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Coronavirus

«Sin vacunas el mundo sería un lugar en el que se vivirían una pandemia detrás de otra»

Entrevista al Doctor Vicente Amador Visurte

05 dic 2020 / 00:15 h - Actualizado: 05 dic 2020 / 00:23 h.
"Medicina","Entrevista","Coronavirus"
  • Vicente Amador Visuerte. / Fotografía cortesía del señor Amador
    Vicente Amador Visuerte. / Fotografía cortesía del señor Amador

Vicente Amador Visuerte es médico de familia. Fue médico de urgencias durante más de veinte años. En estos momentos desarrolla su labor profesional como Director Médico para Andalucía en la aseguradora Catalana Occidente, es decir, asesora técnicamente a la entidad.

¿Qué es exactamente un médico de familia? ¿En qué consiste su trabajo?

El médico de familia lo que intenta, sobre todo, es un acercamiento al paciente y, así, poder practicar la medicina preventiva, siempre que se pueda, y asistir a los enfermos crónicos (es lo que más se hace). Esa sería la horquilla en la que se mueve un profesional de la Atención Primaria. En las zonas rurales, en esas zonas donde no tienen fácil acceso a los médicos especialistas, los médicos de familia están preparados, también, para hacer una cirugía menor ambulatoria o un seguimiento ginecológico o un seguimiento de pediatría y puericultura. Pero actualmente se atiende la enfermedad crónica en mayor medida. Y, lamentablemente, en el ámbito de la medicina pública, por falta de medios y de tiempo para atender a una cantidad exagerada de pacientes, algunas veces el médico de familia se reduce a una especie de recetador de medicinas.

En estos tiempos tan extraños y tan difíciles ¿Qué se le puede decir a la población sobre la pandemia?

Hay que explicar todas las medidas preventivas que existen para evitar contagios, pero, sobre todo, hay que explicar cómo deben llevarse a cabo. Parece mentira que haya que explicar cómo lavarse las manos aunque es imprescindible y muchas personas lo necesitan. No podemos olvidar que hay grupos muy amplios de la sociedad que están muy condicionados por su falta de preparación y es necesaria una explicación concienzuda de cada detalle para que se entienda qué es lo que hay que hacer. No basta decir que debemos mantener una distancia de seguridad de dos metros, conviene poner un ejemplo en el que se vea claramente qué distancia representa esos dos metros. A veces se nos olvida que no todos hemos pasado por la universidad o el colegio. Hay que hacer pedagogía. No puede ser que, a estas alturas, veamos gente por la calle con la mascarilla mal puesta o con mascarillas que dan ganas de tirarlas a la papelera por el uso excesivo que algunas personas hacen de ellas.

¿Por qué hay que confiar en las vacunas que ya llegan? ¿Por qué hay que vacunarse?

Las vacunas existen para que nuestro mundo esté a salvo, en la medida de lo posible, de lo que, por ejemplo, estamos viviendo en la actualidad. Sin vacunas el mundo sería un lugar en el que se vivirían una pandemia detrás de otra. Hay que vacunarse con toda seguridad y confiando en los científicos que tanto han trabajado para conseguir esas vacunas contra la Covid-19. No se trata de convencer; se trata de explicar. Conviene recordar que en España el 95 por ciento de las personas están vacunadas contra un enorme número de enfermedades. Con explicar bien sería suficiente. El virus ha llegado para quedarse y deberían pensar en cómo explicar la necesidad de vacunarse. Es el único remedio que tenemos a mano, de momento. Habrá efectos secundarios con seguridad, como ocurre con el resto de vacunas, pero se prefiere esos efectos secundarios en porcentajes bajísimos de la población a una pandemia que está destrozando una forma de vida.

¿La medicina está condenada a ir detrás de las enfermedades o llegará el día que vaya por delante?

