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Triana se remoja con la cucaña

Mirar siempre a la bandera es el truco para ganar esta particular competición

Manuel Pérez manpercor2 /
25 jul 2017 / 21:45 h - Actualizado: 25 jul 2017 / 22:09 h.
"Triana","Velá de Santa Ana"
  • Manuel Jesús Madrigal se hace con una de las banderas que se ponen en juego cada tarde de Velá. / Fotos: Jesús Barrera
    Manuel Jesús Madrigal se hace con una de las banderas que se ponen en juego cada tarde de Velá. / Fotos: Jesús Barrera
  • La cucaña se celebra en la dársena del Guadalquivir.
    La cucaña se celebra en la dársena del Guadalquivir.

«Una velá de Santa Ana sin cucaña no es velá ni es ». Esta frase fue una de las más repetidas ayer en la calle Betis. Triana cumplió un año más su tradición de la cucaña, una prueba deportiva que se celebra en la dársena del Guadalquivir durante todas las tardes de los días señalaítos.

La cucaña reunió esta tarde a más de 90 personas, según Antonio Bort, miembro de la organización, quien explicó que «cada tarde se juegan cinco banderas». Los ganadores se llevan a casa «un vale regalo para El Corte Inglés o Ikea», indicó Bort. Pero el premio más preciado para estos cucañeros es el respeto de todo el público que se agolpa en la zapata de la calle Betis y el orgullo de ser uno de los abanderados de la Velá de su barrio, Triana. Bort aseguró «echar de menos a las mujeres», pues son pocas las que se animan a participar.

El rito comenzó cerca de las 19.00 horas, cuando la familia Andana clavó la primera bandera en el extremo del mástil que sobresale de la barcaza y la embadurnó con cebo para reducir la adherencia y el equilibrio de los participantes. Tras varios intentos, con algún que otro golpe y caídas de lo más variopintas, Jose consiguió arrancar la primera bandera. Jose, que lleva «cuatro o cinco banderas en esta Velá», reveló que su secreto es «salir fuerte y con decisión». Para él, la cucaña es «una tradición» con la que cumple «desde chiquitito». «Aunque no me dieran ningún premio, yo me tiraría», aseguró.

El sol empezó a aflojar su fuerza y dejó una tarde agradable junto al río. Entre bandera y bandera, más chapuzones, resbalones y risas. Así cayó la segunda bandera, que se la llevó Manuel Jesús Madrigal. Su truco es «mirar siempre a la bandera, nunca al palo, y salir con fuerza». Para Madrigal, la cucaña también es una «tradición» y apuntó que lleva tres años ganándola. También tuvo suerte Alfonso Halcón, que con 14 años logró la bandera de la categoría infantil, colocada mucho más cerca de la salida. Muchos fueron los niños que se animaron a participar, a pesar de la muy corta edad de algunos de ellos. Tanto, que aún se vieron algunos manguitos. En este turno, los más pequeños demostraron que la cucaña es un deporte con denominación de origen Triana y que, a tenor de la amplia cantera que posee, tiene el futuro asegurado.

LOS ORÍGENES DE LA CUCAÑA

La palabra cucaña proviene del italiano cuccagna. No es baladí, pues la cucaña hunde sus raíces en el Reino de Nápoles, cuando este pertenecía al Imperio español.

Sin embargo, la cucaña que hoy conocemos procede de las celebraciones que los duques de Montpensier llevaron a cabo en la dársena –frente al palacio de San Telmo– con motivo del nacimiento de su hija, la infanta María Cristina de Orleáns, en noviembre de 1852, nueve meses después de la inauguración del puente de Isabel II, vulgo de Triana.

50 años después, se trasladó la Velá a la orilla del río y comenzó a celebrarse la prueba de la cucaña tal y como la conocemos hoy.


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