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¿Sevilla es ruidosa?

Sonómetro en mano, el catedrático Enrique Figueroa constata que el centro de la ciudad soporta un nivel de ruido razonable en líneas generales, pero insiste en que es necesario un «plan por el silencio y el descanso»

11 jun 2015 / 16:17 h - Actualizado: 12 jun 2015 / 22:22 h.
"Medio ambiente","Universidad"
  • Medición en la calle Tetuán. / C.M.
    Medición en la calle Tetuán. / C.M.
  • En la Avenida de la Constitución. / C.M.
    En la Avenida de la Constitución. / C.M.

¿Es Sevilla ruidosa? Un paseo por el centro de la ciudad, sonómetro en mano, con el catedrático de Biología y director de la Oficina de Sostenibilidad de la Universidad de Sevilla, Enrique Figueroa, evidencia que los sevillanos soportan en el centro unos niveles razonables de ruido, pero sólo a ratos. La medición, hecha con un aparato homologado y de uso científico, se realizó a una hora en la que todavía no estaban ni los veladores en ebullición ni las tiendas abarrotadas de gente.

Figueroa llama la atención sobre el hecho de que en el casco antiguo hay picos de ruido de entre 80 y 100 decibelios que afectan a la salud por cuanto inciden directamente, por ejemplo, en la irritabilidad de las personas. El catedrático aboga por actuaciones educativas con las que reducir el tono de voz de los sevillanos, pone el dedo acusador en el móvil como «nuevo elemento de contaminación acústica» y pide hacer un estudio del ruido por barrios para saber dónde hay que tomar medidas.

11.00 horas en La Campana. Un centenar de personas esperan al 32 y al 27, dos de las líneas de Tussam con más recorrido de Sevilla. Enrique Figueroa enciende el sonómetro y el aparato empieza a marcar el ruido que en ese momento están soportando los viandantes. Ni en los momentos en los que no pasan autobuses, camiones o motos los decibelios se mantienen por debajo de 70. La zona es ruidosa, aunque el catedrático de Biología y director de la Oficina de Sostenibilidad de la Universidad de Sevilla puntualiza: dentro de los límites de lo admisible. La normativa en España dice que el nivel de decibelios aconsejable para el confort son 55. En un ambiente sonoro (es decir, en el que por obligación hay un ruido más allá de lo normal, como puede ser el entorno de los bares o una calle peatonal), ese límite está fijado en 65 decibelios. Por tanto, en La Campana a las 11 de la mañana el ruido es soportable.

11.15 horas en Tetuán. Las tiendas empiezan a recibir a los primeros clientes. En la calle, peatonal, hay operarios colocando los toldos para paliar los efectos del calor del verano, policías haciendo ronda en sus motos y pequeños vehículos eléctricos de Lipasam. El nivel de ruido se coloca nuevamente en los 70 decibelios, nivel que se dispara a casi 85 al paso de una mujer hablando a gritos por el móvil. «El móvil es el nuevo elemento de contaminación acústica», se lamenta el director de la Oficina de Sostenibilidad de la Universidad de Sevilla. Enrique Figueroa aboga por que desde las autoridades políticas municipales se ponga en marcha «un plan por el silencio y el descanso» y por impulsar «medidas educacionales». Si la ciudad apuesta por dar licencias a mansalva para la instalación de nuevos veladores (ya hay contabilizados 13.000, la mayoría de ellos en el casco antiguo), esta política debe llevar aparejado un programa de actuación para conseguir atenuar el ruido que se genera. «Regulemos la forma de conducir en la ciudad. Implantemos como velocidad máxima los 30 km/h. En las terrazas y en los bares coloquemos carteles en los que instemos a la gente a bajar el tono de la voz. Hablamos a voces y no podemos obligar a nadie a dormir con tapones y a acristalar su casa para evitar los ruidos», reflexiona Figueroa.

11.30 horas en Plaza Nueva. Una joven está escribiendo mensajes de Whatsapp en el móvil. ¿Qué ruido está soportando en ese momento? El sonómetro se sitúa a veces por debajo de los 55 decibelios. La tranquilidad es absoluta. Ni siquiera unos albañiles que hacen mejoras en la acera del tranvía enturbian el trinar de los pájaros.

11.45 horas en la Avenida. El tranvía viene en dirección a Plaza Nueva, un cantante callejero se marca una ranchera y mientras, en la puerta de San Miguel, una africana toca un tambor y, junto al magnolio que hay frente al Archivo de Indias, decenas de turistas inmortalizan a una menuda flamenca subida a un tablao móvil de 2x2. Sin embargo, el sonómetro no pasa de los 80 decibelios, «un nivel más que razonable teniendo en cuenta que 80 es lo que marca cuando pasa el tranvía», explica Figueroa.

12.05 de la mañana en el Prado de San Sebastián. Los autobuses, los coches y, sobre todo, las motos hacen que el sonómetro se dispare a los 100 decibelios. «Del ambiente ruidoso hemos pasado a uno por encima del nivel de confort. La velocidad del tráfico es excesiva», denuncia el catedrático de Biología.


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