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Una jornada en una clínica veterinaria

Atención personalizada. De la llegada de Silvio a la muerte inevitable de Akron, o el embarazo inesperado de Mulan, un día revelador

29 oct 2016 / 13:38 h - Actualizado: 29 oct 2016 / 09:14 h.
  • Rosa hace una revisión completa a Cocó, el pequeño bichón maltés.
    Rosa hace una revisión completa a Cocó, el pequeño bichón maltés.
  • A Quenta le ha entrado una espiga en la oreja y le molesta bastante.
    A Quenta le ha entrado una espiga en la oreja y le molesta bastante.
  • Cuca está en el postoperatorio de una intervención por piometra.
    Cuca está en el postoperatorio de una intervención por piometra.
  • Las encías de Akron presagiaban lo peor.
    Las encías de Akron presagiaban lo peor.
  • La ‘abuelita’ Poppy.
    La ‘abuelita’ Poppy.
  • A Nano no le gusta el pienso.
    A Nano no le gusta el pienso.
  •  Limpieza dental para Tina.
    Limpieza dental para Tina.
  •  La grandullona Poppy.
    La grandullona Poppy.
  • Marley evoluciona bien del pioderma.
    Marley evoluciona bien del pioderma.
  • Silvio, un rockero con suerte.
    Silvio, un rockero con suerte.
  • La ecografía de Mulan está clara.
    La ecografía de Mulan está clara.
  • El ojo de Neska mejora del desgarro.
    El ojo de Neska mejora del desgarro.
  • La herida de Larry cicatriza poco a poco.
    La herida de Larry cicatriza poco a poco.
  •  Luna apareció tras tres años perdida.
    Luna apareció tras tres años perdida.

El veterinario es alguien de la familia porque cuida de algunos de los seres más importantes para ti y porque compartes algunos de los momentos más alegres... y también los más tristes de tu vida, cuando a tu hijo peludo le venza una de esas enfermedades incurables en las que el sufrimiento y la falta de esperanza hagan más aconsejable esa inyección que pone fin a su vida y deja la tuya en estado de shock...

Todas estas subidas y bajadas de ánimo la viven cada día los veterinarios, esa especie de médico de cabecera o psicólogo y maestro de educación animal que tiene todo dueño de mascota, si bien esta estrecha relación no es igual en todos los tipos de clínicas veterinarias. En clínicas más grandes, con más veterinarios, es posible que no siempre le atienda el mismo profesional –aunque en muchos casos usted puede elegirlo–, pero para comprobar el trabajo que durante una larga jornada ocupa a una veterinaria hemos optado por un trato más personal: el que ofrece Rosa Medina en su clínica de Alcalá de Guadaíra. Con ella pasamos una jornada, de 10 de la mañana a 8.30 de la tarde, en la que pudimos comprobar la importante, y apasionante, labor que los veterinarios de mascotas realizan cada día.

El pequeño Cocó

Una pequeña bolita peluda, de sólo tres meses, Cocó, ya esperaba antes de que se abriera la clínica en brazos de su dueño, Sergio, para que, tras una nueva revisión Rosa le ponga su tercera vacuna. «Es un bichón maltés. Lo compré en la nueva Alfalfa, en Guillena, porque tanto mi hijo como yo somos alérgicos y así me parecía más seguro. Tengo que lavarlo cada 15 días o al menos mantenerlo con el pelo cortado para que me dé menos alergia», señala. Desde la última vez ha puesto más de medio kilo y ya pesa 1,800, revisión de ojos y oídos, corte de uñas, auscultado con el fonendo... Y, por último, la vacuna y el recordatorio para las dos próximas: en un mes la de tos de las perreras y dentro de dos meses la primera de la rabia «entonces es obligatorio el microchip», le recuerda. Rosa le enseña las pautas de conducta: «Si muerde hay que decirle que no lo haga, ‘No Cocó’, no dejarle morder porque para ellos es un juego y se creen que te gusta». También de alimentación: «Tres veces al día hasta que poco a poco deje de comer a mediodía y se repartan las tomas en dos veces, y pienso puppy hasta los 10 meses».

