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La Gazapera

Soñando con batas de cola

Manuel Bohórquez @BohorquezCas /
17 ene 2020 / 08:31 h - Actualizado: 17 ene 2020 / 08:31 h.
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  • Una imagen de archivo de Simof. / EFE
    Una imagen de archivo de Simof. / EFE

Hace dos años viví el ambiente de Simof y me impresionó. No sabía que podía ir tanta gente, decenas de miles de personas, a ver cómo unas verdaderas profesionales del ramo de la moda flamenca mostraban con garbo, aire y compás en los andares sobre una pasarela un traje de flamenca que no a todo el mundo le cae bien. Un gran cantaor de flamenco, gitano y muy laureado, ausente ya del mundo de los vivos, me dijo un día en su casa que lo que a él le hubiera gustado era salir a un escenario luciendo una bata de cola blanca con volantes que imitaran la espuma de las olas del mar, y que no lo hizo nunca por miedo al qué dirán. Más o menos por el mismo miedo por el que se tuvo que ir de su pueblo huyendo de enfermizos intransigentes y homófobos.

Hoy se ve algo normal que un bailaor luzca bata de cola, como el granadino Manuel Liñán, aunque no ha sido ni mucho menos el primero en hacerlo. En el siglo XIX, es decir, hace casi ciento cuarenta años, un homosexual malagueño al que llamaban La Escribana, que hacía pareja artística con La Carbonera, de las grandes bailaoras de la historia, se enfundaba una bata flamenca para liar la marimorena en el Café del Burrero ante la incredulidad de los críticos de la época que alucinaban con el travieso travestido. Cuando vas a Simof, el Salón Internacional de la Moda Flamenca, que se celebra cada año en Fibes, te dan unas ganas locas de enfundarte una preciosa bata de cola de Lina, Ángela Campos, Pilar Vera o Sara Benítez y rendir honores a tan insigne artista y valiente provocador.

Creo que subiría el mercado si los hombres también nos vistiéramos de flamencas de vez en cuando para sentir cómo lo viven las mujeres, pero antes de que las feminijondas pataleen. Esto sería mejor que la propuesta de Beatriz Gimeno de la “penetración anal” para los hombres en busca de la verdadera igualdad. Sería menos doloroso, sinceramente, enfundarse una bata de cola y bailar con ella unas alegrías de Cádiz cantadas por un coro de delfines blancos jaleados desde La Caleta gaditana por Javier Osuna y Antonio Barberán:

Si te tengo que soñar
que sea bailando sola
sobre la espuma del mar
.

Simof es un negocio que mueve mucho dinero y que llevó a Fibes 70.000 personas en la edición del pasado año, en sus bodas de plata. Se pueden ver en las pasarelas entre 1.200 y 1500 trajes y muestran sus obras de arte decenas de diseñadores y firmas de moda flamenca. Y más de veinte empresas andaluzas atienden cada año a compradores de Estados Unidos, Japón, Italia, China, Rusia o México. Un evento de una importancia incuestionable que tiene lugar en Sevilla, una de las cunas del flamenco, del arte de bailar con aire desde los tiempos en que iban las bailarinas andaluzas a Roma a dejar pasmado al poeta español Marcial hace más de dos mil años.


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