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Tocar con las manos el paraíso

Amantes del avistamiento de aves, del senderismo, el paseo a caballo o la gastronomía autóctona hallan en la Doñana sevillana destinos únicos

22 feb 2017 / 07:00 h - Actualizado: 22 feb 2017 / 07:00 h.
  • Flamencos en una puesta de sol sobre el paraje natural del Brazo del Este recogida desde la margen derecha del río. / Txetxu Rubio
    Flamencos en una puesta de sol sobre el paraje natural del Brazo del Este recogida desde la margen derecha del río. / Txetxu Rubio
  • Cigüeñas y sus nidos en la Dehesa de Abajo. / Paco Cazalla
    Cigüeñas y sus nidos en la Dehesa de Abajo. / Paco Cazalla
  • Corredor Verde del Guadiamar en Aznalcázar. / Javier Barbancho
    Corredor Verde del Guadiamar en Aznalcázar. / Javier Barbancho
  • Copas de los inmensos pinares de La Puebla y Aznalcázar entre la niebla. / David Estrada
    Copas de los inmensos pinares de La Puebla y Aznalcázar entre la niebla. / David Estrada
  • La Cañada de los Pájaros es un destino habitual del turismo ornitológico. / Paco Cazalla
    La Cañada de los Pájaros es un destino habitual del turismo ornitológico. / Paco Cazalla
  • Salto de agua en el Guadiamar, en ‘La Patera’. / Paco Cazalla
    Salto de agua en el Guadiamar, en ‘La Patera’. / Paco Cazalla
  • Ejemplar de lince junto a su presa en Doñana. / Efe
    Ejemplar de lince junto a su presa en Doñana. / Efe

Sin salir de la provincia, a menos de cincuenta kilómetros de la capital en su extremo más próximo a la provincia de Huelva, la Doñana sevillana permite a cualquier tipo de viajeros –desde expertos avistadores de aves de todo el mundo a familias enteras amigas del senderismo o el deporte al aire libre– hallar rincones únicos, donde la naturaleza vierte sus encantos y se muestra con una exuberancia máxima que enamora incluso a quienes apenas levantan su mirada de una pequeña pantalla o solo están acostumbrados a ver aves, mientras echan una cabezadita, en los documentales de La 2.

El primer punto de interés, si partimos desde Sevilla, es ideal para visitar en familia, pero con la desventaja de que hay que pagar la entrada, al tratarse de un lugar de gestión privada: la reserva natural concertada Cañada de los Pájaros. Ubicada en una antigua gravera de La Puebla del Río, realiza una importante labor de educación ambiental, así como de cría en cautividad de especies amenazadas como la focha cornuda. Su laguna es refugio de gran diversidad de aves cuando el verano seca la marisma. Cuenta con restaurante y una casa rural.

Si continuamos por la carretera A-8050, cinco kilómetros más allá, tras pasar la conocida venta El Cruce –en la que se puede degustar la gastronomía típica de la zona con vistas a las marismas–, cuando la carretera se bifurca, tome en dirección a la Dehesa de Abajo, un lugar privilegiado para el avistamiento de aves y de otras especies más domésticas como caballos o vacas, en el que disfrutar en familia, aunque también es apropiado para aficionados al birdwatching o a recorrer senderos a pie, en bicicleta o a caballo, de todas las edades. Aunque su entrada es gratuita, si quiere dejar el coche en el parking deberá pagar dos euros. Ya dentro, cuenta con una amplia carta de servicios, desde cursos o talleres a visitas guiadas, con una tarifa que podrá consultar en el centro de visitantes. La Dehesa de Abajo, una reserva natural concertada de 617 hectáreas, es propiedad del Ayuntamiento de La Puebla del Río y cuenta con restaurante, tienda y aseos.

En sus observatorios al pie de la laguna se pueden avistar flamencos, espátulas, patos colorados y azulones, focha moruna, cerceta pardilla y malvasías, entre un sinfín de especies. Si nos adentramos por sus pinares, caballos y vacas conviven con aves rapaces como los milanos o águilas calzadas. Y aún falta nombrar a su vecina más destacada: la cigüeña blanca, que tiene en la dehesa su mayor colonia de cría de España y la mayor del mundo sobre acebuche. Y a ras de tierra, con unos buenos prismáticos se pueden ver conejos y algún ejemplar de zorro, tejón o gineta. E incluso habitan en su entorno algunos ejemplares del huidizo lince ibérico... Y a solo 40 kilómetros de la capital.

