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Una casualidad en el laboratorio

El ‘New York Times’ recurre a un investigador de la Universidad
de Sevilla para contextualizar el logro científico de un joven paquistaní que reprodujo un experimento suyo de hace 20 años

16 oct 2017 / 15:18 h - Actualizado: 16 oct 2017 / 22:58 h.
"Ciencia","Divulgación","Universidad","Universidad de Sevilla"
  • Alberto Pérez Izquierdo, en una imagen de archivo. / El Correo
    Alberto Pérez Izquierdo, en una imagen de archivo. / El Correo
  • El rosetón que resulta del experimento, rebautizado como panal. / A. Pérez Izquierdo
    El rosetón que resulta del experimento, rebautizado como panal. / A. Pérez Izquierdo

«Son casualidades. Estamos aquí trabajando y, a veces, son muy raras la razones por las que un trabajo llega a tener relevancia. No se me hubiera ocurrido pensar que aparecería en el New York Times». La reflexión corresponde a Alberto Pérez Izquierdo, catedrático de la Universidad de Sevilla que forma parte de un grupo de trabajo en electrohidrodinámica, que hace unas semanas recibió un inesperado email de una periodista del emblemático medio de comunicación neoyorquino para pedirle más o menos lo que piden todos los periodistas: un hueco para charlar.

¿Charlar de qué? De un precoz científico pakistaní, Muhammad Shaheer Niazi, quien, a sus 17 añitos, reprodujo en una competición científica internacional celebrada en Rusia un experimento que Pérez Izquierdo realizó hace 2o años. El aplicado paquistaní incluyó alguna nueva medición, y todo eso le ha valido para que la revista científica Royal Society Open Science haya publicado un artículo suyo. Le ha valido también para despertar el interés del New York Times ante tan peculiar historia. «Y yo encantado. Que nuestra área de investigación aparezca está muy bien», opina.

La manera en la que la redactora del New York Times dio con Pérez Izquierdo es sencilla. Shaheer Niazi incluyó varias referencias suyas entre las que empleó para documentarse antes de realizar el experimento. «Quería hablar conmigo para poner en contexto el experimento de este chaval», ratifica.

El trabajo del joven paquistaní encaja con una de las líneas de trabajo del grupo de electrohidrodinámica del que forma parte Pérez Izquierdo, la que se ocupa de analizar fluidos sometidos a campos eléctricos, de buscar patrones determinados en determinadas circunstancias.

El experimento en sí puede explicarse de manera sencilla: tenemos un electrodo puntiagudo –una puntilla controlada– colgada y que está sobre un plano eléctrico, un electrodo. Si ese electrodo lo colocas a alta tensión se produce una descarga eléctrica –conocida como «descarga corona»– que produce que de esa punta hacia el electrodo se produzca algo como una «lluvia de iones». En la US, «en vez de ese electrodo desnudo ponemos una capa de aislante líquido». En ese caso, «cuando aplicas la tensión eléctrica a la punta y se produce esa lluvia de iones, esa superficie se deforma, ese es el patrón que se forma». ¿Y qué ha añadido este joven? «Ha medido la temperatura en la superficie del líquido», explica Pérez Izquierdo.

Existe todavía otra diferencia entre el trabajo primigenio de hace 20 años y este más reciente, porque Shaheer Niazi ha cambiado la terminología sobre la estructura que se forma con el experimento. «Yo lo llamé rosetón en el primer artículo, y otra gente que ha trabajado sobre él lo han llamado como yo», cuenta, pero el científico paquistaní lo ha renombrado como panal eléctrico. Hay una diferencia de este patrón –razona el sevillano–: en un panal todo son hexágonos y se forman redes regulares. Y ese no es el caso: en la estructura resultante aparecen figuras distintas con tamaños distintos, de ahí que la analogía con los rosetones de las catedrales góticas todavía le parezca a Pérez Izquierdo más acertada.

«Dejamos de trabajar en ello, más que por falta de interés, porque nos faltan recursos personales para todas las cosas que nos podrían interesar», cuenta Pérez Izquierdo. Añade que en la electrohidrodinámica hay problemas más de actualidad si bien, advierte, «estas cosas también renacen». Razona que su relación con sectores industriales puede provocar que vuelvan a la actualidad. Confirma también que el experimento «sí es un poco antiguo. En su día, no es que lo diéramos por resuelto, pero sus mecanismos básicos sí lo describimos».

Al final de toda esta historia, evidentemente más curiosa que importante, un científico como Pérez Izquierdo tiene que quedarse con varias dudas. Para empezar, no tiene ni idea de quién, ni cómo, ni porqué, fue el suyo el experimento que le propusieron reproducir al estudiante paquistaní. También desconoce las condiciones en las que se ha realizado experimento. «No requiere de un equipamiento muy complicado, pero necesitas fuentes de alta tensión, un equipamiento eléctrico mínimo. No sé en qué contexto le surgió ni quién a puesto a su disposición el equipamiento necesario. Desconozco cómo ha podido acceder a los recursos necesarios. No es un experimento que se pueda hacer en casa», advierte.

Toda la peripecia le ha servido para que una frase entrecomillada suya aparezca en la publicación, muy probablemente, más famosa del mundo, el New Tork Times. «Nosotros podemos decir que esto es un relámpago frustrado», dijo. Ahí queda eso.


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