Es la pauta ideal. Perros cuidados, con su alimentación y sus vacunas en regla pero no tan habitual en los tiempos que corren debido a las circunstancias económicas «y a las prioridades de la gente, que prefieren tomarse una cerveza, fumar o tener un móvil último modelo y con datos en vez de ponerle las vacunas a su mascota, para la que dicen que no tienen dinero», critica Rosa, quien denuncia la situación a la que se enfrenta a diario y, sobre todo, en el caso de las urgencias. «Te llaman un sábado por la noche al teléfono de urgencias porque tienen un perro con vómitos y diarrea, le dices que vale 80 euros y te dicen que no tienen dinero, y que lleva así varios días –la consulta normal es 30 euros–. Es la casuística diaria de las urgencias». Y un caso aún más extremo se da con las cesáreas: «Te llama alguien a quien no has atendido, ni controlado el embarazo de su perra –el 90 por ciento de sus pacientes son cánidos, frente al 10 por ciento de gatos–, para que atiendas el parto, un trabajo que tiene un precio de entre 300 y 1.000 euros, porque necesitas trabajando a tres personas para atender a la madre y a las crías, y te dicen ‘yo no tengo dinero’. La gente se cree que va a tener beneficios vendiendo las crías y no piensan en los costes. Y se hacen a diario cosas de forma altruista, pero después hay que pagar las facturas», lamenta.

Las orejitas de Quenta

A esta beagle de ocho años, la segunda paciente del día, le ha entrado una espiguilla en la oreja. El tratamiento: un limpiador que seque el oído y contrarreste la infección, junto al antibiótico que ya tiene en casa «y vuelve dentro de una semana». No es la primera vez que Quenta tiene problemas en sus orejitas, de ahí que su dueña tenga gotas específicas en casa. Antes de acabar, Rosa le pincha un antiinflamatorio cuyos efectos le duran tres días «para que le moleste menos».

Cuca pasa su revisión

Esta pequeña cocker blanca y negra llegó a la clínica para revisar su cirugía, una piometra –infección de útero, que se llena de pus, una dolencia habitual–. «Nos vemos el miércoles próximo para darle de alta. No se puede mojar», señala.

El pobre Akron

La tranquila mañana se vuelve gris cuando el grandullón Akron llega a la clínica acompañado de sus dos jóvenes dueños –su madre está de viaje–. Es la segunda vez que viene, no ha reaccionado al tratamiento y lleva 36 horas sin orinar: «El riñón no funciona, las encías, ojos y orejas están amarillas. Me temo que no puedo hacer nada más», explica Rosa a los compungidos dueños de Akron, que solo tiene un año y tres meses de vida. «No se sabe si es un parásito o una intoxicación, pero se le está poniendo tratamiento para las dos cosas». El laboratorio aún tiene que enviar los resultados para saber qué tiene en concreto y ver si se le puede dar otra cosa, pero su cuerpo no ha resistido. Apenas puede andar, se tropieza, «ya no ve, tiene una encefalopatía y lo único que podemos hacer es dormirlo, le fallan los riñones y el hígado y le ha llegado al cerebro. Tenéis que tomar una decisión». Los dos jóvenes, tras llamar a su madre, salen llorando de la clínica mientras Rosa lo duerme.

Otros prefieren quedarse, estar a su lado en el último momento, ese instante de paz en el que por fin descansa, sobre todo si es detrás de una larga enfermedad. Sabes que vivirán menos que tú, pero nunca estás preparado... y menos si es tan joven como Akron.

Los achaques de Poppy y Nano

A media mañana llegan a la clínica Charo y Pepe con sus dos mascotas, Poppy y Nano, dos abuelitos multirraciales de 14 y 12 años, respectivamente, que llegan para su revisión anual. «Poppy –que tiene un soplo en el corazón, del que se está tratando– comía pienso hasta que llegó, Nano, al que recogí hace un año. Era de una señora de Sevilla a la que le dio un ictus y lo iban a sacrificar», explica Charo. Tiene hipoglucemia y hay que darle agua con azúcar de vez en cuando «pero da bocados». A Poppy, siempre temblando, la recogieron junto a su hermana Laica cuando tenía seis meses.

Los dientes de Tina

La última paciente de la mañana es Tina, que desde la noche anterior aguarda en la clínica para que le haga una limpieza de boca. Muerde y se retuerce cada vez que se le toca, hasta que le hace efecto la anestesia. Se trata de una Yorkshire gordita que cumplió seis años en junio, explica Nati, su dueña cuando va a recogerla por la tarde. «Y eso que sólo come pienso y poco, pero no se mueve y yo con el calor de estos últimos meses no la he sacado». Aunque no es muy mayor, en el estado de los dientes influye el pH de la saliva y también que coma pienso blando. «Habría que darle un pienso que mantenga la boca bien y que al morder le limpie», recomienda Rosa.

