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Entrevista

«Si nos olvidamos del paciente y nos centramos en la enfermedad podemos tomar decisiones equivocadas»

Entrevista al cirujano sevillano Salvador Morales Conde, uno de los profesionales españoles más importantes dentro del ámbito sanitario

19 nov 2020 / 15:26 h - Actualizado: 19 nov 2020 / 18:48 h.
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  • El cirujano Salvador Morales Conde, presidente electo de la AEC.
    El cirujano Salvador Morales Conde, presidente electo de la AEC.

Salvador Morales Conde es presidente de la AEC (Asociación Española de Cirujanos). Es un profesional con gran experiencia y son innumerables las personas que han pasado por su quirófano, entrando por una puerta con problemas y saliendo felices por la otra.

Como anécdota, hay que señalar que está llamado a encarnar al Rey Melchor en la cabalgata de Sevilla aunque con el SARS-CoV-2 dando guerra tendrá que ‘seguir llamado’ hasta el año que viene.

«Así es, lamentablemente aunque por otro lado, como las cosas hay que tomarlas por el lado positivo, pienso en mis hijos y en que con un año más recordarán mejor algunos de los momentos que tocarán ser disfrutados».

¿Con ilusión se cura la gente?

«Sí, debe haber algo en nuestro interior, desde un punto de vista hormonal o a causa de la catecolamina, que ayuda a curarse a las personas. Eso no es ciencia, es observación, pero un postoperatorio de una persona con buena energía es mucho mejor que si se trata de una persona más negativa. Eso y la confianza en el médico ayudan mucho a la recuperación de los pacientes».

Séneca decía que ‘no puede el médico curar bien sin tener presente al enfermo’. ¿Hasta dónde se debe alargar una vida?

«Yo no opero una hernia, yo opero un paciente con una hernia. Hay que tener siempre claro que los médicos tenemos delante una persona con una patología y no una patología asociada a una persona. Eso es clave. Uno de los retos para conseguir un buen desarrollo de la medicina actual es el abordaje y el manejo individualizado del paciente. A una persona con la misma patología no se la va a ofrecer el mismo tratamiento que a otro con patología similar porque tendrán pronósticos vitales distintos ya que son cuerpos distintos y encontraremos distintas cosas que nos obligarán a tomar otras soluciones.

Si nos enfrentamos al paciente y no a la patología, lo que prima es ofrecer al paciente lo mejor. Siempre les digo a los míos que no les puedo garantizar cómo va a ir la cosa, pero que deben confiar en mí como profesional y en mi experiencia.

¿Hasta dónde hay que alargar la vida? No lo determinamos los médicos. Lo único que podemos hacer es observar la balanza que mide el curar y el paliar. Hay que saber cuándo dejar de intentar curar para comenzar a paliar y lograr, así, que el paciente sufra lo menos posible».

‘El buen médico trata la enfermedad; el gran médico trata al paciente que tiene la enfermedad’ decía William Osler. Entonces ¿hay que pensar que trabajar con personas hace que el médico camine constantemente por el filo de la navaja?

«Si nos olvidamos del paciente y nos centramos en la enfermedad podemos tomar decisiones equivocadas. Y eso, lógicamente, es muy delicado. Una de las dificultades más tremendas con la que vivimos los médicos es esa línea sobre la que avanzamos y nos hace estar en el lado de los héroes o en el de los villanos sin apenas darnos cuenta y sin remedio alguno.

Los cirujanos vivimos esa realidad cada día. Un día haces con un paciente algo que funciona perfectamente y al día siguiente la cosa no funciona con otro. Por esta razón, es importantísimo generar un vínculo de confianza con el paciente y con la familia en la fase preoperatoria. Así, el paso de héroe a villano se logra de forma menos traumática. Es necesario que todos conozcan el interés que tienes en que todo vaya bien».

‘El médico debe ser el auxiliar de la naturaleza, no su enemigo’, según Paracelso. ¿Qué ha de tener una persona para ser un médico?

