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En busca del equilibrio en un mar de cambios

Casi 125.000 adolescentes viven en la provincia de Sevilla. Se trata de una etapa de transformaciones en la que es clave conjugar el afecto y la comunicación con el establecimiento de normas y límites

22 ene 2018 / 17:20 h - Actualizado: 22 ene 2018 / 23:10 h.
  • Los padres deben vigilar el uso que los adolescentes hacen de sus dispositivos digitales hasta los 14 años para evitar riesgos. / Manuel Gómez
    Los padres deben vigilar el uso que los adolescentes hacen de sus dispositivos digitales hasta los 14 años para evitar riesgos. / Manuel Gómez
  • El entendimiento y la comunicación con los padres es clave en el desarrollo. / Creative Commons
    El entendimiento y la comunicación con los padres es clave en el desarrollo. / Creative Commons
  • La psicóloga Pilar Mellado, miembro del Colegio de Psicólogos de Andalucía Occidental. / El Correo
    La psicóloga Pilar Mellado, miembro del Colegio de Psicólogos de Andalucía Occidental. / El Correo
  • En busca del equilibrio en un mar de cambios

Es la adolescencia una fase de la vida plagada de transformaciones y cambios a todos los niveles (biológico, sexual, psicológico, afectivo, social...), una etapa ubicada entre la niñez y la juventud que arranca con la pubertad pero cuya delimitación de edades nunca ha estado muy clara. No obstante, se puede hablar de adolescencia propiamente dicha en un periodo vital entre los 12 y los 17 años, ambos inclusive. Y de acuerdo con esos límites en la provincia de Sevilla residirían casi 125.000 adolescentes según datos del año 2016 correspondientes al Estado de la infancia y la adolescencia en Andalucía que publica la Consejería de Igualdad y Políticas Sociales.

La cifra exacta sería de 124.478 personas (63.909 chicos y 60.569 chicas), lo que representa un 6,4 por ciento de la población total. Para el conjunto de la comunidad andaluza, hablaríamos de 531.571 adolescentes.

«Para la OMS es un periodo de crecimiento y desarrollo humano que comprende entre los 10 y los 19 años, pero a mi modo de ver entre los 10 y 12 años estaríamos hablando de pre-adolescencia y de los 17 hasta los 21 de adolescencia tardía, por lo que la adolescencia en sí comprendería desde los 12 a los 17 años», matiza Pilar Mellado, responsable del Grupo de Psicología Clínica Infantojuvenil de Sevilla y experta con más de 15 años tratando con adolescentes.

Esta psicóloga considera que en esta fase de tantos cambios «a veces adaptarse a éstos no les resulta fácil, por lo que nos encontramos con altibajos emocionales o dificultad para aceptar los cambios físicos. Cobran mucha importancia sus amigos y se va consolidando su forma de relacionarse con el mundo y con ellos mismos». Cambios y más cambios que también exigen un esfuerzo por parte de sus padres o tutores, que «también deben adaptarse al cambio», si bien que surjan conflictos y encontronazos «depende mucho de la educación que se les haya dado en la infancia y la relación paterno-filial previamente establecida».

Mellado entiende que «a veces relacionamos adolescencia con conflicto, pero no es necesariamente así».

«Es un periodo de la vida en el que comienzan a entrenarse para ser adultos, a hacer cosas como adultos, pero aún no lo son, les falta madurez y a veces tenderán a cometer ciertos errores. Por eso es muy importante que no pierdan sus referentes adultos, principalmente sus padres, y que durante toda la infancia hayan tenido una educación basada en el afecto y la comunicación junto con un alto nivel de control y normas, para que crezcan como adolescentes emocionalmente sanos», señala esta experta, que realiza el siguiente esbozo del adolescente del siglo XXI: «En la actualidad la población adolescente sigue viviendo con los padres hasta la adultez, son grandes consumidores de ocio y nuevas tecnologías y en ocasiones despreocupados por el futuro, centrados en el aquí y ahora y con menos responsabilidades de las que realmente podrían tener». Alude la psicóloga a la actitud excesivamente proteccionista de algunos padres con respecto a sus hijos: «En ocasiones se les sigue tratando como a niños y sin embargo su inteligencia y capacidades están más cercanas a las de los adultos. Esto propicia una dependencia que coarta su desarrollo».