Eso, de momento, es ciencia ficción. Aunque no hace mucho yo iba de casa en casa con mi librito de urgencias y una chuleta para no equivocar las dosis del medicamento respecto al peso y ese tipo de detalles. Y ahora con un teléfono móvil tenemos las enciclopedias enteras y posibilidades de todo tipo. El mundo está cambiando con mucha rapidez. Pero, de momento, me temo que eso es ciencia ficción, entre otras cosas porque no conocemos nuestro cuerpo con exactitud. Queda un poco para que podamos dar un salto tan grande como ese.

¿Los cuidados médicos deben empezar siempre cuando la persona todavía está sana?

La medicina preventiva es fundamental. Hoy se puede diagnosticar de forma precoz un buen número de enfermedades y se pueden prevenir con programas de seguimiento muchas otras. Es fundamental que las personas sean conscientes de que una analítica cada seis meses o un electro anual (con cierta edad), son absolutamente necesarios.

Dentro del ideario más popular, un médico de familia es un psicólogo para los ancianos y un apoyo esencial; una especie de policía que podría ‘cantar’ en cualquier momento para los jóvenes; y ese con quién es mejor no tener relación porque ya te quedas en la consulta para siempre. ¿Qué relación conviene tener con los pacientes?

Las familias tienden a distanciarse por el tipo de vida que nos ha tocado sufrir y por las distancias tan enormes que existen entre los miembros de cada unidad familiar. En las comunidades de vecinos ya no se conocen entre unos y otros, ya no hay vecinas que te hablen y se interesen por ti o se pregunten qué ha pasado si dejan de verte durante un tiempo. Casi nadie escucha a otros. Y el médico sí es ese referente para muchas personas aunque el gran problema es que no disponemos de tiempo para ello.

Me gustaría saber qué sensaciones asaltan al médico cuando percibe que el paciente se pone en sus manos sin condiciones; que, en gran medida, depende de él el futuro de una persona.

Mira, comencé la carrera en el año 1.976. Al principio éramos 1.500 estudiantes. Y te puedo asegurar que entre todos juntábamos una inmensa vocación. Hemos sido médicos con gran vocación. Y vivimos una medicina de familia cercana, intensa y muy necesaria. Estudiamos un año sicología y otro siquiatría, pero hemos sabido entender bien a las personas y sus demandas. Me temo que en la medicina actual esa vocación no es la misma. En cualquier caso, muchos somos médicos porque elegimos que se pusieran en nuestras manos y el peso se lleva bien. Es lo que quisimos elegir siendo jóvenes y una satisfacción. La relación médico paciente se está acabando, está muy limitada. No se pueden pedir todo tipo de pruebas sin explorar a los pacientes. Te garantizo que incluso el olor puede dar pistas de lo que le pasa al paciente, y te garantizo que una exploración de una rodilla ya te indica que problemas puedes encontrarte. Hay que hablar con el paciente, hay que mirarle a la cara.

¿Cada cuánto tiempo hay que ir al médico aunque no estemos enfermos? ¿Cuáles son las enfermedades silenciosas más traicioneras y letales?

La gente está muy acostumbrada a ir al dentista una vez al año. Lo tiene asumido. Pues con el médico de familia debería pasar exactamente lo mismo. Esas enfermedades silenciosas y peligrosas que más se están viendo en las consultas son la hipertensión y la diabetes.

En 30 años el sesenta por ciento de los trabajos conocidos actualmente habrán desaparecido. ¿Cree que habrá un tiempo en el que los médicos serán sustituidos por máquinas; llegará un tiempo en el que los médicos vuelven a ir casa por casa como en tiempos pasados pero a través de una pantalla vía internet; o el médico no puede ser algo distinto a lo que es en la actualidad?

No entiendo cómo un médico puede ver a un paciente a través de una pantalla de plasma. En un caso extraordinario como, por ejemplo, en época de pandemia, podría entenderse. Pero de forma habitual me parece un disparate. El contacto con el médico es terapéutico, es sencillamente esencial. A veces los pacientes mejoran cuándo le preguntamos qué tal se encuentran. Solo con eso.


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