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Una obra para interpretar el porqué

La periodista María Luisa Páramo presenta ‘El Carnaval de las coplas, un arte de Cádiz’, un libro que descubre los secretos de la idiosincrasia del carnaval. Según la autora, la industria de la fiesta nace a finales del XIX.

24 feb 2017 / 07:00 h - Actualizado: 23 feb 2017 / 18:26 h.
  • María Luisa Páramo posa junto al chirigotero Antonio Pedro Serrano, El Canijo de Carmona, durante la presentación del libro en Sevilla.
    María Luisa Páramo posa junto al chirigotero Antonio Pedro Serrano, El Canijo de Carmona, durante la presentación del libro en Sevilla.

De joven no era una viandante común por los muros de Puerta de Tierra. De adolescente nunca flirteó con el amor en el Barrio de La Viña y sus veranos jamás dibujaron estampas de La Caleta. En 1992, con 40 años recién cumplidos, viajó a Cádiz para descubrir en primera persona el carácter genuino del carnaval, una fiesta que desde entonces es una adicción sobrenatural en su cuaderno de ruta por febrero. La periodista y filóloga María Luisa Páramo (La Solana, Ciudad Real, 1-2-1952) ha presentado recientemente El Carnaval de las coplas, un arte de Cádiz, una obra apadrinada por Izana Editores que pretende descubrir los secretos sociológicos y escénicos de la festividad por antonomasia de la Tacita de Plata.

«El libro versa sobre el género artístico del carnaval de las coplas. La fiesta es sólo el contexto», defiende desde Madrid, la ciudad en la que reside, apenas unos días después de haber presentado en sociedad la obra. Páramo no esquiva ningún tema espinoso de la fiesta, aunque la exposición es una visión intimista y sociológica de una tradición que hunde sus raíces históricas en 1884, el año en el que las agrupaciones debían entregar el contenido de sus coplas al Ayuntamiento para cumplir con la censura. «Ahí nace la historia del carnaval. Y nace ahí porque la historia comienza cuando hay documentos», asegura con naturalidad alguien que ha derribado tópicos y estereotipos con un libro que ha sido apadrinado por algunos de los mejores autores de la época actual.

En El Carnaval de las coplas, un arte de Cádiz, el lector buceará por los orígenes de la fiesta como exhibición escénica que se desarrolla en tablaos, bateas, carrozas y las tablas del Teatro Falla, epicentro oficial de una manifestación cultural que ha adquirido una dimensión autonómica desde que Canal Sur ha apostado por su difusión en directo desde la ronda de cuartos de final. Páramo, que apuesta por un libro identitario en contenido y que proclama la interpretación genuina del carnaval gaditano, se refiere a la fiesta como un motor de una industria que, a su juicio, nace a finales del XIX. «Como industria comenzó con Las viejas ricas a partir de 1884», rememora. Las viejas ricas fue una comparsa que revolucionó el espacio escénico del carnaval y que sembró la semilla de la industria de finales del XX y principios del XXI. Aquel grupo que cautivó a Cádiz viajó primero a Sevilla para interpretar sus coplas en los cafés, mientras que en 1889 aterrizó en Montevideo y Buenos Aires, donde recibió la aprobación del público y de la prensa de la época.

Atracción casual

La autora sintió una atracción especial de forma repentina y sin previo aviso en una antigua corrala de vecinos de la ciudad costera. «Me encontré con las coplas», reconoce. «Me interesa la parte lingüística. La copla como texto. Si le añadimos la música y la interpretación estamos ante un género escénico como la ópera o el musical. La interpretación cobra fuerza a través del tipo», expone en una clara alusión a la combinación de parámetros para convertir al carnaval en un fenómeno de masas. Otro de los aspectos relevantes que analiza en su obra es la existencia de un vocabulario específico del Carnaval de Cádiz, una ciudad que trata de resistir a las influencias que nacen allende sus fronteras de Puerta de Tierra. «Cualquier género artístico tiene su propio vocabulario. Yo utilizo dos términos que nadie ha utilizado como términos técnicos que son el bastinazo y el borderío. El borderío tiene que ver con lo léxico y el bastinazo tiene que ver con la idea», asegura con una sonrisa.

El papel de la mujer, la defensa de la libertad de la fiesta frente a la politización del espectáculo o la clandestinidad del arte carnavalero durante el franquismo eclosionan en las páginas de El Carnaval de las coplas, un arte de Cádiz para combinar un crisol de ideas que tratan de ilustrar el porqué. El porqué de un sentimiento único e identitario de una tierra sencillamente genuina. «Pese a ser manchega y a vivir en Madrid tengo derecho a hablar de carnaval. Me ha costado 25 años hacerlo», apostilla. Un carnaval universal en los prismáticos de alguien que aterrizó en la Tacita de Plata el año de la Expo. Y 25 años son una vida.

Los detalles de la autora

María Luisa Páramo aterrizó en Cádiz en el carnaval de 1992, un año en el que la chirigota del Selu El que la lleva la entiende ganó en chirigotas y Suspiros de Cai, el grupo de Fali Mosquera, descorchaba la botella de cava en comparsas. Meses después, Sevilla inauguraba la multitudinaria Exposición Universal de 1992, una cita que transformó en cuerpo y alma el esqueleto urbanístico de la ciudad.

Amante de los tangos y fiel defensora del aspecto identitario de la fiesta, María Luisa Páramo admite su predilección absoluta por comparsas como Los piratas, la mítica agrupación de Antonio Martínez Ares que ganó en 1998 y que acuñó aquel irrepetible pasodoble a Andalucía, o Los caballeros de la piera reonda. En chirigotas se decanta por Los yesterday, Los borrachos o Los cruzados mágicos, aunque su verdadero amor es por el coro y el ritmo espectacular de los tangos.


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