CHOQUE GENERACIONAL

Esos desajustes en las relaciones entre padres y adolescentes provocan no pocos enfrentamientos y faltas de entendimiento entre dos visiones de la vida que pueden llegar a ser divergentes: «El choque generacional dependerá de la mentalidad, experiencia y estilo educativo de los padres, frente al que han vivido los hijos, y la capacidad de adaptación de ambos». Mellado pone un ejemplo al respecto: «Encontramos muchos padres que han recibido una educación más autoritaria que les pareció perjudicial y ahora son permisivos con sus hijos, lo que hace que los hijos en la adolescencia no tengan una referencia clara de lo que pueden o no pueden hacer y muy poca capacidad de frustración, en este caso surgirá un choque muy importante», opina esta psicóloga.

Y apunta a otro factor desencadenante de este choque: «Los avances científicos y tecnológicos de los últimos años hacen que haya hijos nativos digitales frente a padres analfabetos digitales en algunos casos, lo que siembra un choque generacional que sólo se salva con la adaptación, el aprendizaje y el entendimiento».

La familia, qué duda cabe, sigue siendo básica en la conformación de la personalidad del adolescente: «La influencia de la familia es enorme, influye en la autoestima, en la configuración de la personalidad, condiciona el comportamiento y la forma de relacionarse con el mundo», explica antes de focalizar sobre dos elementos determinantes: «Que se propicie el afecto y la comunicación, lo que llamamos inteligencia emocional, junto con un alto nivel de normas y límites-control».

Eso sí, por mucho que varíe la realidad, el papel que ejercen las amistades sigue siendo preponderante, ya que los adolescentes se dejan llevar mucho por sus semejantes: «Eso es una característica que marca la adolescencia: su grupo de pares o iguales marca muchísimo y se influyen entre ellos en su forma de vestir, de comportarse, de consumir... tanto en la adquisición de buenos como de malos hábitos, son modelos de comportamiento los unos para los otros», explica esta experta que en la actualidad tiene su propio Centro de Psicología en Sevilla (se puede visitar en www.pilarmellado.com).

La amistad en este momento «cobra vital importancia, ya que el adolescente busca la comprensión de sus iguales, con quienes pueda compartir las experiencias vividas», sostiene Mellado, que añade: «En el proceso de búsqueda de identidad, los amigos se dan entre sí el apoyo emocional que necesitan y es también en estos momentos cuando empiezan a surgir las primeras relaciones amorosas», recalca.

AMISTADES VIRTUALES

La irrupción de las redes sociales y otras maneras de relacionarse que han surgido en los últimos años han cambiado el panorama, aunque no tanto: «Básicamente lo que ha cambiado es que además se relacionan también de manera virtual. En positivo se abre un gran campo de posibilidades, ya que pueden relacionarse con más personas, rápido, y desde cualquier lugar con facilidad, pero a la vez tenemos un arma de doble filo, ya que si el adolescente se queda sólo con esta vía tenderá a aislarse y a tener amistades virtuales, no reales».

NUEVAS TECNOLOGÍAS

Los adolescentes viven rodeados y en permanente contacto con las nuevas tecnologías, y deben saber convivir con ellas desde un uso sano y responsable y huyendo del mal uso y del abuso: «Hay que educarlos en un buen uso, ya que las nuevas tecnologías tienen muchas ventajas. Nos ayudan a comunicarnos, informarnos y formarnos», afirma Mellado, que sin embargo matiza: «El acceso a móviles y nuevas tecnologías debe restringirse y controlarse hasta más allá de los 14 años, es imprescindible el control parental. Cuando veamos que controlan las nuevas tecnologías y son capaces de prescindir de ellas sin conflicto podemos decir que están haciendo un uso sano de las mismas».

Los riesgos principales a los que se enfrentan los adolescentes en cuanto a estos dispositivos son «la gran dependencia que provocan las nuevas tecnologías, el aislamiento que genera esta dependencia y les lleva a dejar actividades importantes de ocio, amistad y relaciones reales frente a una vida virtual falsa». Y eso sin olvidar que «la adicción en sí es una nueva forma de esclavitud que hace que baje el rendimiento académico y que se produzcan relaciones conflictivas con los padres de forma continuada, e incluso que ejerzan violencia contra sus padres si no pueden acceder a sus móviles o videojuegos, casos que hace ya unos años me están llegando a la consulta de Psicología y que están comenzando a salir ya en los medios de comunicación».

Otros peligros son los que surgen al relacionarse con extraños, entre ellos «el ciberbullying (recibir amenazas y humillaciones por parte de otros adolescentes a través de internet), el sexting (envío de mensajes con contenido erótico y/o sexual) y el grooming (adultos que engañan a un menor a través de internet, generando falsos lazos de amistad para obtener una satisfacción sexual)».


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