«En el 33 Congreso Nacional de Cirugía que acabamos de celebrar, uno de los asuntos que se eligieron tratar fue el que titulamos ‘Millenials y las habilidades nos quirúrgicas del cirujano’ que consistía en discutir sobre si no hay que ir (en el aprendizaje de las nuevas generaciones) más allá de las técnicas quirúrgicas o hay que trabajar, también, todo aquello que necesita el cirujano para ser un buen profesional: humildad, ilusión, capacidad para trabajar en equipo y para transmitir confianza a los compañeros y al paciente y a su familia. Estas cosas son claves para que en el futuro los cirujanos sean todo lo buenos que se puede ser. Por mucho que técnicamente crezca un cirujano, sin estos factores no llegará a ser uno de los buenos».

‘El cielo cura y el médico cobra los honorarios’. Eso es lo que decía Benjamin Franklin con cierta sorna. ¿Dios vive en un bisturí?

«La ciencia y la fe no son incompatibles, al contrario. Y es verdad que muchos pacientes saben que el médico va a actuar aunque piensa que habrá algo más que actúe para que todo salga bien. Por tanto, Dios vive en un bisturí si el paciente cree que es así. Se confía en los cirujanos y en algo divino como medio de vida. Así que ciencia y fe casan muy bien. Lo que sí tengo claro es que yo no soy Dios, soy una persona con conocimientos que me permiten ejercer mi profesión y solo eso».

Decía Robert Koch: ‘Cuando un médico va detrás del féretro de su paciente, a veces la causa sigue al efecto’. ¿Es verdad que cada médico tiene su propio cementerio?

«Los cirujanos lo pasamos muy mal cuando las cosas se complican. Como profesionales y como personas. Y eso hace que nos carguemos culpas que, seguramente, no nos corresponden. De ahí vienen muchos de esos cementerios a los que Koch se refiere. Tal vez sería suficiente una capacidad autocrítica suficiente y no inventar camposantos».

Henry Fielding afirmaba que ‘casi todos los médicos tienen su enfermedad favorita’. ¿Cuál es la suya?

«Es verdad que apetece más operar un tipo de patología que otras. A veces te sientes más capacitado para un determinado asunto. Pero, además, en el mundo actual existe una producción de conocimientos tan apabullante que te obliga a subespecializarte en cosas muy concretas y que suelen coincidir con las que más te gustan. Es lo que se llaman áreas de capacitación y que no dejan de ser una especialidad más concreta. Por otro lado, de este modo, con una subespecialización tan enorme, es posible que demos una enorme calidad de servicio a los pacientes».

‘El progreso de la medicina nos depara el fin de aquella época liberal en la que el hombre aún podía morirse de lo que quería’. Esto lo dijo Stanislaw Jerzy Lec y una pregunta parece obligada. ¿Es cierto que el que entra por la puerta de una consulta termina saliendo con algún diagnóstico inesperado? ¿El ser humano tiende estar enfermo?

«Todos sabemos que una frase muy típica entre los jubilados es ‘me he jubilado y ahora no paran de encontrarme cosas los médicos’. Siempre les digo a los que afirman ese tipo de cosas que son afortunados y que han tenido una gran idea al acudir al médico para que le echen un vistazo a su estado de salud. Porque se encuentran cosas que, muchas veces, se pueden resolver; porque la mejor manera de controlar las enfermedades es la prevención o el diagnóstico precoz. Es una bendición que te encuentren cosas a tiempo de poder solucionarlas.

El ser humano tiende a ser sano. Pero el problema es que no somos infinitos. Hay que disfrutar de la esperanza de vida amplísima de la que disfrutamos en Occidente».

Otra de Benjamin Franklin. ‘El mejor médico es el que conoce la inutilidad de la mayor parte de las medicinas’. ¿Saben tanto los médicos como creemos los que no lo somos o esconden enormes lagunas que no confesarían ni bajo máxima presión?

«Se dice que el buen cirujano es el que sabe cuándo no operar. Eso es clave. Porque hemos estudiado, nos hemos preparado en todos los aspectos posibles, para operar. Y saber no hacerlo en el momento oportuno forma parte del conocimiento, también.

Por otra parte, es impresionante el conocimiento que se maneja en este momento. Las sociedades científicas se están afanando por encontrar lo que sin falta se debe saber. De entre todo lo que se sabe, se está eligiendo lo esencial y eso se traduce en un tratamiento mucho mejor de las patologías. Porque, además, cada médico debe continuar su formación una vez que ya sabe eso esencial. Un ejemplo es la cantidad de información que se recibe a diario sobre la Covid-19. Es imposible saber algo importante si no se criba esa cantidad monstruosa de información».


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