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Una vida entera bajo la lluvia

Patria, la serie de Aitor Gabilondo, es un brillante y fiel reflejo de la novela de Fernando Aramburu y de una época que España ha comenzado a olvidar

Julio Mármol julmarand /
09 nov 2020 / 14:19 h - Actualizado: 09 nov 2020 / 14:25 h.
"Literatura","El Silencio","ETA","La calle"
  • Elena Irureta y José Ramón Soroiz en un fotograma de Patria
    Elena Irureta y José Ramón Soroiz en un fotograma de Patria

El Txato se levanta temprano, apura el café y sale a la calle. “Nos vemos a la noche”, le dice a su mujer, Bittori. Y se lo dice con la convicción del que espera que esto sea así. Que vuelva a verla. Que llegue vivo a la noche. Porque al Txato le han puesto la vitola lúgubre de objetivo de ETA, y hace ya tiempo que los siente acercarse. El Txato no vuelve.

Patria es una serie de ocho episodios elaborada con apasionada lealtad hacia su materia prima, esa prodigiosa novela de Fernando Aramburu que será o es ya clásico de la literatura española y que se ha convertido en la crónica definitiva del terror etarra, como lo fue La fiesta del chivo de la dictadura de Trujillo o San Camilo, 1936, de la guerra civil. La adaptación de Aitor Gabilondo es tan minuciosa que podría pensarse, a priori, que se ha tomado la decisión más cómoda, que es la de avanzar por un camino ya abierto por Aramburu en vez de desbrozar uno nuevo. No es así. Patria es una novela compleja, en la que las voces y los pensamientos de los personajes se entremezclan y se dan de codazos, y en la que el pasado y el presente se tienden a ratos la mano y, a ratos, se dan la espalda. Aitor Gabilondo consigue que Patria, la serie, sea tan buena como Patria, el libro, porque Aitor Gabilondo es, como Aramburu, un autor de gran talento.

Tal vez el mayor logro de Patria (libro y serie) sea hacer comprensibles, que no necesariamente justificables, las actitudes de todos sus personajes. La ferocidad de Miren, madre de Joxe Mari, pistolero etarra, y la devoción que profesa esta por la banda terrorista es acaso razonable porque quizá sólo haya algo más funesto que gritar “Gora Eta” y sea “Muera mi hijo”; al igual que el silencio de Joxian, que ve como su mejor amigo se transforma en la pieza a batir y no hace nada para evitarlo. La cobardía, como el miedo, son defectos humanos que ahora nos parecen excusas frágiles sólo porque ETA ha dejado de matar.

El Txato, que es la piedra angular de este relato, no tiene nombre en el libro a pesar de que en la serie, en contadas ocasiones (como en los diálogos/monólogos de Bittori frente a su tumba), sepamos que se llama Jesús María. El Txato, en realidad, no tiene nombre porque hay 857 Txatos según las cifras oficiales; 857 nombres anegados y corroídos por el ácido sirimiri de la ETA. 857 asesinados. “El Txato no se ha muerto”, insistirá Bittori, “Al Txato lo han matado”. En una de las escenas más conmovedoras de la serie, Xabier, hijo del Txato, abandona a su novia porque ser feliz le parece un pecado. “Desde que lo mataron”, le pregunta Nerea, su hermana, “¿te has reído alguna vez”. Xabier se encoge de hombros y le responde que no lo recuerda.

Los actores de Patria han tenido que enfrentarse a guiones muy difíciles, en los que se conjuga, a partes iguales, el oído hábil de Aramburu para el lenguaje oral de los vascos (esa confusión sutil, por ejemplo, entre “fueras” y “serías” que el escritor, perspicaz, plasma) con párrafos muy literarios y que , por ello, no son nada fáciles de recitar. Y el resultado es maravilloso. Emociona, especialmente, el trabajo de Elena Irureta (Bittori) y el de Mikel Laskurain (Joxian), los dos hermanados por la muerte del Txato; los dos en ángulos opuestos de un mismo infierno.

Aunque ETA asesinó en todos los rincones de España, fue en el País Vasco donde su impacto alcanzó el grado mayúsculo de tragedia social. Dicen que, hoy, muchos desconocen quién fue Miguel Ángel Blanco y que casi un 50% de los españoles creen que ETA aún sigue activa. No hace tanto que ocurrió, y ya estamos empezando a olvidarlo.

Así que si algún día pasa frente a los montes verdes del País Vasco o visita alguno de los pueblos o ciudades de la región, piense en el Txato. Piense en Bittori, y en Miren, y en Joxian. Piense en Joxe Mari. En algunos de esos lugares aún no ha dejado de llover.


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