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Una verdad por descubrir

Los vecinos de Torreblanca están deseando gritar al mundo que su barrio sí merece la pena. Solo hay que vencer tópicos para conocerlos

16 dic 2017 / 06:38 h - Actualizado: 15 dic 2017 / 19:14 h.
"Este - Alcosa - Torreblanca","Hermandad de Torreblanca","'¡Mira qué barrio!'"
  • Las mujeres de Torreblanca disfrutan de su tiempo libre en asociaciones como Amide. / Fotos: El Correo TV
    Las mujeres de Torreblanca disfrutan de su tiempo libre en asociaciones como Amide. / Fotos: El Correo TV
  • Jordi es el propietario del obrador de pastelería del barrio.
    Jordi es el propietario del obrador de pastelería del barrio.
  • Clases de aquagym en la piscina del centro deportivo.
    Clases de aquagym en la piscina del centro deportivo.
  • La frutería de Luis es todo un clásico en la calle Torremegía.
    La frutería de Luis es todo un clásico en la calle Torremegía.
  • Algunos de los platos del Mesón La Fuente.
    Algunos de los platos del Mesón La Fuente.

Esta semana hemos ayudado a que los vecinos de Torreblanca levanten la losa de la incomprensión y el desconocimiento que pesa desde hace demasiados años sobre su espalda. Porque es sencillo hablar de lo que se desconoce, estigmatizarlos por lo que te cuentan y negarse a tender la mano a una gente sencilla y humilde que es capaz de vivir sus días con una sonrisa. Ellos le ponen al mal tiempo buena cara y al trabajo, mucha constancia y dedicación. Y eso que nadie se lo ha puesto fácil. Superan barreras sociales y superan distancias. Pero ahí está el resultado, en sus calles, en sus casas, donde comparten un ambiente fraternal y de buen rollo con el que hacen gala del orgullo de vivir en un barrio obrero que tiene espíritu de lucha y memoria frente al olvido.

Actualmente Torreblanca es un barrio moderno, sobre el que pesa la losa de la inseguridad, aunque nada más lejos de la realidad. Su estética es única, más cercana a la de los pueblos de interior que a la de otros barrios limítrofes. Pero en ella reside la belleza particular de este barrio que, más allá de su aspectos, es hogar de numerosas infraestructuras y servicios municipales que alienten la vida diaria de sus vecinos y se convierten en un soporte vital para sus comerciantes. Todo ello, sin olvidar otra pieza clave, la labor social que realizan desde sus dos parroquias, hermandades, asociaciones y congregaciones como la de las Hermanas de la Cruz. Gracias a ellos, en Torreblanca es fiesta, y de las importantes, el Sábado de Pasión, día en el que hace la estación de penitencia la hermandad de los Dolores. También el último fin de semana de septiembre, el de la romería del Inmaculada Corazón, la única que se celebra en un barrio de la capital.

Por el Canal de Torreblanca navega cada día la vida de este barrio. Navega la superación de sus vecinos y de sus comerciantes. Como Jordi, un joven que hace unos años dejó de ser carpintero por hacerse pastelero como salida a la crisis y que ahora endulza a sus vecinos con unos pasteles hechos a mano, con el fuego lento del hogar. Lo hace también Luis, tercera generación de fruteros en la calle Torremegía, que pregona la salud en sus mandarinas, el arte entre garrafas de aceitunas, y el valor de la familia en la educación de su hijo, heredero de un negocio que tiene mucho de escuchar y no solo de vender. Como en la ferretería de Rafael, en la tienda de fotos de Conchi, en la pescadería, en el bar... lugares de abrazo y encuentro vecinal.

No faltan nunca a su cita, como tampoco lo hacen en el Mesón La Fuente. Un nombre que a muchos no les sonará porque si preguntan a los más antiguos del lugar les dirán que el negocio de Raúl y su familia es el bar El Muerto. Un casa de comidas donde la emoción llega hasta las cocinas, santuario de una madre que se desvive por sus hijos y que cocina como si a ellos les fuera a dar de comer. Por sus salones han pasado desde el cardenal Amigo Vallejo hasta el arzobispo Juan José Asenjo, que desayunó un descafeinado de sobra y una tostada con porción pero que fue tan campechano como un vecino más. Eso nunca se olvida.

Tampoco se olvida el afán de superación de las vecinas más mayores del lugar. Cada mañana, haga frío o calor, acuden a su cita con la piscina y el aquagym. Que para mover las caderas bajo el agua no hay edad ni achaque que lo impida. Ganan vida y eso no tiene precio. Como lo hacen en la asociación Amide, mujeres valientes del barrio, que se organizan la vida en talleres, excursiones, comidas, risas y lo que se tercie. Porque no hay achaque que las detenga, ni siquiera para bailar sevillanas y enseñar, o al menos intentarlo, al que se acerque a conocerlas.

Son solo un ejemplo de la verdad que hay en sus calles, la que muchos se niegan a conocer y que ellos están deseando gritar al mundo. Se apoyan en su fe, la que sostiene un Jesús Cautivo que es evangelio del barrio. Así lo predican y así lo creen. Torreblanca es un lugar tan mágico que nadie debería permitirse el lujo de no vivirlo aunque solo fuera una vez en la vida.

La semana que viene nos vemos en las calles de Sevilla, disfrutando de una fiesta tan hermosa como la Navidad.


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