Sin salir de La Puebla del Río, entre las marismas, la laguna de Dehesa de Abajo y el parque de Doñana se encuentra el paraje natural Brazo del Este, uno de los antiguos brazos en los que se abría el Guadalquivir a su paso por la marisma. Sus meandros suman 39 kilómetros de tierras llanas, cuajadas de aves escondidas entre su vegetación acuática, un refugio al que van a parar infinitas especies –sobre todo en verano–, un verdadero edén para el cada vez más numeroso turismo ornitológico... aunque no para toda la familia –como en los dos espacios anteriores–. Y en el agua, anguilas, albures y carpas viven y sirven de alimento a las ánades y de medio de vida a los vecinos de los municipios limítrofes.

Sus más de 1.650 hectáreas se extienden por los términos municipales de Las Cabezas de San Juan, Coria del Río, Dos Hermanas, Lebrija y Utrera, además de La Puebla. Así, a 17 kilómetros al sur de Sevilla, por la carretera de Isla Menor, no muy lejos del Parque Periurbano de la Corchuela, se encuentra este paraje semisalvaje, con carreteras poco aptas para un utilitario. Zona de Especial Protección para las Aves e integrante de la Red Natura 2000, su estado de semiabandono ha sido denunciado por organizaciones como SEO/BirdLife, así como el efecto que sobre el paraje tiene el ganado equino y bovino de la zona.

‘La Isla Mínima’

Las enigmáticas imágenes de los campos de arrozales plasmadas en la película del sevillano Alberto Rodríguez han impulsado el turismo en Isla Mayor, si bien la mayoría de sus imágenes fueron filmadas en el término municipal de La Puebla. Sí son suyos los sinuosos arrozales. Aprovechando el éxito del filme, desde Isla Mayor parte una Ruta Isla Mínima, que recorre en tres horas y media un itinerario circular que parte del municipio y va hasta Isla Mínima, el río Guadalquivir, el poblado de San Lorenzo y regresa a Isla Mayor.

Hasta la finca se puede llegar en barco desde Sevilla, atracando en su pantalán, o alojarse en alguna de las diez habitaciones de este hotel con encanto que cuenta con capilla, jardines y patios andaluces, y una plaza de toros, la pequeña Maestranza, en una tierra de reses bravas y caballos cartujanos, que puede contemplar en el patio de los caballos, y también en los espectáculos ecuestres.

Otra de las rutas que parten de Isla Mayor es la de los Olivillos, que a lo largo de tres horas recorre el poblado Alfonso XIII, el canal de San Isidro, llega hasta el Guadalquivir a la finca de los Olivillos y de vuelta al poblado, donde en 1927, el rey homónimo visitó la zona para impulsar la colonización de la marisma. Y en el mismo pueblo, destacan las casitas de los ingleses y la Isla de los Pájaros, una docena de edificios públicos que muestran en sus coloridas fachadas la riqueza ornitológica de la zona, un museo de pop art al aire libre con patos, cigüeñas, garzas...

De regreso al término municipal de La Puebla, en la zona más occidental se erigen los Pinares de La Puebla del Río y Aznalcázar, una masa boscosa de 12.000 hectáreas y gran valor paisajístico, en la que, además, se pueden realizar actividades de turismo activo. Entre pinos piñoneros, jara y romero, entre otras especies, hay senderos señalizados, carriles bici y circuitos ecuestres, así como zona de merenderos. Por su proximidad a las marismas es lugar habitual de nidificación de aves: milano negro, cárabos comunes y cigüeñas blancas habitan en las copas de sus árboles.

Continuamos en Aznalcázar, municipio que aporta al parque espacios tan reseñables como El Lucio de los Ánsares, Cerrado Garrido o Matochal, para recorrer el Corredor Verde del Guadiamar a su paso por un pueblo que representa como ningún otro la Doñana sevillana. Si acudimos al centro de visitantes Guadiamar podemos encontrar guías especializados que nos acompañen en un recorrido que irremediablemente tiene que partir del puente romano, en el margen izquierda del río. Desde allí y tras cruzar por el viejo puente de hierro iniciamos un recorrido en que se pueden contemplar el bosque mediterráneo y la vegetación de ribera. Si el tiempo lo permite, bajo el puente enlazamos con el camino del Corredor Verde donde entre garzas y ánades, olmos y álamos encontramos restos de viejos molinos y un salto de agua en la zona conocida como La Patera, donde se pueden ver saltar los barbos buscando un lugar donde desovar, y de nuevo garzas, martinetes y ánades para dirigirnos poco a poco hacia el Vado del Quema, donde el turismo natural se torna religioso-etnológico entre pequeñas rapaces, meloncillos y tejones. El paso de las hermandades del Rocío de Sevilla en su camino a la aldea almonteña ha convertido este espacio y su templete a la Virgen del Rocío en lugar de visita-peregrinación en sí mismo.

