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Sinfonía de talento con un fin solidario

El concierto de la ROSS a beneficio del Banco de Alimentos de Sevilla, dirigido por el palaciego Juan Manuel Busto, el más joven de la historia, deja al público con ganas de más

Álvaro Romero @aromerobernal1 /
16 dic 2016 / 22:55 h - Actualizado: 18 dic 2016 / 00:56 h.
"Música","Real Orquesta Sinfónica de Sevilla"
  • Imagen del concierto celebrado el pasado jueves en el teatro de la Maestranza. / Manuel Gómez
    Imagen del concierto celebrado el pasado jueves en el teatro de la Maestranza. / Manuel Gómez
  • Juan Manuel Busto Algarín dirigió con maestría. / Manuel Gómez
    Juan Manuel Busto Algarín dirigió con maestría. / Manuel Gómez

Es la sexta vez que el Teatro de la Maestranza se presta en vísperas de la Navidad a un concierto por todo lo alto a beneficio de la Fundación Banco de Alimentos de Sevilla, pero el pasado jueves fue la primera vez que un director tan joven, Juan Manuel Busto Algarín, palaciego de 29 años, dirigía con batuta magistral a los más de 60 músicos de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla, muchos de los cuales habían sido sus maestros en la fulgurante carrera de este palaciego que no solo se despedirá este domingo como director de la banda de música de su pueblo, la Fernando Guerrero –precisamente en el 30º aniversario de su fundación–, sino que lleva camino de no poder volver sino apenas por vacaciones por el pueblo de los tomates porque su talento, tan potente como precoz, se lo va a impedir para bien.

Busto no solo ocupó el curso pasado la primera plaza de jóvenes directores de la Orquesta Joven Nacional de España y es director asistente habitual de maestros de la talla de Maurizio Benini –el jueves aplaudía sin dar crédito al genio de su discípulo–, Cristóbal Soler o Pedro Halffter, sino que ha dirigido ya orquestas como la BBC de Londres, la Regionale dalla Lombardía –con la que volverá en 2017–, las Orquestas de la Ópera y Ballet Nacional de Moldavia y Albania, la Orquesta de RTVE, o la Sinfónica Portuguesa, entre otras, además de ser un habitual en teatros como el Dutch National Opera and Ballet, el Teatro Lírico Nacional de La Zarzuela o el de la Maestranza de Sevilla, donde este jueves daba su enésima lección de versatilidad para dirigirlo todo: ópera, sinfonías o a la Escolanía de su pueblo, que incluyó al final en un derroche de generosidad con sus orígenes, no tanto por darle su sitio al batallón de ángeles de voces blancas –que por otro lado es bien conocido y valorado en el Maestranza– para entonar villancicos tras la obra Campanas, de su propia cosecha, sino por hacer subir al escenario a Enrique Cabello, el mudo artífice de esta institución que es ya la máxima embajadora de su pueblo, como atestiguaron el propio alcalde, Juan Manuel Valle (IU), y los más de 300 palaciegos que abarrotaban el graderío del teatro, orgullosos de patria chica.

El selecto programa elegido por Busto arrancó con una encendida primera parte protagonizada por el bohemio Antonín Dvoràk (Concierto para violonchelo y orquesta, en Si menor, op. 104), la Obertura de Fidelio, op. 36, de Beethoven y El Barbero de Sevilla, de Rossini, que no solo sirvieron para obnubilar al respetable con el control absoluto de una batuta tan joven, sino para lucir a otro joven (¡24 añitos!), el violonchelista de Pozoblanco (Córdoba) Antonio Serrano, quien, con un asombroso instrumento construido en 1858 cedido por un mecenazgo privado para la ocasión, hizo las delicias del público aficionado y del profano.

El concierto continuó con La Forza del Destino de Verdi, La Torre del Oro de Gerónimo Giménez y La Revoltosa de Chapí, composiciones de una sabrosa enjundia entre navideña y popular que los asistentes agradecieron con largos aplausos. «Un auténtico festín navideño», sentenciaba el crítico Ramón María Serrera en el programa de mano.


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