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El cambio de agujas hacia la naturaleza

Rutas saludables. La Sierra Norte, Sierra Sur y la Campiña cambiaron el humo de sus máquinas por el aliento de sus visitantes, y ahora gozan de kilómetros de vías verdes

28 abr 2018 / 21:24 h - Actualizado: 28 abr 2018 / 21:28 h.
  • Más de 300.000 personas circulan al año por esta vía verde de la Sierra Sur, que arranca en la provincia de Cádiz, aunque discurre por la provincia de Sevilla. / Fundación Vía Verde de la Sierra
    Más de 300.000 personas circulan al año por esta vía verde de la Sierra Sur, que arranca en la provincia de Cádiz, aunque discurre por la provincia de Sevilla. / Fundación Vía Verde de la Sierra
  • El cambio de agujas hacia la naturaleza

El súmmum del romanticismo del siglo XIX es, sin lugar a dudas, el ferrocarril. Un medio de transporte rudimentario pero a su vez de extrema belleza. Un medio en el que tuvieron cabida todas las clases sociales, todas las profesiones y todas la emociones. Lugares para inmortalizar un sueño fueron sus estaciones y contadores de innumerables historias, sus vagones. Sin embargo, con el paso de los años y el avance de las infraestructuras, el tren cayó en el olvido y poco a poco, su armadura de metal se fue fundiendo. Solo resistieron los fuertes, los que unían a las grandes ciudades y desplazaban a las masas. Los pequeños, los humildes, acabaron muriendo. Lo que muchos no podían pensar es que, como parte integrante del ecosistema se acabaría integrando en él y, aunque ya sin vías y sin locomotoras, esos trazados lograron mucho después revivir. Lo hicieron cambiando el rojo por el verde, el humo de sus máquinas por el aliento de sus visitantes, y el romanticismo vuelve a resurgir de sus cenizas como el Ave Fénix. La provincia de Sevilla goza de un nuevo atractivo que se suma a los muchos que ya posee. El medio natural y la conciencia medioambiental se imponen y como tal ofrece seis vías verdes, seis remansos de paz a norte, sur y este. Aquí le ofrecemos tres historias de tres de estos senderos que recién partieron de su estación.

Aunque tiene su inicio en la estación de Puerto Serrano, en Cádiz, lo cierto es que dicha estación pertenece al término municipal de El Coronil, ya en suelo sevillano. El tren quiso ser un elemento vertebrador de pueblos que cruzara sus anchas fronteras y unir pueblos de distintas provincias. En este caso, pretendía crear hermandad entre hispalenses y gaditanos.

Javi sabe bien lo que es cruzar esa frontera y la «sensación de libertad» que da el hacerlo en bicicleta, paseando con toda tranquilidad por donde antes podría haber pasado el tren. «Es lo que hace especiales a las vías verdes», dicen en relación a esa paz que se respira en la zona. Lógicamente, el discurrir de un tren en zonas de sierra solía hacerse por mitad de la naturaleza, y debido al poco espacio, en relación al que necesita una carretera, el paisaje se ha visto alterado mínimamente. De las mejores sensaciones que este ciclista experimenta es la de pasar por entre los túneles. «Es una sensación extraña pero a la vez placentera», afirma. Entre risas, procura cruzarlos deprisa, pues tiene la sensación de que un tren va a aparecer de un momento a otro. Javi asegura que lo mejor del recorrido es el disfrute de la naturaleza, y compartir un camino con gente de todo tipo. «Es ideal para hacer deporte y también amistades. Te encuentras con gente que comparte tu misma afición», indica.

La ruta que conforma esta Vía Verde de la Sierra era la misma que ocupaba el trazado entre Puerto Serrano y Olvera, pasando por la provincia de Sevilla, con parada en Coripe. Este tramo, el único que se conserva, formaba parte de la línea Jerez-Almargen, o más bien del proyecto de línea. Esta línea férrea nunca llegó a funcionar. Fue la Diputación de Cádiz, a principios del siglo XIX, la que dio los primeros pasos para crear un tren para la comarca serrana. La dictadura de Primo de Rivera dio luz verde al proyecto, pero la caída del régimen dio al traste con lo soñado y nunca llegó a marchar por la zona. Las infraestructuras, que sí estaban hechas, quedaron en el olvido, sin dar siquiera cobijo a los viajeros. Sin embargo, las posibilidades de la Vía Verde, unidos a ese otro cambio de mentalidad de la población en pos de una mayor cariño por el medio ambiente y los hábitos de vida saludable, propiciaron que la vía consiguiera funcionar, aunque sin raíles ni locomotoras, y las estaciones se hayan reinventado. En la actualidad, muchas de esas estaciones se han convertido en restaurantes o lugares en los que alojarse. Es un ejemplo más de desarrollo sostenible, que ha conseguido fraguar gracias a iniciativas que vieron claro las posibilidades del entorno. Gestionada por la fundación Vía Verde de la Sierra, ésta recibe al año más de 300.000 visitas, con amplia mayoría del colectivo ciclista. En sus 20 años de vida la fundación ha recibido numerosos reconocimientos, entre los que se encuentran el Premio Europeo de Vías Verdes en 2005 y 2009, el Reconocimiento al mejor producto turístico comarcal por parte de la Junta en 2006 o el más reciente Premio Europeo a la Iniciativa Ejemplar 2017 por la implementación del Plan de Adaptación a la Accesibilidad Universal en la Vía Verde de la Sierra, otorgado por la Asociación Europea de Vías Verdes.