Para seguir adquiriendo conocimiento sobre el parque y la marisma podemos acudir al centro de visitantes José Antonio Valverde (Cerrado Garrido). Es interesante ir en estaciones del año distintas porque así podemos ver cómo cambia el paisaje y sus habitantes, desde el humedal invernal a la planicie seca del estío. Allí se puede contemplar la típica vegetación marismeña y su rica avifauna.

Antes de llegar al municipio más próximo al núcleo del Parque, Villamanrique de la Condesa, pasamos por Pilas, que en poco más de 100 hectáreas protegidas cuenta, en torno al arroyo de Pilas o Alcarayón, con un bosque de galería cuajado de chopos, sauces y fresnos entre los que viven especies únicas de reptiles, aves e insectos.

En el municipio se encuentra la sede del Grupo de Desarrollo Rural Aljarafe-Doñana (ADAD), que realiza una importante labor de divulgación de la riqueza de esta zona, y, entre otras actividades, lleva a cabo jornadas, publica guías y cuenta con la iniciativa #CiceroneRural con la que pretende implicar a los vecinos de la comarca en dar a conocer los recursos naturales, patrimoniales y culturales del entorno.

Ya en Villamanrique, una buena opción antes de adentrarse por alguno de sus espacios naturales, es acudir al centro de visitantes Dehesa Boyal, instalación que sirve de acceso al entorno natural de Doñana. Actúa como centro de educación ambiental, con objeto de acercar al visitante de todas las edades al parque natural. En un lugar ideal para pasar una jornada al aire libre con la familia o amigos, también alumnos, en caso de que algún centro educativo quiera acercar a sus estudiantes a Doñana.

Entre las actividades que ofrece el centro están las rutas a caballo o coche de caballo por los caminos rocieros, senderismo, o pícnic concertado en lugares de interés natural, como la Raya Real, los pinares o el Vado del Quema, entre otros. En cuanto a actividades escolares, dentro de su proyecto educativo ofrece visitas personalizadas adecuadas a las edades de los visitantes, siempre con monitores y guías.

El centro cuenta además con un área de exposición del Medio Natural y Etnográfico de la Dehesa, así como una exposición de productos artesanos manriqueños, y permite contemplar a través de diversos audiovisuales el medio natural, flora y fauna, así como la historia del municipio y sus tradiciones.

Dentro de la propia Dehesa Boyal se encuentra otro lugar de interés: la laguna de San Lázaro, de gran importancia por ser un humedal en el que hibernan aves migratorias. Casi todo su caudal es pluvial y forma parte del conjunto de humedales sobre arenas del entorno de Doñana. Gran cantidad de ánsares procedentes del norte de Europa pasan aquí los meses fríos, mientras que cuando llega el calor acuden especies procedentes de África. Destaca también la presencia de crustáceos en este humedal rodeado de una importante masa forestal con pino piñonero, jara y romero.

Pero si lo que quiere es apartarse de toda civilización su lugar es La Juncosilla. Situado al sur del término municipal manriqueño, se trata de un monte público donde alcornoques y pinos, matorrales y el madroñal de Casa Vieja dan cobijo a tejones, meloncillos, zorros y al propio lince ibérico. La finca es propiedad de la Junta de Andalucía, que la adquirió para destinarla fundamentalmente a actividades científicas y de conservación de la naturaleza.

Marisma, bosques, agua y arenas que acogen aves, peces, reptiles y mamíferos... el espacio natural con mayor biodiversidad de Europa se asienta en la esquina suroccidental de la provincia de Sevilla. Demasiado cerca y demasiado atractivo como para perdérselo. Mire ahora mismo la previsión meteorológica de sus próximos días libres, coja –o cómprese– unos prismáticos, calzado cómodo y ropa adecuada y láncese con la familia –o solo– a disfrutar del paraíso que tiene a las puertas mismas de su casa.

Consejos para cada estación

La guía práctica editada por la Diputación de Sevilla ofrece unas recomendaciones para la visita a la Doñana sevillana en cada estación –siempre vestidos con colores poco llamativos y con prismáticos–.

Primavera/verano

Al ser la marisma un lugar con muchos insectos, mejor vestir pantalón y mangas largos, ropa que transpire y gorra para el sol. Además, para evitar que nos pique una de las abundantes garrapatas, recomienda llevar el calcetín por encima del pantalón.

Otoño

Llevar ropa de agua y tener en el coche botas de agua para acceder a un espacio más amplio.

Invierno

La marisma es muy fría, por lo que conviene ir bien abrigado, con guantes, calcetines de lana y algo que tape las orejas. Y, como regla general, calzarse con unas buenas botas de agua.


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