rebela y reta a su entorno, asume un rol en el que le toca poner las normas y hacerlas cumplir. Y se convierte en responsable de la manutención de otros, lo que en muchos casos le exige abandonar los estudios para ganarse la vida y dejar a medias su formación.

Cintia, de 17 años, es una de esas 400 adolescentes sevillanas que fue madre en 2015. Tuvo a su primer hijo con 16 años, cuando estaba aún estudiando en el instituto «y le iba muy bien, le gustaba e incluso embarazaba seguía yendo a clase, pero cuando nació el niño, que además fue prematuro, lo tuvo que dejar», relata su madre, Eva (aunque la familia da su consentimiento para entrevistar a su hija, finalmente ésta se retrae de hacerlo). «Ahora que ya tiene año y medio el niño quiere volver para sacarse el graduado escolar porque quiere examinarse del carné de conducir», explica. Eva tiene 34 años y es abuela. Asegura que le decía a su hija Cintia «que esperara» para casarse lo hizo a los 15 años por el rito gitano con su actual pareja y padre de su hijo y tener descendencia, pese a que ella misma tuvo a Cintia con 16 años y reconoce que «fue decisión nuestra. Habría tenido que esperar más», subraya. De hecho, para tener al segundo de sus cuatro hijos esperó casi tres años y al último de ellos lo tuvo con 26 años, todos del mismo padre, del que se separó con 27. Desde el interior de la casa prefabricada del Polígono Sur en el que viven, Rosa madre de Eva y abuela de Cintia proclama que «antes nos casábamos y teníamos hijos a esa edad». Rosa tiene 51 años, se casó por el rito gitano a los 15, tuvo a su primera hija a esa edad y a Eva con 17. Ahora es bisabuela y mientras Eva es, con 34 años, madre de cuatro hijos y tiene un nieto, su hija mayor se casó con 24 «y le decían vieja pero ella decía que dijeran lo que quisieran, hizo bien y le salieron las cosas mejor». Si en 2015, cuando Cintia tuvo a su hijo, la edad media de la primera maternidad en Andalucía se situaba en 31,3 años, en 1999, cuando Eva tuvo a Cintia, ya rondaba los 30 años y en 1982, cuando Rosa tuvo a Eva, se situaba en los 28 años. Las tres, por tanto, fueron madres a edades mucho más tempranas de lo que ya era habitual en su tiempo.

«En el Polígono Sur hay más embarazos tempranos que en otros barrios de la ciudad, entre otras cosas, por la diversidad cultural del mismo, con un alto porcentaje de población gitana entre los que está más aceptado socialmente casarse y tener hijos a edades en las que hace 50 ó 60 años era lo normal para toda la población», explica María del Mar González, Comisionada para el Polígono Sur.

La maternidad temprana, y el abandono escolar asociado a ésta –equilibrado en chicas y chicos pues ellas tienen que cuidar a los hijos y ellos ponerse a trabajar– y el trabajo con estos padres y madres adolescentes para que adquieren habilidades y competencias «en la organización de rutinas de sueño, higiene y alimentación de los niños, en la supervisión del desarrollo de los niños o en la capacidad de ponerles límites y exigirles responsabilidades» es uno de los ejes de actuación del Comisionado y de las entidades que trabajan en el barrio.

«Esa es la realidad de partida y trabajamos con dos objetivos», explica González. Por un lado, para retrasar la edad de la paternidad y la maternidad, donde «trabajamos mucho con los centros educativos de la mano de la acción tutorial y con los servicios sociales y entidades como la asociación de mujeres gitanas universitarias Fakali-Amuradi, para concienciar acerca de la responsabilidad que supone tener hijos cuando uno se está formando. Es un objetivo de prevención, que incluye también educación sexual y planificación familiar», relata la Comisionada. El segundo objetivo es «minimizar los efectos» ante matrimonios y embarazos tempranos. «El curso pasado había 22 chicas casadas en ESO. Intentamos que no abandonen los estudios cuando se quedan embarazadas, los profesores les hacen adaptaciones curriculares. Por ejemplo, los tutores les llevan tareas a casa para que sigan estudiando y no rompan su formación, y también hacen educación sexual para que planifiquen las siguientes paternidades y maternidades», explica González.

En el trabajo con este colectivo, los servicios sociales, sanitarios y educativos tienen que actuar en coordinación. De hecho, la Consejería de Salud ha elaborado un programa general de «parentalidad positiva» dentro de su política de formación de padres y madres pero «los materiales diseñados para una población normalizada no son adecuados para entornos de exclusión porque no los entienden, por lo que el Departamento de Psicología Evolutiva de la Universidad de Sevilla ha hecho una adaptación y este curso se van a probar en dos grupos de madres jóvenes».

Atenea es una de las asociaciones que trabaja en el barrio y desde el año pasado gestiona el Servicio de Orientación Familiar al que acuden sobre todo mujeres aunque con una casuística muy amplia «desde víctimas de violencia de género a mujeres que necesitan buscar trabajo o acompañamiento para realizar trámites administrativos», explica el coordinador del Área de Jóvenes y Familia de Atenea, Juan Luis Delcán.

Reconoce que los matrimonios en el rito gitano, sin validez legal, se considera que una pareja está casada si celebra la boda pero también si se escapan y pasan la noche juntos y embarazos tempranos son una realidad del Polígono Sur con la que tienen que trabajar y que conlleva problemas en el ámbito de la escolarización pero también en el sanitario. Las madres jóvenes «tienen muchas dificultades de orientación, necesitan acompañamiento para cualquier trámite que les suponga salir del barrio y hay que concienciarlas de la importancia de acudir a la matrona y al médico para seguir el embarazo porque sólo van al médico cuando están malas, se aconsejan entre ellas», admite Delcán.

Una hija casada y embarazada los 15 o 16 años no es en muchas familias gitanas del barrio ningún problema sino incluso una alegría. «Son modelos de familia», subraya Delcán, quien a la vez que reconoce que se empieza a notar un «cambio generacional aunque es muy lento», también lamenta que una cosa es el discurso que algunas mantienen y otras la realidad que se reproduce una y otra vez.

Susana tiene 35 años y tuvo a su primera hija con 16 (tiene tres hijos de dos parejas distintas). Esta niña tiene ahora 17 años, «estudia peluquería en el instituto Romero Murube y tiene claro que no quiere un novio gitano, ella lo que quiere es salir con sus amigas, comprarse ropa y pintarse, tiene la mente más abierta y yo ahora lo veo bien, no está preparada para ser madre como yo tampoco lo estaba cuando la tuve a ella. Tenemos que modernizarnos».


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