De sierra a sierra, de la sur a la norte, ahora llamada Sierra Morena de Sevilla. Allí hay un tesoro geológico. No está demasiado escondido y, lo más importante, no es de quien lo encuentra, sino que pertenece a todos. Durante años fue el sustento de muchos trabajadores de la mina que, extrayendo hierro, se ganaban el jornal que aquellos visionarios escoceses les proporcionaban. Para el posterior traslado del mineral era necesario un medio de transporte. Y ese fue el tren. Se creó pues un ramal que conectaba El Cerro del Hierro con la línea ferroviaria de Zafra-Sevilla. Con la decadencia minera y el abandono de la explotación, el tren dejó de tener sentido y tan solo quedó de él trozos de historia. El paisaje y entorno minero puede parecer tedioso e incluso agresivo. Sin embargo, en El Cerro del Hierro dejó trazos de un lienzo digno de contemplar y una vía que de color cobrizo pasó a ser verde. Se vio como en tantas otras veces, una posibilidad más. La naturaleza dio cobijo a otro nuevo tesoro. Diecinueve kilómetros que discurren entre esta pedanía de San Nicolás del Puerto y la estación de Cazalla-Constantina. Diecinueve kilómetros que ha recorrido Choro, del Grupo de Aventureros de Alanís en más de una ocasión, aunque en diferentes etapas. Para él, la estación óptima para visitarla es primavera. En el otoño también tiene su encanto, aunque en verano resulta agobiante. Por ello elige la primavera, que es cuando el campo está bonito y cuando pueden verse variedad de animales, como aves o reptiles. La vegetación también es rica en detalles en este trazado. Según Choro, se da la circunstancia de que este año, debido a las abundantes lluvias, se pueden ver distintas especies de setas, por lo que resulta un atractivo para los aficionados a la micología. Asegura, asimismo, que resulta un trazado sin dificultad, ya que es llano en su práctica totalidad y puede realizarlo cualquier persona. Aunque él es senderista, asegura que dicha vía es frecuentada también por una gran número de ciclistas e incluso por gente que lo hace patinando. En bicicleta lo hace el Club Ciclista Munigua, de Villanueva del Río y Minas. Según explican desde el club, una de las características principales de esta Vía Verde es que atraviesa la zona más singular del Parque Natural de la Sierra Norte, tanto la belleza de la Ribera del Huéznar (incluido su nacimiento) que discurre pararela al trazado, como la majestuosidad del macizo kárstico del Cerro del Hierro. «Ese es el principal motivo por el que desde nuestro club organizamos varias rutas senderistas y ciclistas por la Vía Verde Sierra Norte, incluida una ruta libre nocturna en época estival bajo la luz de la luna llena».

En los años setenta del siglo XX, otro trazado ferroviario dijo adiós. Era el que unía la ciudad de Córdoba y Marchena. La intervención autonómica enmarcada en ese Plan de Caminos Naturales volvió a darle vida. Era el retiro soñado. Ochenta y siete kilómetros siendo arteria y llenando los pulmones de oxígeno a tantos ciclistas, senderistas y caballistas que por ella discurren. Es la Vía Verde de La Campiña. Como otras tantas, los raíles se retiraron y despejada de gravilla lo que queda es una mezcla de asfalto y zahorra compacta en medio de campos de cereal embriagados por la Ribera del Guadalquivir. A diferencia de la vía verde de la sierra, en este trazado tan solo se encuentran tres estaciones, aunque ello contrasta con las 15 áreas de descanso de su trazado. Como atractivo, sus diez puentes viaductos, además de la capacidad de evocación de recuerdos. De ello sabe, y mucho, Ernesto. Según cuenta, emigró hace mucho a tierras levantinas, pero cada vez que puede vuelve a su población de origen, Fuentes de Andalucía. Ernesto conoció el trazado ferroviario siendo niño. Tal vez por eso «sea tan especial» volver a pasar por donde antes circulaban sus recuerdos. Aunque reconoce que no es la mejor época del año, es en verano, cuando puede volver a su pueblo, cuando realiza su tradicional paseo. Aunque alguna vez la llegó a hacer desde Córdoba (lleva años montando en bicicleta), reconoce que últimamente la hace desde Écija, unos 21 kilómetros que, según asegura, le devuelven la vida. «Acostumbrado al trasiego de la ciudad, venir aquí y respirar esta paz y este contacto con la naturaleza es algo inexplicable», sentencia


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