El pelo de Poppy

La primera de la tarde es Poppy «amapola en inglés», una perra de agua de dos años y medio que viene para una revisión de oídos y las vacunas, porque «novios no queremos», explica su dueña Mariví. Poppy tiene un problema en sus rodillas: «Tuvo un tratamiento para reforzar sus articulaciones, que hay que volver a ponerle tras descansar un tiempo», explica la veterinaria, quien le indica a su dueña que, la cojera que se aprecia de vez en cuando «puede ser un inicio de artrosis, aunque sea pequeña no de tamaño, que es bastante grande por un tema postural». Y ahora queda el pelo, aunque ahora lo tenga corto, «sólo se le puede peinar con los dedos y vas sacando nudos, lo peor son las orejas, porque le crece pelo dentro, y las espigas en primavera que se le pueden clavar y no se ven», señala Mariví.

La piel de Marley

Este precioso labrador de dos años está siendo curado de un pioderma, una infección en la piel producida por una herida o un bicho. Su tratamiento de antibióticos, con el que lleva una semana, está funcionando muy bien. Sus dueños, una joven pareja, hacen una consulta que les obligará a volver: su perra Mulan puede estar embarazada, aunque creen que de poco tiempo, y preguntan si hay tratamientos para cortar la gestación. Rosa les avisa de que, si está más avanzado de los 10 días, ella no lo hace, por el riesgo que supone. Así, regresarán para hacerle una ecografía.

El corazón de Nano

Entre medias, Miriam llega con Nano, una mezcla de teckel, ya viejito (13 o 14 años). «Me lo encontré en la calle y conmigo lleva 7 u 8 años, estaba lleno de heridas, sin dientes...», explica su dueña. Además le están tratando de un soplo en el corazón, «es frecuente con la edad, una enfermedad ya geriátrica», explica Rosa.

El embarazo no deseado de Mulan

Cuando llega Mulan, la golden retriever de dos años, el ecógrafo ya está listo. Nada más apagar la luz se ve claro: «vienen unos cinco cachorros, ahí se ve el corazón... la columna vertebral... para finales de noviembre». Así que el embarazo –63 días de gestación– tras ser montada por otro de los perros de su propiedad, se convertirá en el segundo parto de Mulan. Hay que cuidarla con pienso especial de cachorros y revisión la semana antes.

El gran día de Silvio

«Lo hemos recogido esta mañana, es el primer día con nosotros. Estaba abandonado y lo acogió hace 15 días la pareja que lo encontró», explican Lola e Isaac, felices de incorporar a un nuevo miembro a su familia en la que ya tienen un hijo adolescente. Lo primero que han hecho es ponerle ese nombre tan rockero y comprarle una correa a juego, y en la consulta «lo primero hoy es el chip y la vacuna de la rabia». Puede tener año o año y medio, se le ve limpio, tiene el pelo brillante, y está musculado. No tienen otras mascotas y Rosa les explica todas las vacunas, la importancia de hacerle más adelante el test de leishmania, al haber vivido en la calle, cómo deben repartirle las comidas, las salidas a la calle, acostumbrarlo a quedarse solo en casa, la desparasitación externa e interna... y se van a casa con una buena cantidad de material didáctico.

El ojo de Neska

Con su collar isabelino llegó para una revisión Neska, de tres años. «Tiene un desgarro por un enganchón que casi le cuesta el ojo». Las revisiones se incluyen dentro del precio de la consulta inicial, con lo que son gratis.

Larry y la espiga

También llega para su revisión Larry. Entre sus pelos se coló una espiga que se le clavó y está costando bastante curarle.

Luna, la viajera

Rocío lleva años buscando a su Luna, y apareció tras más de dos años perdida gracias al chip... pero volvió a desaparecer. Y hace unos días se enteró de que había aparecido una hembra pastor alemán en la zona de Las Portadas en Dos Hermanas y fue a ver si era ella, no lo parecía, pero contestaba cuando le llamaba: «Luna». Con las dudas llegó hasta la clínica de Rosa en Alcalá donde tras leerle el chip vio que desde hace tres años sus dueños la buscaban. Un final feliz gracias al chip, pero que no siempre es así. «Llegan bastantes perros abandonados pero cada vez hay menos gente que se los queda. Si no tienen chip hay que buscarle una protectora y si lo tienen normalmente los están buscando». El chip, ese artilugio técnico, se ha convertido en una prueba de amor y de fidelidad de los dueños hacia sus mascotas. Quién lo hubiera dicho.


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